Qué ver en Nápoles, dueña de uno de los patrimonios más extensos y ricos de la bellísima bota. Lo esencial se asoma a estas líneas, pero para descubrir su alma tendrás que mirar a los ojos de esta ciudad única, de la que Sthendal, escritor francés del que ya hablamos en nuestro recorrido por Florencia, dijo:

no olvidare jamás ni Via Toledo ni todos los barrios de Nápoles, a mis ojos, es sin comparación, la ciudad más bella de mundo.

Parafraseando a Italo Calvino en su magnífico libro “Las Ciudades invisibles”:

Una descripción de Nápoles, (Calvino habla de Zaira), tal como es hoy debería contener todo el pasado de Nápoles. Pero la ciudad no cuenta su pasado, lo contiene como las líneas de una mano, escrito en las esquinas de las calles, en las rejas de las ventanas, en los pasamanos, en las escaleras, en las antenas de los pararrayos, en las astas de las banderas, cada segmento surcado a su vez por arañazos, muescas, incisiones, comas.

Muchos viajeros pasan como mucho un día entre sus calles, camino de Pompeya, Capri o la Costa Amalfitana, o la ciudad arqueológica de Cumas. Se debe en parte a la mala fama que sobrevuela Nápoles de ciudad sucia y peligrosa. Pero no es tan peligrosa como cuentan, sólo hay que llevar los ojos abiertos, como en cualquier lugar del mundo, y aunque su aspecto tiene el sello de la decadencia, ese es precisamente uno de sus atractivos, que son muchos. Te aseguramos que si te dejas llevar, Nápoles te atrapará para siempre.

Sólo visitar estos dos museos: EL Museo Arqueológico Nacional, el más importante de Europa en su género, con un importante contenido de la ciudad de Pompeya.

Y el Palacio de Capodimonte, convertido en un museo donde se exhibe la mayor colección artística de Nápoles y una de las más importantes de Italia, con obras maestras de Tiziano y Caravaggio, entre otros, además de una colección única de porcelana y mayólica de diferentes residencias reales. Merecerá la pena el viaje. Pero una vez allí te aconsejamos que te dejes llevar por esta ciudad infinita.

Y es que si Roma es un museo al aire libre, como también lo es Florencia. Si Venecia es la más bella sirena de Europa, Nápoles es un teatro bajo el azul del cielo; Nápoles es el color decadente de sus fachadas, es la alegría de vivir, es un caos maravilloso acariciado por el mar y vigilado por el Vesubio; es música, historia, arte, gastronomía. La más apasionante y vital ciudad de Italia.

Via Duomo de Nápoles, una arteria vital de la ciudad desde tiempos romanos.

A la Via Duomo la cruzan tres calles, trazadas también desde la época romana: Via Tribulani, Via dell’Anticaglia, y la famosa Spaccanapoli, traducida literalmente significa “partenápoles”. En ellas se encuentran un buen número de los tesoros de Nápoles.

El nombre de la vía Duomo le viene por el edificio religioso más importante de la ciudad: La Catedral de Nápoles; el Duomo di Santa Maria Assunta.

Fachada de la Catedral de Nápoles
Fachada de la Catedral de Nápoles Fuente

Construida sobre el solar de un templo griego al Dios Apolo, la primera catedral la construyó Constantino en el siglo IV, y la reconstrucción tal cual la conocemos hoy, la hicieron los Anjou entre lo siglos XIII y XIV. Su arquitectura es una suma de varios estilos sobre el Gótico primero, entre los que destaca el Barroco. Su fachada se remodeló en estilo Neo-gótico conservando las puertas procedentes del siglo XVI. En esta catedral se encuentra El baptisterio más antiguo de occidente.

Es memorable la capilla del tesoro de estilo barroco, que posee la estatua de plata del busto de san Gennaro y otras cincuenta y una estatuas de plata. Allí está también la reliquia napolitana más famosa, las cápsulas que contienen la sangre de San Gennaro, patrono de la ciudad, que se procesionan después del milagro que la licúa cada 19 de septiembre.

A sólo cinco minutos del Duomo, en la cercana Vía Vergini se encuentra El Palazzo dello Spagnolo. Una joya barroca del siglo XVIII concebida como un lugar de encuentro social. La imponente escalera principal de doble rampa que constituye la fachada interior del edificio, es un sello de la arquitectura barroca civil napolitana.

Palazzo dello Spagnuolo  Napoles
Escalera monumental del Palazzo dello Spagnuolo. Nápoles Fuente

Qué ver en Nápoles en la Via Tribunali, una de las calles que cruzan la Vía Duomo

Desde la Via Duomo se llega a la Via Tribunali, que en sólo ochocientos metros tiene más de veinte iglesias. Joyas que tras fachadas deterioradas guardan auténticas bellezas. Imprescindible es:

La Capilla de San Severo. Un joyero de esculturas lleno de símbolos masónicos donde destaca una obra maestra: El Cristo Velado de Giuseppe Sanmartino.

En esta misma calle se puede acceder a la visita de Napoli Sotterranea, parada obligatoria en la que se viaja del Napoles romano, que utilizaba estos pasadizos para almacenar agua y alimentos, hasta el Nápoles de la II Guerra Mundial que utilizó de refugio antiaéreo las catacumbas que hay por todo el centro de la ciudad.

En esta calle está también la que puede que sea la mejor pizzería del mundo, Di Matteo, una trattoria con “sapori di Napoli” en la que disfrutó de sus pizzas un yanqui muy famoso: Bill Clinton.

Qué ver en la famosa Spaccanapoli.

Spaccanapoli, cuya traducción es “partenapoles”, divide literalmente la ciudad vieja en dos. Desde Vía Tribunali se accede a Spaccanapoli por la Strata dil Pesebre. Calle donde se encuentran los famosos talleres de artesanos de belenes. Al final de la cual se llega a la Via San Biagio dei Librai, popularmente conocida como Spaccanapoli.

A lo largo de su trazado hay diecisiete Palacios y catorce Iglesias. Recorriendo la Spaccanapoli además de multitud de tiendas y puestos de lo más variado te encontrarás:

La iglesia del Gesù Nuovo. Una bellísima suma de Renacimiento y Barroco de la que llama la atención el almohadillado de su fachada del siglo XV.

El conjunto monástico de Santa Clara: Cuatro claustros monumentales, restos arqueológicos, un museo en el que entre otras muchas obras se pueden ver frescos de Giotto, y una basílica gótica construida en el siglo XIV sobre un complejo de baños romanos. Una joya imprescindible. En su iglesia se encuentran las tumbas de la dinastía Borbón.

Claustro de Santa Clara
Claustro de Santa Clara Fernando García

La iglesia de Los Santos Filippo e Giacomo. En ella hay un más que interesante museo sobre la seda.

La basílica de Santo Domingo Mayor. Construida, inicialmente en estilo gótico, era la iglesia de la nobleza de la Corona de Aragón. En ella hay cuarenta y cinco sepulcros de la nobleza aragonesa. En la plaza que lleva su nombre encontrarás muchas cafeterías donde disfrutar del excelente café napolitano acompañado de un babà o una sfogliatela.

Via Toledo, la entrada al Quartieri Spagnoli

Desde la plaza de Gessú Nuovo por Via Maddaloni nos encontramos con Via Toledo. El eje comercial de la ciudad. Llena de tiendas antiguas que resisten el paso del tiempo. En uno de sus extremos se encuentra la bellísima Galería Umberto I. Y en el otro extremo se abre a la Piazza del Plebiscito, en cuyos márgenes se encuentran el Teatro de San Carlo. El teatro de ópera más importante de Nápoles y uno de los más famosos del planeta. Inaugurado en 1737 por iniciativa de Carlos III.

Por cierto el Quartieri Spagnoli, cuya fama de inseguro se la ha ganado a pulso, ha dado pasos suficientes para sacudirse esa mala fama y abrirse a la vista de los viajeros. En las horas centrales del día se puede transitar con tranquilidad. Hay demasiado Nápoles allí para perdérselo.

Quartieri Spagnoli Nápoles
Entrada al Quartieri Spagnoli Nápoles Fuente

Piazza Bellini, un lugar napolitano moderno y alternativo

La Plaza de Dante, inicio de la Vía Toledo y una de las más importantes de Nápoles, lleva a la Vía Por´t Alba, plena de tiendas de libros y de instrumentos musicales. A través de esta vía se llega a la Piazza Bellini en cuyo centro se exhiben parte de las ruinas de los muros occidentales de la antigua ciudad griega de Nápoles.

Hoy se ha convertido, en uno de los puntos más modernos y alternativos de la ciudad. El Café Literario de la Piazza Bellini, es un buen lugar para disfrutar del ritual italiano del aperitivo. Es una plaza recoleta y especial donde se dan cita literatos y artistas.

Castillos de Nápoles

De sus castillos monumentales y llenos de historia recomendamos al menos estos tres:

El Castel dell’Ovo. Dice una leyenda que Virgilio, poeta romano, escondió un huevo en el interior del castillo que es el soporte de la edificación; si llega a romperse, ocasionaría grandes catástrofes. El famoso huevo debe estar a buen recaudo porque esta lujosa villa fortificada, que fue construida por los romanos y reconstruida por los normandos, ha sido residencia de los reyes de Nápoles, cárcel, y ha guardado el tesoro del reino y sigue en pie.

Nápoles Castillo dell
Nápoles Castillo dell’Ovo Fuente

El Castel Nuovo. Construido por Carlos de Anjou, cuando ascendió al trono de los reinos de Nápoles y Sicilia en 1266. Le debe el imponente arco de triunfo de mármol de la entrada a la conmemoración de la entrada de Alfonso V de Aragón en Nápoles en 1443. Su salón central es la monumental Sala dei Baroni (Sala de los Barones), que hoy es sede las reuniones del Consejo Municipal y el Museo Cívico.

Castel Sant Elmo. Es una fortificación medieval situada en una colina, en la parte más alta de Nápoles, y es su castillo más grande. Desde él las vistas de la ciudad y la bahía napolitana so extraordinarias. Para llegar hasta Sant Elmo, puedes caminar desde el quartieri spagnolo o utilizar el funicular que sale de la Piazza de Montesanto.

Hay mucho, mucho más, Nápoles es infinita y como la ciudad eterna no se puede aprehender en un día.

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