La Provenza es bien conocida como destino de artistas, desde que muchos de los impresionistas hicieran de este paraíso del sur de Francia su lugar de residencia y de trabajo. La presencia de esos Cézanne, Van Gogh, Matisse, Léger, Signac, Chagall o Picasso actuó como un imán que atrajo a galeristas y marchantes, y la región ha conservado desde entonces un notable patrimonio para degustación de los amantes del arte moderno.

Pero también de quienes tengan otros gustos. Al fin y al cabo esta es una región que ha tenido presencia humana desde la prehistoria, donde griegos y romanos construyeron grandes ciudades, y que en la Edad Media fue residencia papal y poderoso foco cultural. Hay decenas de museos, galerías y centros culturales para visitar: lo que sigue es una selección de diez de ellos, especialmente recomendables.

10. Museo Granet, en Aix-en-Provence

Así llamado por el pintor del XVIII Francois Marius Granet, natural de la ciudad, el Granet conserva una colección que abarca desde la arqueología hasta arte del siglo XX, aunque la parte más destacada es la dedicada a la pintura italiana, flamenca y francesa.

Curiosamente, en la ciudad natal de Paul Cézanne, este pintor está muy mal representado, con sólo nueve obras y casi todas secundarias o preparatorias. La razón tiene nombre y apellidos: Auguste-Henri Pontier, el escultor –de segunda fila– que en época de Cézanne comisariaba las colecciones del museo juró solemnemente que ningún Cézanne entraría en ellas mientras él siguiese vivo. Es una pena, porque hoy Cézanne es uno de los mayores reclamos turísticos de la ciudad: se visita su casa natal, su taller y las distintas zonas en las que solía pintar la montaña de Sainte-Victorie. Hay quien acude al Granet esperando ver una buena selección sale de allí decepcionados, así que es mejor ir avisados.

Rembrandt, Autorretrato.
Rembrandt, Autorretrato.
Cézanne, Madame Cézanne.
Cézanne, Madame Cézanne.

Dicho esto, el Granet guarda numerosas joyas, y en la última década, gracias a varias donaciones y a un ambicioso programa de exposiciones temporales, ha pasado de ser un pequeño museo provincial a un contenedor de arte de primera fila. La condición de joya de la colección se la disputan el monumental lienzo de Jupiter y Tetis, de Ingres, y un genial autorretrato de Rembrandt.

Los aficionados al arte contemporáneo encontrarán complementaria la visita a la Fundación Vasarely, situada cerca de la Jas de Bouffan –la casa familiar de Cézanne–. Se trata de un edificio construido a base de gigantescos cubos y concebido por el artista húngaro como fusión entre arte y arquitectura. Dentro se exhiben muchas de sus obras.

9. Villa y Jardines Ephrussi de Rothschild, en St-Jean-Cap-Ferrat.

Villa y Jardines Ephrussi de Rothschild
Villa y Jardines Ephrussi de Rothschild. Fuente

La Baronesa Ephrussi de Rothschild, que vivió entre 1864 y 1934, era miembro de la poderosa familia de banqueros Rothschild, y poseedora de una enorme fortuna que aumentó al casarse con el también banquero Baron Maurice de Ephrussi. Con el tiempo desarrolló un un gusto ecléctico, pero por lo general exquisito, y una desatada afición por el coleccionismo de antigüedades, pinturas, esculturas, porcelanas y todo tipo de artes menores. El resultado es esta villa, construida a su gusto sobre un promontorio natural a orillas del Mediterráneo, cerca ya de la frontera con Italia, que ella llamó Île-de-France en honor del transatlántico del mismo nombre, y en la que el personal de servicio llevaba en su día uniformes marineros.

Villa y Jardines Ephrussi de Rothschild
Villa y Jardines Ephrussi de Rothschild. Fuente

La Baronesa murió sin descendencia en 1934, y estableció en su testamento que la villa y todo su contenido pasara al Instituto de Bellas Artes de Francia y se conservara como museo. Así fue y así ha sido hasta hoy. Es una visita de lo más estimulante: un auténtico viaje en el tiempo a la belle époque en el que se pueden admirar cuadros de Carpaccio y otros maestros antiguos, obras de Renoir y Monet, vasijas de la dinastía Ming, porcelana de Dresde y todo tipo de maravillas. Además, la villa contiene uno de los jardines más notables de Francia y preciosas vistas del Mediterráneo.

8. Museo Angladon, en Avignon.

El Angladon es un museo de muy pequeñas dimensiones y con una obra escasa pero muy, muy selecta. Se trata de la colección privada de Jean y Paulette Angladon, e incluyo obras de Picasso, Cézanne, Degas, Sisley, Modigliani y Manet. Además del único Van Gogh que se puede ver en la Provenza.

Van Gogh, Tres girasoles
Van Gogh, Tres girasoles
Modigliani, La blouse rose.
Modigliani, La blouse rose.

Toda esta colección está en la planta baja de la antigua casa de la pareja. En la planta alta se han habilitado varias habitaciones que recogen el amor que sentían por el arte, con reproducciones de talleres de artistas o salas dedicadas a pequeñas exposiciones temporales.

Y todo el recorrido está adornado con muebles antiguos, bustos, máscaras de antiguas civilizaciones y una exquisita decoración.

7. Museo Picasso, en Antibes.

En el encantador pueblecito de Antibes, en el castillo habitado desde la Edad Media por la familia Grimaldi, residió y trabajó Pablo Picasso durante varios meses de 1946. Encantado tras su estancia, que fue, de hecho, una de las más prolíficas de su vida, Picasso donó en agradecimiento unas decenas de lienzos y dibujos que conformaron luego la base del actual museo. Entre ellos algunos tan importantes como La Cabra o La alegría de vivir.

Museo Picasso de Antibes
Museo Picasso de Antibes. Fuente

La visita es amena, no muy larga, y está aderezada de una enorme cantidad de obras que el museo ha ido acumulando a lo largo del tiempo gracias a donaciones. En la planta superior se pueden admirar una buena selección de obras del malogrado Nicholas de Stael, quien también trabajó aquí y, al contrario que Picasso, sufrió una depresión que le llevó al suicidio en 1953.

6. Museo Nacional Marc Chagall, en Niza.

El Museo Chagall hace honor a su nombre y contiene la mayor exposición pública existente de obras del pintor bielorruso. Empezó siendo un centro mucho menos ambicioso, concebido para exponer únicamente la serie de ilustraciones de la Biblia que Ambroise Voillard encargó a Chagall a mediados del siglo XX. Estas obras siguen siendo el atractivo principal, y son las que reciben al visitante en las primeras salas, verdaderamente imponentes. Pero una vez terminado aquel encargo el museo se fue llenando de más y más obras del autor y hoy alberga más de cuatrocientas, suficientes para pasear por todas sus etapas creativas, desde sus inicios en Rusia hasta su regreso a Francia después de la Segunda Guerra Mundial.

Museo Nacional Marc Chagall
Museo Nacional Marc Chagall. Fuente

El exterior del museo, de aspecto sencillo, nada tiene que ver con el espectacular interior, ornado de vidrieras y juegos de luces y lleno de las exuberantes figuras y colores propias del autor, que fue además el diseñador de los principales espacios.

5. Museo Nacional Fernand-Léger, en Biot.

En la pequeña ciudad de Biot, muy cerca de Niza, se encuentra uno de los museos más completos y coherentes de los aquí reseñados, muy similar, en este sentido, al Museo Chagall.

Museo Nacional Fernand-Léger
Museo Nacional Fernand-Léger. Fotografía por Hans G. Oberlack

Al contrario que en muchos otros casos, en los que un museo dedicado a un único artista –y especialmente si es un gran artista– conserva pocas obras del mismo o bien obras poco importantes, el museo de Léger es todo lo contrario: contiene obras muy significativas y las conserva en cantidades considerables, lo que permite observar toda la evolución de un pintor sobresaliente que ya había debajo la abstracción cuando otros aún no la habían descubierto, que consideró insuficiente la capacidad expresiva del cubismo y que terminó pintando cuadros figurativos con aire pop mucho antes de que el arte pop se hiciera popular en Europa y en Estados Unidos.

4. Museo Calvet de Arqueología y Bellas Artes, en Avignon.

La cantidad y calidad de las colecciones del Calvet de Avignon le han valido el apelativo de “mini-Louvre” y también el de “Museé de France”, y aparece regularmente en las listas de los mejores museos de Francia. Aunque no tiene obras de la fama de otros, aquí puede verse arte primitivo, arte egipcio, arte asiático, arte musulmán, arte otomano y, por su puesto, arte occidental, en especial escultura y pintura flamenca y francesa.

Le Brun, Portrait de Giuseppina Grassini.
Le Brun, Portrait de Giuseppina Grassini.
Simon de Châlons, Adoración de los pastores.
Simon de Châlons, Adoración de los pastores.

Es una visita verdaderamente agradable y no demasiado larga cuyo atractivo es precisamente el eclecticismo de las colecciones: provenientes todas de la colección Calvet, este museo permite dar un inmenso paseo por la Historia del Arte sin acabar con la sensación de cansancio y atracón de los grandes museos.

3. Museo de Arte Moderno y Contemporáneo, en Niza

A poco más de veinte años de su inauguración, este museo, dedicado al arte posterior a los años 60 del siglo XX, se ha hecho un hueco en todo recorrido artístico por la Costa Azul gracias a la incuestionable calidad de sus colecciones: nuevo realismo, arte pop, arte povera, minimalismo, campos de color… casi todas las corrientes artísticas de las últimas décadas están aquí representadas, y de forma especialmente completa el arte pop americano con Andy Warhol, Roy Lichtenstein, Robert Indiana, James Rosenquist, Claes Oldenburg y Tom Wesselmann. Y precisamente las relaciones del american pop art con el arte europeo configuran toda la exposición de la colección permanente.

MAMAC
MAMAC. Fuente

Al término de la visita es recomendable subir a la terraza del museo, al mirador que lo conecta con el Teatro Nacional, y disfrutar de las visitas del Promenade des Arts, de los tejados de Niza y del Mediterráneo.

2. Museo de L’Annonciade, en St-Tropez.

En 1892, Paul Signac descubrió, a bordo de su yate Olympia, este precioso rincón de la Costa Azul, estableció en él su estudio e invitó a otros amigos artistas, entre ellos Cross, Matisse, Derain y Marquet. Luego St-Tropez se terminó convirtiendo en el destino favorito de la jet-set, de las playas chic y las tiendas caras, tanto que muchos se extrañan cuando aparece en en los itinerarios artísticos por la Provenza, pero conserva, de aquella época en que fue refugio e los puntillistas, una verdadera en el Museé de l’Anunciade, así llamado por el edificio que lo alberga, una iglesia del siglo XVI.

Seurat, Gravelines.
Seurat, Gravelines.
Signac, L
Signac, L’orage.

Tiene poco más de cien obras, pero, como parece ser habitual en este lugar, no sólo todas tiene un enorme valor, sino q atención su homogeneidad y su coherencia. Configurado en torno a la pintura puntillista y nabis, aquí se pueden admirar lienzos de Signac, Dufy, Bonnard, Seurat, Utrillo, Matisse o Aristide Maillol, que dejó una ninfa mirando el puerto desde una de las ventanas del segundo piso.

1. Fundación Maeght, en St-Paul-de-Vence.

Saint Paul de Vence es uno de esos preciosos pueblos colgantes que, desde lo alto de una colina, adornan el paisaje de la Provenza y la Costa Azul. Y cuenta con uno de los museos más visitados de la región, el de la Fundación Maeght, que hemos dejado para el último lugar.

Fundación Maeght
Fundación Maeght. Fuente

Como otros museos reseñados, este alberga la colección privada de dos marchantes, Aimé y Marguerite Maeght, que representaron entre otros a Chagall, Matisse y Miró. En 1964 fundaron la Fundación y encargaron su construcción al genial arquitecto catalán Josep Luis Sert, que trabajó junto a los artistas que iban a ser expuestos para componer espacios de absoluta fusión entre continente y contenido, como el patio de Giacometti o el laberinto de Miró. Además de los habituales toques de fantasía de la arquitectura de Sert, como las cúpulas invertidas que también forman parte del taller de Miró en Mallorca.

Fundación Maeght
Fundación Maeght. Fuente

Amén de los citados, la colección Maeght, que suele rotar las obras expuestas y organizar impresionantes exposiciones temporales, abarca autores como Bonnard, Braque, Calder, Soulages, Léger y Kandinsky. En buena medida aquí se condensa toda la enriquecedora relación que ha unido a esta región con el arte del siglo XX, y si hubiera que elegir un sólo museo de todos los que llevamos reseñados, sería este. Visita necesaria.