A la hora de organizar un viaje a la Provenza son muchas las posibilidades, tanto de itinerario como de alojamiento: retiros rurales, escondidos en medio del campo o en pequeños pueblos colgantes; hoteles de diseño en ciudades como Marsella, Niza o Aviñón; o bien ciudades acogedoras, históricas y bien comunicadas que, como Aix-en-Provence, pueden decir orgullosas que lo tienen prácticamente todo. A nosotros nos encanta Aix, como destino en sí mismo y como base de operaciones para conocer la belleza de esta región bendecida en tantos sentidos. Nos gusta tanto que hace poco lo incluimos en nuestras diez escapadas por Europa perfectas para el verano. Por muchas razones:

  • Aix está a poco más de media hora del aeropuerto de Marsella, y éste está a su vez excelentemente conectado con numerosas ciudades europeas y españolas (entre ellas Madrid, Palma, Bilbao y Sevilla).
  • Es una ciudad de tamaño medio, cómoda y acogedora, con un centro histórico casi completamente peatonal y un agradable clima mediterráneo.
  • Está muy bien conectada y a poca distancia de los principales destinos turísticos de la Provenza: Orange, Nimes, Avignon, el Pont du Gard, Les Baux, Gordes, la Abadía de Sénanque… a todos se pueden llegar en excursiones de un día o de medio día.
  • Tiene una vida cultural activa, excelentes museos y galerías de arte, teatros, históricos cafés, hoteles con encanto, historia en cada calle.

Qué ver en Aix-en-Provence

Los lugares de Cézanne

Paul Cézanne, uno de los padres del arte moderno, nació, creció y vivió casi toda su vida en Aix, y de su vida y su trabajo quedan muchas huellas en la ciudad: la ruta de Cézanne está marcada con placas de bronce que muestran una letra C.

Monte Sainte-Victoire
Monte Sainte-Victoire. Fuente

De las decenas de lugares visitables, hay tres que son especialmente importantes: (1) el Atelier Paul Cézanne no conserva ninguno de sus cuadros pero sí ha preservado su taller tal y como estaba en el momento de la muerte del pintor, con sus herramientas y sus modelos para naturalezas muertas; (2) la casa familiar de Cézanne, la Jas de Bouffan, ha sido recientemente restaurada para mostrarla tal como era en su tiempo; (3) las Carrières de Bibémus son unas canteras situadas a las afueras de la ciudad: allí pintó Cézanne algunos de sus mejores cuadros y muchos lo señalan como el lugar en el que nació el cubismo.

Los grandes monumentos y los pequeños detalles

Hace tiempo hicimos nuestra lista con las diez mejores iglesias del románico francés. Decidimos incluir en ella la cercana iglesia de San Trófimo de Arlés, con su espectacular pórtico de piedra, pero no la Catedral del Salvador de Aix. Podríamos haberlo hecho, pero en las listas nunca cabe todo. Con el tiempo decidimos hacer otra, en esta ocasión solo con los tesoros del románico en la Provenza, que no son pocos, y ahí sí la incluimos.

Lo curioso es que en una recopilación de las diez mejores obras del gótico francés (como esta), o del neogótico (ya habrá tiempo de hacerla), también podría entrar. La Catedral de Aix es un templo que aglutina un amplísimo espectro de historia del arte. No hay estilo arquitectónico que estuviera en boga entre los siglos V y XVIII que no esté aquí representado, así que es especialmente importante dedicarle un buen rato a la visita y, a ser posible, ir provisto de buena información.

  • Esta web es un buen lugar donde empezar. El interesado que tenga la suerte de dominar el francés, encontrará al final una buena selección bibliográfica.
  • La Wikipedia también ofrece una información básica. Mucho más, como es natural, en la versión en francés.
Catedral de Saint-Sauveur. Fuente
Catedral de Saint-Sauveur. Fuente
Pavillon Vendôme. Fuente
Pavillon Vendôme. Fuente

Pero más que por sus grandes edificios monumentales, que los tiene, Aix es una ciudad que se disfruta desde sus pequeños detalles. Por ejemplo, el antiguo Halle Aux Grains, en la calle Riquelme, es un edificio elegante con un friso en el que las figuras alegóricas del Ródano y el Duranza (su afluente) acaparan la atención y exceden su pequeño espacio para asomarse a la ciudad.

En el Cours Mirabeau, que es la calle más frecuentada de la ciudad, hay numerosos hôtels particuliers, que en español traduciríamos por casas señoriales o mansiones (no por hoteles). Es recomendable el ejercicio de ir visitándolos uno a uno, aunque sólo sea para admirar desde fuera sus fachadas deslumbrantes.

Nuestra favorita es la portada de atlantes del hôtel Maurel de Pontevès (n° 38), hoy sede del Tribunal de Comercio: los dos musculosos atlantes que surgen de la pared con toda la espectacularidad del barroco fueron esculpidos por Jacques Fossé en el siglo XVII. Casi todo el Cours Mirabeau es así y casi todo el centro de Aix está lleno de bonitos pórticos como este, de alegres fuentes, de balcones decorados y detalles en las fachadas.

Fachada del Tribunal de Comercio. Fuente
Fachada del Tribunal de Comercio. Fuente

El Museo Granet y la Fundación Vasarely

Hace tiempo definimos al Granet como uno de los diez museos que hay que ver en la Provenza, y estando en Aix es una visita ineludible.

Así llamado por el pintor del XVIII Francois Marius Granet, natural de la ciudad, conserva una colección que va de la arqueología hasta arte del siglo XX, aunque destaca sobre todo por la pintura italiana, flamenca y francesa.

Curiosamente, las obras de Paul Cézanne en la colección permanente son muy pocas. Nueve en concreto, casi todas secundarias o preparatorias. Auguste-Henri Pontier, que comisariaba las colecciones a finales del XIX, sentía u profundo disgusto por la pintura de Cézanne, y juró solemnemente que ninguna de sus obras entraría e el Granet mientras él siguiese vivo. Fue un error histórico, pero no hay que lamentarse: el museo conserva numerosas joyas, y en la última década, gracias a varias donaciones y a un ambicioso programa de exposiciones temporales, ha pasado de ser un pequeño museo provincial a un contenedor de arte de primera fila.

Interior del Musée du Vieil Aix en el Hôtel d’Estienne de Saint Jea
El interior del Musée du Vieil Aix, en el Hôtel d’Estienne de Saint Jean, también tiene auténticas joyas. Fuente

Los aficionados al arte contemporáneo encontrarán también del mayor interés la Fundación Vasarely, muy cerca de la Jas de Bouffan. Gigantescos cubos y figuras geométricas configuran un edificio único, concebido por el húngaro Victor Vasarely para explorar la fusión entre el arte y la arquitectura. Dentro se exhiben muchas de sus obras.

Qué hacer y dónde alojarse

En Aix se pueden pasar un par de días, o tres, o una semana entera, pues toda la oferta cultural, paisajística e histórica de la Provenza la tenemos al alcance de la mano. Hay mil opciones para coger el coche o la bicicleta o el tren o el autobus y lanzarse de excursión en excursión:

  • A fotografiar, desde todos los puntos posibles, la Montaña Sainte-Victorie, gran musa de Cézanne, y a visitar el castillo de Vauvenargues, donde está enterrado Pablo Picasso.
  • A Les Baux, a ver el precioso pueblo colgante pero también Les Carrières de Lumières un espectáculo como no hay otro; y a Saint Rèmy, otra bonita localidad patrimonial famosa por haber albergado en sus últimos años al infortunado Vincent Van Gogh.
  • A Nimes y Arles, que conservan algunos de los monumentos romanos más espectaculares y mejor conservados de Europa. Ni más ni menos.
  • A Orange, que es igual que las dos anteriores, y Aviñón, que durante siglo medio albergó al Papado y quiso ser una Nueva Roma.
  • A Marsella, que está –literalmente– al lado y, después de ser Capital de la Cultura en 2013, tiene museos e infraestructuras recién estrenadas.
  • A Gordes, uno de los pueblos más escénicos de la región, y a la Abadía de Sénanque, un monasterio benedictino que a principios de verano, cuando florece la lavanda, es así de bonito.
  • A Saint Tropez. A Antibes. A Cannes. A cualquier sitio de la Costa Azul.
De entre los muchos hoteles y soluciones de alojamiento que ofrece Aix, a nosotros nos gusta recomendar el Grand Hotel Negre Coste. Es un tres estrellas (ya se sabe que en esto de los hoteles las estrellas se dan no sólo por calidad, sino por cantidad de servicios) situado en pleno Cors Mirabeau. Es cómodo, es elegante y tiene un personal extraordinario.

Nada mejor que empezar el día en el Negre Coste y salir a desayunar café y croissans al Deux Garcçons, donde lo hacían Cézanne y Zola (amigo del pintor, aixois como él) y unos años después, Hemingway, y allí, tranquilamente, planificar el día, hablar de Cézanne y de Zola y de Hemingway, y de las cosas que hay que en esta preciosa región de la Provenza.

Terraza en la Plaza del Hôtel de Ville
Otra posibilidad para descansar es la terraza en la Plaza del Hôtel de Ville. Fuente