Se cumplen quinientos años de la muerte en Roma de Rafael Sanzio. Nació en Urbino, en abril de 1483. En su breve vida, sólo treinta siete años, el maestro del alto Renacimiento italiano tuvo tiempo de dejar una prolífica obra que es imprescindible para entender, no sólo las claves del clasicismo, sino las de muchos pintores posteriores.

Sus restos descansan por deseo propio en el Panteón de Agripa de Roma bajo un epitafio que resume el alcance de su obra:

“Esta es la tumba de Rafael, en cuya vida la Madre Naturaleza temió ser vencida por él y a cuya muerte ella también murió”.

Si quieres conocer de la mano de los mejores guías de Roma, no sólo la maravilla del Panteón de Agripa, sino otros rincones imprescindibles, contados desde otro punto de vista, reserva esta visita guiada, nos lo agradecerás.

Unas líneas sobre la vida de Rafael de Sanzio

Aclamado en vida como arquitecto, diseñador y pintor, creció como artista en Florencia, Roma, Urbino y Perugia (a las órdenes de «Il Perugino», cuya influencia en su obra fue notable).

Trabajó bajo el mecenazgo de los más influyentes de su tiempo como la corte de los Montefeltro de Urbino, para quienes trabajara su padre, como pintor y poeta, y fue bajo el apoyo de los papas Julio II y León X cuando gozó de reconocimiento y lujos, ya en su época romana.

Contemporáneo de Leonardo da Vinci y Miguel Ángel compuso con ellos una especie de triunvirato artístico nunca más repetido en la Historia del Arte. Fue también contemporáneo de una pléyade de genios italianos como Bramante, Antonio da Sangallo el Joven, Bellini, Giorgione, Tiziano o Tintoretto. Nombres que son sólo la parte más visible de una época irrepetible.

La obra de Rafael Sanzio en el mundo

Para recorrer la estela de Rafael de Sanzio hace falta un largo viaje. Sus obras se encuentran repartidas por diversos museos del mundo. Claro que es en Italia donde se conserva la parte más densa de su obra.

En Roma la cita con Rafael está en El Vaticano, en la Galería Borghese, en la Galería de Arte Antiguo, en la Galería Doria Pamphili, o en la Villa Farnesina en el Trastevere romano. En Florencia hay obras en Galería Ufizzi y en el Palacio Pitti. También lo encontramos en el Palacio Ducal de Urbino, en el Museo de Capodimonte de Nápoles o en la Pinacoteca de Brera en Milán, entre otros lugares del país.

Fuera de Italia hay obras en el Louvre parisino o en el Museo Condé de la ciudad francesa de Chantilly. En la National Gallery, de Londres. En el Hermitage de San Petersburgo. En la Alte Pinakothek de Múnich, y en la Gemäldegalerie Alte Meister de Dresde. En la Galería Nacional de Arte de Washington y en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York. Y ya en Madrid en el Thyssen-Bornemizza y en el Museo Nacional Del Prado.

Para disfrutar de la capital de España desde un hotel céntrico y muy cercano a la estación del Ave de Atocha recomendamos el estupendo Hotel Paseo del Arte. Situado a dos pasos del Metro y en el comienzo del conocido como «Paseo del Arte».

Hoy nos acercamos a Rafael Sanzio en una visita al museo de los museos de España: El Museo del Prado. Aunque en los fondos del Museo hay ocho obras de Rafael, sólo hay cinco expuestas. Todas ellas están en la Sala 049.

Una buena manera de disfrutar de lo mejor de este magnífico museo, es dejarte llevar por expertos, con esta más que recomendable visita guiada.

Obras de Rafael de Sanzio en el Museo Del Prado

Sagrada Familia del Cordero

Esta Sagrada Familia la pintó Rafael en 1507 y es un óleo sobre una tabla de 28 x 21,5 cm.

Durante los cuatro años que Rafael vivió en Florencia, asimiló las influencias de Miguel Ángel y Leonardo. De aquella época es esta tabla que forma parte de una serie de madonnas que representan distintas miradas sobre el tema del amor maternal. Concretamente esta Sagrada Familia bebe de un dibujo preparatorio que hizo Leonardo da Vinci. Estaba destinado para el altar mayor de la Annunciata de Florencia pero no llegó a realizarse.

Las claves de esta obra son la conversación de los personajes, que consigue Rafael con la disposición de los cuerpos y la dirección de las miradas. La sutil sugerencia de un descanso en la huida a Egipto la explica con una escena secundaria en la que se ven unos personajes caminando por un sendero.

La presencia de elementos arquitectónicos no italianos, que aparecen en el paisaje, debió tomarlos de grabados nórdicos. En cuanto a los elementos de botánica, que ocupan el primer plano, tienen una clara influencia de Hans Memling. Rafael conoció la obra de este pintor alemán, miembro de la escuela flamenca, en la Galería de los Ufizzi de Florencia.

El pintor Carlo Maratta compró esta obra para el rey Felipe V en 1724. Estuvo expuesta en el Monasterio del Escorial y de allí pasó al Museo del Prado en 1837.

El Cardenal

Este extraordinario retrato lo realizó Sanzio hacia 1510. Es un óleo sobre tabla de 79 x 61 cm. El protagonista del retrato no ha sido identificado, aunque todo apunta a que sea Francesco Alidosi, cardenal de Pavía asesinado por el duque de Urbino en 1511.

Rafael nos presenta a un cardenal retratado sin adornos. Nos acerca a la psicología del personaje plasmando el porte y la mirada del retratado. Sanzio consiguió con este retrato fijar para la posteridad la imagen de un cardenal del Renacimiento.

Si la potencia de los rasgos del cardenal se quedan en la retina del espectador, las calidades la seda roja de la ropa, de clara influencia de la pintura veneciana, tampoco son fáciles de olvidar.

Su composición triangular entronca claramente este retrato con Leonardo da Vinci y en particular con la famosa Gioconda. Los cuatro años que permaneció en Florencia, cerca de Miguel Ángel y Leonardo, se reflejan poderosamente en la obra de Rafael, dicen que el joven de Urbino era una esponja.

Sagrada Familia con Rafael, Tobías y San Jerónimo, o Virgen del pez

Esta Sagrada Familia salió de las manos de Rafael entre 1513 y 1514 y es un óleo sobre tabla pasada a lienzo que mide 215 x 158 cm.

Mientras San Jerónimo, vestido de cardenal y acompañado a sus pies por el símbolo que lo representa, el león, lee la Biblia Vulgata -que él mismo tradujo-, María sostiene al Niño Jesús sobre el respaldo del trono en el que aparece sentada. El niño deja caer su brazo izquierdo sobre la Vulgata y dirige su mirada, como su Madre, hacia el joven Tobías.

El Arcángel acompaña a Tobías que aparece suplicando un milagro, y lleva en la mano un pez con el que sanará la ceguera de su padre.

En la Antigüedad, la ceguera era considerada un castigo divino y, como tal, era incurable salvo que mediara un milagro de Dios. Rafael de Sanzio refleja el momento de la súplica ante esta bellísima madonna y su divino Hijo, con una composición maestra llena de complejas formas triangulares, rectangulares y diagonales.

La obra que la adquirió el virrey de Nápoles para Felipe IV, pasó por la capilla del desaparecido Alcázar de Madrid. Luego por el Monasterio de El Escorial, para finalizar formando parte de las colecciones del Museo del Prado.

Caída en el camino del Calvario

Esta obra, conocida popularmente como «El Pasmo de Sicilia» porque, fue encargada para el Monasterio de Santa María del Spasimo de Palermo, está fechada entre 1515 y 1516, y es otro óleo sobre tabla pasada a lienzo, que mide 318 x 229 cm.

El cuadro tiene una compleja composición que Rafael diseñó en torno a dos diagonales. Ambas convergen en la figura de Cristo. La historiografía relaciona la composición con los cartones que realizara Sanzio para el Vaticano. Rafael tiene presente al realizar esta obra sus conocimientos de los grabados nórdicos de Durero y Lucas De Leyden.

En torno a este cuadro han circulado algunas leyendas. La más conocida nace del historiador de la época, Giorgio Vasari, que aseguraba que en el traslado a Palermo, el cuadro sufrió un naufragio del que milagrosamente se salvó. Relaciona así Vasari este milagro con el de la venerada imagen siciliana de la Annunziata de Trapani, que en la Edad Media se salvó milagrosamente de otro naufragio.

La expresión de la Virgen de «El Pasmo», de entereza y valor ante el sufrimiento de su Hijo, es una expresión buscada por el artista para reflejar la posición oficial de la Iglesia. Era un mensaje sobre la resignación cristiana y la generosidad de la Madre, que entregando a su Hijo se convierte en una madre universal.

Este cuadro lo consiguió el virrey de Sicilia para Felipe IV. Formó parte del altar mayor de la capilla del Alcázar para pasar después a la colección del Prado.

Sagrada Familia, conocida como la Perla

El sobrenombre de La Perla, según la tradición oral, le viene a este óleo sobre tabla de 147,4 x 116 cm., realizado en 1518, de la exclamación de Felipe IV al verla por primera vez. Ante el magnífico regalo de don Luis de Haro comentó: ¡He aquí la perla de mis cuadros!

La Perla estuvo en El Escorial hasta que las tropas francesas se la llevaran a París en 1813. Fue devuelta en 1818 al Monasterio y en 1857 pasó a la colección del Museo del Prado.

La escena, de composición piramidal, bebe de influencias leonardescas. Representa a María que abraza a su madre Santa Ana, que aparece muy meditativa. Mientras San Juan y Jesús, dos preciosos niños, interactúan entre miradas y ofrendas de frutas. La escena enmarcada en un fondo de paisaje, es observada por San José desde una ventana que aparece a la derecha del grupo.

La Perla esta considerada como obra de madurez. Faltaban sólo dos años para el fallecimiento del artista. La muerte le aguardaba a pocos meses del calendario. Agotado por el volumen de trabajo, cuenta Vasari que falleció por sus excesos amorosos con su amante La Fornarina. Aunque le demos credibilidad al comentario de Vasari, hubo también al parecer, algunos fallos médicos.

La obra fue analizada con reflectografía, descubriendo entonces que hubo cambios importantes sobre el dibujo previo, posiblemente destinados a restarle serenidad, para aportarle más tensión a la composición.

Esta es una obra en la que participan el maestro y su taller. A los expertos les cuesta mucho discernir hasta dónde llega la mano del maestro y dónde está el trabajo del taller.

Sagrada Familia del roble

Fechada entre 1518 y 1520, esta tabla de 144 x 110 cm., trabajada en óleo, se la regaló Niccolò Ludovissi a Felipe IV en 1640. Estuvo en el Monasterio de El Escorial en 1667, hasta que pasó a formar parte de la colección del Museo del Prado.

En una composición diagonal, la Sagrada Familia aparece protegida por un roble. El árbol, que le da nombre al cuadro, separa la escena principal del paisaje del fondo y de las ruinas de las Termas de Caracalla que se ven a la izquierda.

Mientras San José y la Virgen, apoyados en una ruina clásica, miran con ternura al niño, éste les devuelve una mirada juguetona y feliz. Junto al niño, San Juanito extiende un rollo con la inscripción Ecce Agnus Dei: «Este es el cordero de Dios». Esta frase hace referencia a la Pasión de Cristo quien se entregará en sacrificio, como la tradición judía hacía con los corderos, para salvar a los hombres del pecado.

Se sabe que la obra fue diseñada por Rafael, que probablemente también realizó un primer boceto, pero fue retocada por Giulio Romano, pintor que la terminó.

«La información sobre estas obras ha sido tomada de la web del Museo Nacional del Prado»

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