Florencia es una ciudad artística y por lo tanto también una ciudad de museos. En la cuna del Renacimiento, como no podía ser de otra manera, la mayoría de los museos de Florencia se centran en aquella época: los Uffizi, la Academia, el Bargello o l’Opera del Duomo albergan las mejores que obras que se pueden ver de esta etapa artística. Otros, como el Palazzo Pitti, se extienden más en el tiempo.

Pero también está el Museo Arqueológico, que es una verdadera sorpresa, y el Museo Galileo. Y, como en Roma, también están las iglesias, que en muchos casos albergan colecciones de arte que para sí quisieran muchos museos del mundo.

10. El Palazzo Vecchio, donde se ha escrito la historia de Florencia.

Interior del Palazzo Vecchio
Interior del Palazzo Vecchio. Foto.

El Palazzo Vecchio domina desde el siglo XIV la más conocida plaza de Florencia, la Piazza della Signoria, y además del Ayuntamiento alberga un museo llamado dei Ragazzi. Allí se exponen obras de Bronzino, Miguel Ángel y Vasari, entre otros.

Su fachada principal contiene uno de los emblemas de la ciudad, la Torre de Arnolfo, y en su interior sobresale el Salón de los Quinientos, con muros decorados con frescos de Vasari. No es poca cosa, si bien en su día trabajaron en ellos tanto Leonardo da Vinci, cuya Batalla de Anghiari se terminó perdiendo, y Miguel Ángel, que no llegó a terminar la Batalla de Cascina.

Pero además de los grandes salones hay rincones pequeños donde cuelgan varias sorpresas. Una de ellas es el más célebre retrato del gran Nicolás Maquiavelo, con su sonrisa indiscifrable. Otra es la Sala de los mapas Geográficos, realizada por Vasari: un verdadero atlas del mundo entonces conocido.

El propio edificio es un museo de la historia de Florencia. Llamado en origen Palazzo dei Priori o Palazzo Novo, fue luego Palazzo della Signoria, pues éste era el organismo principal de la República florentina en el siglo XV. Cuando, en 1540, Cosme I de Médici empezó a utilizarlo como residencia se convirtió en Palazzo Ducale. Y cuando, en 1565, el mismo Cosme I se mudó al Palazzo Pitti pasó a ser Palazzo Vecchio, el palacio viejo. Hasta hoy.

9. El Museo de Historia de la Ciencia, un templo dedicado a Galileo

Museo Galileo

También llamado Museo Galileo, conserva verdaderas joyas, como los telescopios con los que el genio pisano divisó por primera vez las lunas de Júpiter.

Es un museo pequeño, pero lleno de maravillas. Los experimentos que llevó a cabo Galileo han sido reconstruidos de forma interactiva y los propios visitantes pueden realizarlos.

La misma preocupación por el espacio que hizo a los artistas florentinos maestros de la perspectiva los convirtió también en excelentes navegantes y cartógrafos. Puede ponerse como ejemplo el célebre Américo Vespucci, nacido en la pequeña aldea de Montefioralle. Muchos de esos preciosos mapas se conservan aquí, y entre ellos destaca el del portigués Lopo Homem.

8. El Museo dell’Opera del Duomo, el complemento perfecto a la Cúpula y el Baptisterio.

Museo dell
Museo dell’Opera del Duomo. Foto.

Desde hace algunos años sólo hay una forma de visitar el Duomo florentino: pagar 18€. La entrada, eso sí, incluye la visita a la catedral, las subidas a la cúpula y al campanile, la entrada al baptisterio y la visita al Museo dell’Opera del Duomo.

Son muchos los que, agotados por todas las visitas anteriores, que incluyen esas dos subidas a las alturas florentinas, deciden no visitar el museo. Y aunque no hay duda de que en Florencia los hay mejores y más completos, su visita es muy recomendable y actúa como complemento perfecto a todo lo anterior.

Porque aquí están las esculturas originales que durante siglos decoraron la catedral, y desde hace tiempo fueron, como pasa con el David, sustituidas por réplicas. Porque aquí está la Piedad Bandini de Miguel Ángel, esculpida para decorar la que iba a ser su tumba en Roma. Y la María Magdalena de Donatello. Porque aquí se conservan también las puertas originales del impresionante baptisterio, obra de Lorenzo Guiberti y de Brunneleschi. Y aquí están también algunas de las herramientas, radicalmente innovadores para su época, que utilizó Brunneleschi para la construcción de la cúpula.

Si alguien duda del interés de estos elementos no tiene más que leer el libro de Ross King La Cúpula de Brunneleschi, y se dará cuenta de hasta qué punto este genial arquitecto e inventor revolucionó las posibilidades del arte y la ingeniería de su época.

7. La Capilla Brancacci, la Capilla Sixtina del primer Renacimiento.

Capilla Brancacci
Capilla Brancacci. Foto.

En el interior de la iglesia de Santa María del Carmine, en el barrio de Oltrarno, se encuentra la que ha sido calificada como la Capilla Sixtina del primer Renacimiento.

Se trata de una capilla concebida como un todo y en el que todas las escenas se compusieron tomando como referencia el punto de vista de un espectador situado en el centro. Los frescos no deben verse por tanto (aunque pueden verse, y bien que se disfrutan) uno a uno, acercándose a ellos, como en cualquier iglesia, sino desde el centro, como un gigantesco políptico desplegado ante nosotros.

La capilla la encargó la familia Brancacci, que terminó desterrada por los Médici, y la llevó a cabo en su mayor parte uno de los pintores más innovadores de la historia, Masaccio, que de no haber muerto con sólo 27 años quizá estaría hoy en la lista de los más grandes.

6. El Convento de San Marco y los exquisitos frescos de Fra Angelico.

Fresco en San Marcos
Fresco en San Marcos. Foto.

No es un museo, pero estas rígidas categorías, a veces, no sirven de mucho. Porque en el convento de San Marco, renovado monumentalmente en 1437 por Michelozzo bajo encargo de Cosimo il Vecchio, alberga una impresionante serie de frescos que para sí quisieran los mejores museos del mundo.

Son casi todos del mismo autor, el fraile dominico Fra Angelico, que acometió el proyecto decorativo monástico más ambicioso de la historia. No hay habitación sin su correspondiente fresco, no hay pasillo ni cámara sin decorar. Y todas están bañadas de la misma serenidad, de la misma fantástica luz que muchos han calificado de metafísica, de una piedad que sólo podía surgir de la intensa devoción del propio autor, dominico él también como los frailes a los que iban destinadas sus obras.

San Marco alberga lo mejor de uno de los mejores pintores del quattrocento. Y todas las obras se encuentran en sus lugares originales. Además, el propio convento, obra de Michelozzo, es también una maravilla de la arquitectura, un edificio tremendamente moderno gobernado por la funcionalidad.

5. El Palazzo Pitti, el último capricho de los Médici.

Palazzo Pitti
Palazzo Pitti. Foto

El Palazzo Pitti es el que convirtió en vecchio al Palazzo Vecchio. Se construyó a mediados del cinquecento para el banquero florentino Luca Pitti, aunque sus descendientes lo terminaron vendiendo a la dinastía más famosa de la ciudad, los Médici.

Lo adquirió en realidad Leonor Álvarez de Toledo, la esposa de Cosme I, que venía de un mundo de lujo en Nápoles que no podía compararse al que se encontró en el Palazzo Vecchio.

Con la compra vinieron también las reformas y entre ellas estuvo el Corredor de Vasari, una red de pasadizos que lo conectan con la vieja residencia del Palazzo Vecchio, pasando por el Ponte Vecchio y los Uffizi. Y se construyeron también los preciosos Jardines de Bóboli. Y se llenó de una colección de arte que no cabía ya en los Uffizi. Con el paso de los siglos se asentaron aquí otras dinastías de gobernantes que fueron llenando los enormes salones del palacio de nuevas obras de arte.

La colección resultante es amplia y espléndida, coronada por obras de Tiziano, Rafael, Andrea del Sarto, Tintoretto, Caravaggio, Rubens, Van Dyck o Antonio Cánova.

4. El Museo Arqueológico, el más inesperado de los museos de Florencia.

Quimera de Arezzo

Demasiadas veces pasa desapercibido, quizá por ser el único gran museo florentino no centrado en el Renacimiento, y por tanto alejado de lo que muchos buscan o esperan encontrar.

Sin embargo, este Museo Arqueológico es uno de los mejores que se pueden ver en Italia. Alberga una extraordinaria colección de arte etrusco, como le corresponde por su situación geográfica. Pero además contiene una interesantísima colección de arte egipcio y una sorprendente, brillantísima de arte griego.

De hecho aquí hay que situar la gran joya del museo, la famosa crátera de figuras negras conocida como el Vaso François, datada hacia 570 a.C. y decorada con una compleja serie de narraciones mitológicas.

3. El Bargello, la mejor colección de escultura renacentista.

Patio del Bargello.
Patio del Bargello. Foto.

El Bargello es uno de los museos más bonitos que se pueden ver en Italia. Está en un edificio del siglo XIII que se construyó como ayuntamiento, y que más adelante fue residencia del jefe de policía de la ciudad (llamado bargello) y, más adelante aún, se utilizó como cárcel. En su patio hoy apacible fueron ejecutados decenas de condenados.

Con la unificación de Italia, el nuevo gobierno tomó la acertada decisión de convertirlo en uno de los primeros museos nacionales italianos. Y aquí se fue trasladando, desde 1865, una extraordinaria colección de escultura florentina. En el Bargello están los mejores escultores del Renacimiento: Miguel Ángel, Donatello, Verrocchio, Gianbologna, Cellini

Tiene una colección mucho más valiosa y más amplia que el Museo dell’Opera del Duomo, e incluso que la Galería de la Academia. Y es el complemento perfecto a la visita a las Uffizi, más centrado en la pintura.

2. La Academia, donde se puede ver el gran icono de Florencia.

Galería de la Academia
Galería de la Academia. Foto.

En 1563 nació en Florencia la primera escuela de Europa dedicada exclusivamente a enseñar las artes del dibujo, la pintura y la escultura. Su fundador fue Cosimo I de Médici y se llamó Accademia degli Arte del Disegno.

Con los años su función fue interrumpida, y no fue hasta 1784 cuando se refundó, ahora con el nombre de Accademia di Belle Arti, y acomodó numerosas obras de arte que sirvieran de inspiración y ejemplo a los nuevos estudiantes. Desde entonces y hasta hoy no ha dejado de ser un museo.

La Academia es famosa porque alberga una de las obras más icónicas del mundo. Como la Gioconda en el Louvre, aquí todo el mundo viene a ver el David de Miguel Ángel; el original, no las copias que adornan la Piazza della Signoria o el Piazzale Michelangelo.

Y, por supuesto, merece la pena. La merecería incluso si esta fuera la única obra expuesta. Pero no es así. En la Academia se pueden ver otras dos obras de Miguel Ángel: su San Mateo de 1508 y sus Cuatro prisioneros, obra que esculpió entre 1521 y 1523 para que adornaran la monumental tumba del papa Julio II.

Pero además de Miguel Ángel aquí hay una interesante representación de artistas locales, que en otro lugar podría sonar a poca cosa pero en Florencia significa Fra Bartolomeo, Filippino Lippi, Bronzino, Botticelli o Ghirlandaio.

1. La Galería de los Uffizi, uno de los mejores museos del mundo.

Galería de los Uffizi

Y por fin, la Galleria degli Uffizi, la galería de arte más antigua del mundo y sin duda el más destacado de los museos de Florencia. Hoy extiende sus dos elegantes brazos desde la vera del Palazzo Vecchio hasta el Arno, casi a las puertas del Ponte Vecchio. Pero al contrario que estos viejos edificios, los Uffizi representan lo nuevo, lo moderno.

Fueron obra también de un hombre nuevo, un Cosimo I de Médici cuyo notorio apellido no debe llevar a engaño. Cosimo provenía de una rama menor de los Médici y era básicamente un don nadie cuando llegó a Florencia a mediados del cinquecento. Pero entonces desplegó unas sobresalientes dotes de mando. Trasladó su residencia al Palazzo Vecchio, centro del poder florentino, renovó por completo la administración, se casó estratégicamente con Leonor Álvarez de Toledo (cuyo fantástico retrato, obra de Bronzino, se conserva en los Uffizi), construyó fortalezas y puertos, conquistó Siena y convenció al papa Pio V para que creara el Gran Ducado de la Toscana, que le sobrevivió en varios siglos.

Y para su nuevo gobierno, reclutado entre las capas más humildes de la población puesto que no se fiaba de las viejas familias florentinas (de la suya especialmente) creó un fantástico edificio de oficinas. Al poco tiempo todos lo llamaban los Uffizi.

Cosimo, como sus predecesores, se rodeó de un notable grupo de artistas entre los que destacaban Benvenuto Cellini y Giorgio Vasari. Y a este último le encargó la construcción de sus nuevas oficinas, construidas en buena parte a base de hierro y de cristal. La planta alta es de hecho, prácticamente, una cristalera continua.

Un edificio ultra-moderno que treinta años después de su construcción, tras la muerte de Cosimo, ya se había convertido en una galería artística para albergar la extensa colección de arte de los Médici, que para esa época ya habían comprado también, y llenado de arte, el enorme Palazzo Pitti.

Hoy la Galería degli Uffizi es un macro-museo donde se puede encontrar lo más granado del arte italiano, del duecento al Barroco. De sus muros cuelgan obras como El nacimiento de Venus o La primavera de Botticelli, la extraordinaria Anunciación de Leonardo, el Tondo Doni de Miguel Ángel, la Venus de Urbino de Tiziano y cientos de obras maestras de los más grandes artistas italianos. Es uno de los grandes templos del arte.

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