La ciudad de Dresde es un pequeño tesoro de Alemania con un casco antiguo repleto de joyas. Visitar la capital sajona en un día se ha convertido en una excursión habitual desde Praga, Berlín e incluso Leipzig pero te recomendamos pasar en ella varios días; nada más que el Palacio Zwinger ya merece un día entero para él.

Lejos de ese maravilloso casco antiguo, en lo que son las afueras de Dresde, el Castillo de Pillnitz se alza con naturalidad como una parte más de la orilla noreste del río Elba. Se trata de un schloss, el equivalente alemán al francés château, ese tipo de castillo palaciego que no es, ni pretende ser, fortaleza, como ocurre con casi todos los castillos del Loira. Alemania tiene una buena colección de castillos, en esta lista encontrarás algunos de los mejores.

El Castillo de Pillnitz es un destino atractivo en Dresde aunque, dada esa lejanía del centro de la ciudad, muchas veces pasa desapercibido para los viajeros. Es una parada interesante, bonita y relajante que te recomendamos hacer si pasas varios días en la ciudad. Su historia lo hace, si cabe, más cautivador.

Castillo de amantes y lujo

No hay muchos datos del castillo antes de que entrara a formar parte del patrimonio de la casa de Wettin, electores y reyes de Sajonia. Se conoce que, al menos desde el siglo XIV, existía un residencia fortificada de la nobleza junto a la villa de Pillnitz (que hoy es un barrio residencial de Dresde). El modesto edificio fue aumentado y remodelado en los siglos XVI y XVII, pero lo más importante llegó casi una centuria después.

En 1694, el elector Juan Jorge VI de Sajonia se hizo con el Castillo de Pillnitz para regalárselo a su amante Magdalena Sybilla de Nedischutz. Hay pocas dudas de que fue un regalo sincero nacido del amor que el elector profesaba a su amante. Poco después de hacerle tan magnífico regalo, Magdalena se contagió de viruela y murió el 4 de abril de 1694 en los brazos de Juan Jorge, quien estuvo a su lado hasta su último aliento a pesar del peligro mortal que supuso. El 27 del mismo mes, el elector de Sajonia murió de viruela sin descendencia legítima; sólo tuvo una hija (Guillermina María) y fue con Magdalena.

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Augusto II el Fuerte.

De esta forma tan trágica fue como pasó el electorado de Sajonia a manos de Augusto el Fuerte, hermano de Juan Jorge. Grande, verdaderamente fuerte (algo de lo que le gustaba fanfarronear y demostrar públicamente, de ahí su sobrenombre) y un mujeriego irredento. Aunque quizás no era el arquetipo de gobernante serio y responsable, resultó ser uno de los más queridos y celebrados electores de Sajonia. Buena parte de lo que hoy son Dresde y el Castillo de Pillnitz se lo debemos a él. Fue, ante todo, un gran mecenas de las artes.

Cuando Augusto sucedió a su hermano se aseguró de proteger a Guillermina María. Tres años después, en 1697, fue elegido rey de Polonia y comenzó a transformar la corte de Dresde para que estuviera a la altura de la realeza. En 1706, como su hermano había hecho antes, ofreció el Castillo de Pillnitz como regalo a su amante más duradera: Anna Constantia de Brockdorff. No obstante, este cuento fue menos bonito que el de Juan Jorge: Augusto tuvo más amantes y al final la relación acabó.

Anna Constantia se fue a Berlín en 1715 y Augusto revocó su regalo. Decidió entonces convertir el Castillo de Pillnitz en una residencia veraniega oriental para festejos en la ribera del Elba. Aunque su mayor sueño en Dresde fue el Palacio Zwinger, en Pillnitz también invirtió tiempo y dinero en embellecerlo. Como ya apuntábamos antes, lo que hoy es el castillo viene, en gran medida, de esta reforma de Augusto el Fuerte.

Durante décadas y siglos el Castillo de Pillnitz fue usado por muchos gobernantes de la casa de Wettin como residencia veraniega y fue cuidado y retocado (especialmente los jardines). A principios del XIX un incendio se llevó por delante el llamado “palacio de la condesa”, una construcción renacentista que contrastaba con el barroco oriental del resto del complejo. Tras este desastre se reedificó en 1826 con el Neues Palais (nuevo palacio), con el que se terminó de configurar el Pillnitz que conocemos hoy día: horizontal, en un barroco sencillo mezclado con lo neoclásico que parece una extensión del río Elba.

El Castillo de Pillnitz

Pillnitz está compuesto por tres grandes palacios y unos jardines salpicados de edificios. El visitante accede al complejo a través de la Alte Wache (antigua guardia); es el centro de visitantes donde se sacan las entradas y está a unos pasos del nuevo palacio, construido en estilo neoclásico en 1826 para sustituir al de la condesa. Tiene forma de ‘U’ y está conectado a los otros palacios a través de unas galerías curvas que configuran una especie de ‘U’ inversa.

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Palacio Nuevo Foto.

En este edificio está el museo del palacio, que se centra en explorar la vida de la corte en una residencia de verano. Una parte importante de este recorrido es la cocina, donde el visitante puede ver cómo funcionaba un importante servicio de cocina en el XIX. Otra parte interesante de la visita es la capilla católica, un lugar precioso con frescos de Carl Christian Vogel von Vogelstein.

Conectados a través de las galerías curvas, se extienden el palacio de la colina y el de la ribera, dos complejos alargados con tres edificios cada uno. Son prácticamente gemelos y son los que dan la identidad al Castillo de Pillnitz. Ambos palacios se construyeron en época de Augusto el Fuerte en un sencillo barroco de chinería (del francés ‘chinoiserie‘, de moda entonces), un barroco que buscaba imitar lo oriental y es que, como hemos mencionado antes, es lo que el elector quería.

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Palacio de la Ribera Foto.

Estos dos palacios acogen el museo de artes aplicadas, que expone muebles, cerámicas y diferentes objetos decorativos desde el siglo XIII al XX, y que también repasa cómo se fabricaban y cómo la revolución industrial cambió estos procesos. Uno de los principales atractivos es el trono de Augusto el Fuerte.

El jardín botánico de Pillnitz

Junto a esta curiosa arquitectura que mezcla lo barroco con lo oriental, uno de los mayores tesoros del Castillo de Pillnitz es su jardín. Entre los palacios de la ribera y la colina hay una fuente central que divide geométricamente el espacio y desde la que parte una gran avenida arbolada que se extiende cientos de metros en línea recta hacia el noroeste. A uno de los lados hay un pabellón que guarda la góndola real, que se usó en diferentes festejos, y es que el palacio de la ribera tiene un precioso embarcadero en el Elba.

Hacia el norte del palacio de la colina se extiende la parte más interesante de los jardines, divididos entre el jardín chino y el inglés. En la parte inglesa hay un bosquecillo de coníferas, una orangería (invernadero de naranjas), un árbol de camelia de unos 250 años y un pabellón inglés, que es una réplica de esa joya del renacimiento italiano que es el templete de San Pietro in Montorio de Bramante en Roma.

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Pabellón Inglés Foto.

En el lado chino tenemos un invernadero llamado “la casa de las palmeras” que acoge su propia exposición: variedades exóticas de plantas y árboles provenientes de Sudáfrica, Australia y Nueva Zelanda. A su lado se abre un estanque con un pabellón chino en una de sus esquinas.

En definitiva, el Castillo de Pillnitz es un lugar único en Dresde. La capital de Sajonia tiene mucho que ofrecer en su casco antiguo pero nada se parece a esta residencia veraniega con sabor oriental e historias de la corte de fondo. Es, sin duda alguna, otro motivo por el que planear una visita a Dresde para pasar varios días, como te recomendamos hacer encarecidamente.

Excursión en barco de vapor

Al Castillo de Pillnitz se puede llegar de diferentes formas, pero una de las más atractivas es hacerlo en barco de vapor. Dresde tiene una compañía de cruceros fluviales con travesías muy interesantes, y una de ellas te deja en Pillnitz para que visites los palacios y sus jardines. El ticket incluye viaje de vuelta.

Se trata de una travesía que lleva tiempo, Pillnitz está algo alejado del centro de Dresde (donde se coge el barco), pero es agradable y diferente. Se trata de un barco de vapor de época que tiene zona de restaurante en caso de que quieras comer o tomar algo, y el camino hasta el castillo es precioso.

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El Palacio de la Ribera desde el Elba Foto

Los tickets se pueden comprar online aquí, aunque la versión en inglés no siempre funciona, con lo que si no sabes alemán puede resultar confuso. También se pueden comprar en la taquilla de los cruceros, que está en el paseo fluvial de Dresde, bajo la Terraza de Brühl.

Horarios y precios del Castillo de Pillnitz

Existen dos formas de visitar el Castillo de Pillnitz, aunque también depende de cuándo lo hagas, porque no todo está abierto durante la temporada baja.

Temporada alta (abril-octubre)

  • Entrada completa (jardines y museos): 8€ la normal y 6’50€ la reducida. Los grupos entran por 7€.

  • Entrada jardines (sólo jardines y casa de las palmeras): 3€ la normal y 2,50€ la reducida y la de grupos.

Temporada baja (noviembre-marzo)

  • Entrada a los jardines gratuita (los museos están cerrados).

  • Entrada jardines y casa de las palmeras (desde febrero también se puede ver el árbol de Camelia): 3€ la normal y 2,50€ la reducida y la de grupos.

Un hotel en la corte

El Castillo de Pillnitz también cuenta con un hotel de cuatro estrellas y con todos los lujos frente al palacio nuevo. No es el lugar más habitual en el que hospedarse si visitas Dresde, pero desde luego es una opción interesante para los que quieran un día alejado del bullicio de la ciudad. Toda la zona es muy tranquila y, aunque hay casas, también hay mucha naturaleza cerca.

En Hotel del Castillo de Pillnitz uno se aproxima, con las comodidades de nuestros días, a la vida tranquila de lo que fue la residencia veraniega de la casa de Wettin. Tiene unas valoraciones excelentes y es que, allí, uno comprende de primera mano por qué Pillnitz enamoró a tantos gobernantes sajones, y por qué algunos lo consideraron perfecto para sus amantes.

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