Decíamos en la primera entrega de esta historia que Portugal fue y sigue siendo un centro importante en la producción de azulejos. Pero es mucho más que eso. Su fidelidad con este medio de expresión artística es única en Europa.

Desde el punto de vista práctico tiene el valor de ser un medio económico, que protege los muros de la humedad y contribuye a crear un mundo lleno de color, en el que se mezclan el arte popular y el intelectual de forma natural.

A cualquier sitio donde llegue la mirada, se puede encontrar con historias y leyendas que invitan a parar, y hacen partícipe al espectador de lo que pasa en esa lectura en imágenes. Es difícil escapar a la sugestión que crean algunos paneles de azulejos.

La siguiente imagen explica muy bien lo que decimos. Es un mural que creó Paulo Rodrigues Ferreira para la Exposición Universal de París de 1937, del que podeis ver una réplica en el Museo Nacional del Azulejo en Lisboa. Lo tituló Lisboa de los 1000 colores.

Eso es el mundo de los azulejos portugueses, una fiesta de mil colores.

Lisboa de los mil colores, Exposición Universa de París, 1937
Lisboa de los mil colores, Exposición Universal de París, 1937. Fuente

Partiendo de Lisboa, los azulejos llegan a todo el territorio continental. Las islas Azores, Madeira y territorios coloniales como Brasil, Cabo Verde, Angola y Goa, influyendo por lo tanto en todos esos paises con los motivos decorativos y con las técnicas de producción que parten de la capital portuguesa. Podemos asegurar que los paneles de azulejos son un nexo de unión de lo portugués en territorios tan lejanos.

Los primeros talleres

A mediados del siglo XVI aparecen en Lisboa los primeros talleres de artesanos. Hasta entonces habían llegado desde España de la mano de Manuel I, gran admirador de los palacios hispano-árabes, que hizo cubrir de bellísimos azulejos los muros de su palacio de Sintra. Pero el país luso también recibiría encargos llegados desde Holanda. La influencia holandesa va a ser decisiva, como veremos, en la personalidad del azulejo portugués.

Palacio de Queluz
Palacio de Queluz. Fuente

Artesanos italianos establecidos en Amberes llevaron la técnica de la mayólica renacentista a tierras holandesas. En 1576, huyendo de las tropas de Felipe II, se asentaron en Amsterdam, Rotterdam, Haarlem, y por supuesto, en Delft. En el puerto de Delft estaba la sede de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales. Una de sus más preciadas importaciones era la porcelana china de la dinastía Ming. Buscando la manera de competir con aquella carísima y demandada porcelana oriental, extenderían la cerámica decorada en azul sobre blanco por toda Holanda.

La policromía que llegó desde España desapareció. El azulejo se convirtió en una sinfonía azul y blanca que se mantuvo hasta la mitad del siglo XVIII.

Museo Arqueológico Nacional de España. Porcelana Azul y Blanca, Dinastía Ming.
Museo Arqueológico Nacional de España. Porcelana Azul y Blanca, Dinastía Ming.. Fuente

El éxito de aquellas piezas viajó por Europa. Paises como España, Italia, o Francia siguieron concediéndole a los azulejos un lugar de importancia, pero sin duda fue en Portugal donde arraigó con fuerza la costumbre de envolver en azul y blanco los muros de su arquitectura.

Ceramistas holandeses como Willem van der Kloet y Jan van Oort se instalaron en Portugal, dada la gran demanda de la aristocracia portuguesa que buscaba especialmente el estilo delicado de los azulejos de Delft. De esta manera, palacios, jardines e iglesias se llenaron de historias inspiradas en la mitología, en hechos históricos o en relatos bíblicos.

El Palacio de los Marqueses de la Fronteira, en Lisboa, podemos considerarlo la Capilla Sixtina de los azulejos portugues. Tanto el interior como los jardines son un muestrario de azulejos entre los que encontramos algunos holandeses, y muchos de los primeros que se hacen en suelo portugués, así como algunas intervenciones del pasado siglo XX.

A través de sus azulejos nos podremos sumergir en historias mitológicas, pasear por el universo del zodíaco, aprender como eran las vestimentas y los caballos de nobles y reyes, o intentar desgranar tácticas de guerra.

Galería Sur Palacio de los Marqueses de la Fronteira
Galería Sur Palacio de los Marqueses de la Fronteira. Fuente

En la Galería de las Artes nos encontramos con sus figuras alegóricas y a continuación, vemos representadas las facultades necesarias para conseguir dominarlas: Entendimiento, Voluntad, Aprehensión, Gusto y Memoria.

Galeria de las Artes. Palacio Marqueses de la Frontera
Galeria de las Artes. Palacio Marqueses de la Fronteira José Luis Gil

En los jardines está el «Pabellón del fresco», donde encontramos unos preciosos azulejos polícromos. En ellos unos pescadores pasan el rato mientras son observados desde la parte alta, por dioses y semidioses del lejano Olimpo. Todo un muestrario que por sí solo merece la pena una visita.

Azulejos polychromes sur les bancs de la Casa do Fresco (Pavillon de la fraîcheur) - Palacio da Fronteira
Azulejos policromos en los bancos de la Casa del Fresco (Pabellón del fresco) – Palacio da Fronteira. Fuente

Es algo muy común ver las fachadas de las iglesias cubiertas por completo de azulejos. Sus diseños están dedicados a los santos a cuya advocación se dedica el templo, o a los patrocinadores que lo financiaron.

Iglesia portuguesa
Iglesia portuguesa. Fuente

En la época barroca

Durante el barroco el despligue de paños cerámicos a lo largo del país fue abrumador. El Museo Nacional del Azulejo de Lisboa cuenta con ejemplos más que suficientes para rastrear esta historia: de hecho, es el mejor museo del mundo que sobre este tema puedes encontrar, no te lo pierdas.

Durante este siglo se añadió un precioso zócalo de azulejos en el Claustro del Monasterio de los Jerónimos de Belém. No podía faltar en este emblemático monumento portugués la presencia de un arte que es parte de su ADN.

En la imagen siguiente teneis un detalle de los dieciocho paneles de azulejos del siglo XVIII que recorren la Iglesia renacentista de la Misericordia en Tavira. Narran actos de misericordia y escenas de la vida de Cristo.

Iglesia de la Misericordia, Tavira
Iglesia de la Misericordia, Tavira. Fuente

Los azulejos de esta capilla situada en Estremoz son del siglo XVIII. Cuentan historias milagrosas de la caritativa reina Isabel de Portugal, nieta de Jaime I el Conquistador, fallecida en 1336 y canonizada en 1625.

Capilla de Estremoz
Capilla de Estremoz. Fuente

Entre los muchos maestros de este fructífero siglo en el azulejo portugués destaca el nombre de Antonio de Oliveira Bernardes, pintor y azulejista que vivió durante los siglos XVII y XVIII, miembro del denominado «Ciclo de los maestros» y autor entre otras importantes obras de los paneles de la Iglesia de Nazaré en 1714.

Iglesia de Nazaré
Iglesia de Nazaré. Fuente

Hacia la mitad del siglo XVIII el lenguaje rococó rescató de nuevo la policromía para el mundo del azulejo.

Panel de Azulejos de la Casa da Rua de São Miguel
Panel de Azulejos de la Casa da Rua de São Miguel. Fuente

Después del terremoto de 1755, el Marqués de Pombal fundó en Lisboa la Real Fábrica do Rato. Allí se volvió aponer el acento en la producción de paneles decorativos pintados en azul sobre blanco. Desde entonces han convivido en la paleta de colores, la explosión cromática y la sutil elegancia de las innumerables tonalidades del azul.

Románticos y modernistas

Desde finales del siglo XIX coexistieron una azulejería de fachada semi-industrial con otra de autor que reflejaba las tendencias románticas y los neos.

En definitiva, y como en el resto de las manifestaciones artísticas, surgió un lenguaje ecléctico con el que se manifestaba la sociedad de entre siglos. En estos años destacó entre otros Luis Ferreira das Tabuletas, creador de paneles exuberantes con figuras alegóricas, motivos florales y trampantojos muy originales. Su obra enlaza con la de Jorge Colaço.

Colaço mantuvo en pleno siglo XX el gusto por un lenguaje historicista con un claro sabor de romanticismo tardío. Sus diseños buscaban afianzar la identidad de la nacionalidad portuguesa. Llevó a la vida cotidiana, figuras y episodios de relevancia histórica, temas etnográficos y escenas de paisajes, envueltos en la mayoría de los casos en unos marcos neobarrocos del más puro sabor de los maestros del XVII.

En la siguiente imagen, tenemos un detalle de la fachada de una conocida casa de Lisboa, la Casa de Ferreira de Tabuletas. Su propietario le encargó a Luis Ferreira un diseño de motivos masónicos, que nacieron en la fábrica Viuda de Lamego, de la que Ferreira era director artístico.

Detalle de la fachada de la casa
Detalle de la fachada de la casa «Ferreira de Tabuletas», Lisboa, 1864. Fuente

La siguiente imagen es un panel, de Jorge Colaço, que narra un episodio de la batalla de Aljubarrota de 1385, cuando el héroe nacional Nuno Álvares Pereira derrotó al ejército castellano de Juan I de Castilla, a pesar de la enorme ventaja de medios de los castellanos.

Jorge Colaço, Batalla de Aljubarrota
Jorge Colaço, Batalla de Aljubarrota. Fuente

Llega el siglo XX

Como en todos los demás ámbitos artísticos, los Neos y el Romanticismo compartieron espacio con el Modernismo, y los azulejos portugueses salieron de los espacios sagrados y aristócratas e invadieron las calles. Nombres como Rafael Bordalo Pinheiro, influido por el Art Nouveau, Raúl Lino, Paolo Ferreira o Jorge Barradas, gran impulsor de la cerámica artística, están presentes en el imaginario urbano. Estaciones de ferrocarril, mercados, parques, anuncios comerciales, fachadas o restaurantes, recibieron el alegre y brillante colorido del arte de la cerámica.

Facultad de Letras de Lisboa, Mural de Jorge Barradas
Facultad de Letras de Lisboa, Mural de Jorge Barradas. Fuente

Con el avance del siglo XX, el carácter laico del azulejo se acentuó, las creaciones de artistas como Antonio Costa, Eduardo Nery, Cargaleiro o Vieira da Silva, siguieron fieles a esta técnica y sus trazos envuelven las ciudades portuguesas en los edificios públicos, el metro de Lisboa o las viviendas particulares.

Ornamento cerámico en las fachadas del centro histórico de Oporto, a la orilla del Duero.
Ornamento cerámico en las fachadas del centro histórico de Oporto, a la orilla del Duero.. Fuente

El metro de Lisboa, un museo de arte contemporáneo

Los artistas contemporáneos continuaron utilizando los paneles cerámicos como soporte de sus creaciones. En los túneles del metro de la capital portuguesa nos encontramos con un repertorio que comenzó desde la construcción de las primeras estaciones, en los años cincuenta.

Las autoridades lusas tuvieron el empeño dotar este espacio público de unas condiciones estéticas capaces de mitigar los efectos negativos de un ambiente subterráneo. Y desde luego lo lograron, pues hoy es considerado junto con el de París y Moscú uno de los más bellos trazados de metro de Europa.

De las primeras once estaciones, diez llevan la firma de María Keil. Pero los nombres de artistas que se han ido sumando es muy larga: Rolando Sá Nogueira, Júlio Pomar, Manuel Cargaleiro y Maria Helena Vieira da Silva, Eduardo Nery, Julio Resende, Querubin Lapa, Cecilia Sousa o Bela Silva, Jorge Martins, Costa Pinheiro y algunos artistas extranjeros como Zao-Wo-Ki, Sean Scully o Hundertwasser.

Estos paneles no son sólo un museo de arte contemportáneo, son por su temática, un relato de la historia y la etnografía portuguesas. Esperamos incitaros a subir al metro lisboeta, pues os llevareis muy gratas sorpresas. Aquí van algunos ejemplos:

Estación Plaza de España – Diseño geométrico de María Keil

Metro de Lisboa, Estación Plaza de España, María Keil
Metro de Lisboa, Estación Plaza de España, María Keil. Fuente

Estación Avalade. Arte Pop.

Metro de Lisboa, Estación Avalade, Bela Silva
Metro de Lisboa, Estación Avalade, Bela Silva. Fuente

Estación Campo Grande. Nery reinterpreta las «figuras de convite» que daban la bienvenida a los invitados en los recibidores, escaleras y antesalas de los palacios del siglo XVIII.

Metro de Lisboa, Estación Campo Grande, Eduardo Nery
Metro de Lisboa, Estación Campo Grande, Eduardo Nery. Fuente

Estación de Oriente, un resumen de la vocación universalista de este museo subterráneo. En esta estación conviven las obras de once artistas de los cinco continentes. Os dejamos dos ejemplos.

Estación de Oriente
Estación de Oriente. Fuente
Estación de Oriente Yayoi Kussama
Estación de Oriente Yayoi Kussama. Fuente

Estación Alameda. Diseño de Costa Pinheiro que evoca la tradición marinera de Portugal.

Estación Alameda, diseño de Costa Pinheiro
Estación Alameda, diseño de Costa Pinheiro. Fuente

En cualquier rincón portugués encontraremos el testigo que los artistas contemporáneos han recogido de sus antecesores. El arte de los azulejos portugueses no sólo se renueva; se mantiene vivo y forma parte del paisaje de pueblos y ciudades, siendo, como el fado o el Atlántico, santo y seña de este país.

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