En el valle de Graswang, muy cerca de Ettal y Oberammergau y a unos 100 Km de Múnich, el Palacio de Linderhof (en nuestra lista de palacios alemanes) domina el precioso valle bávaro que se extiende ante el edificio. Es uno de los “castillos del Rey Loco”, aunque no es un castillo y es probable que Luis II de Baviera (quien nació en Nymphenburg) no estuviera loco. Lo que está claro es que se trata de una de las mayores joyas de Baviera.

En la zona norte de este valle, surcado por el río Linder, Luis II de Baviera mandó construir este pequeño palacio. Aunque Neuschwanstein (que sí es un castillo) es el edificio más conocido del reinado del monarca bávaro y se lleva a la mayoría de turistas, un viajero que busque contemplar la belleza debería visitar Linderhof (y Neuschwanstein).

El Palacio de Linderhof fue el único de los proyectos que Luis II de Baviera vio terminado, e incluso vivió durante ocho años en él. En buena medida se debe a que fue su proyecto más sencillo y su construcción se llevó a cabo en diferentes fases cortas. Eso no quiere decir que, como sus otras construcciones, no sea un verdadero espectáculo, un tesoro en mitad de la naturaleza donde comienzan los Alpes bávaros.

De pabellón de caza a residencia real

Es algo habitual en las familias nobiliarias. Lo que comienza como un pabellón de caza, con el tiempo, se convierte en algo mucho mayor. Versalles es quizás el ejemplo más obvio de este tipo de transformación, y es un buen ejemplo porque con Linderhof sucede algo parecido, y Luis II de Baviera fue un gran admirador de Luis XIV de Francia, o el “Rey Sol”.

Y es algo habitual porque hay un impulso, quizás inherente al ser humano, por el que queremos quedarnos para siempre en nuestros lugares de descanso. Eso era, en gran medida, un pabellón de caza de la realeza. Un lugar al que escapar del ajetreo de la corte, el bullicio de las ciudades y, a veces, de las intrigas cortesanas. Hay algo que atrapa en estas zonas de relax.

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Luis II de Baviera.

A todos, más de una vez, se nos ha pasado por la cabeza eso de “me quedaría aquí el resto de mi vida” al estar en uno de estos lugares de descanso, escapadas o vacaciones. Existe una enorme probabilidad de que, si dispones de los medios de los que disponía Luis II de Baviera, no resistas la tentación de hacerlo.

Luis II de Baviera accedió al trono con 18 años. Su padre Maximiliano II había sido un gran mecenas de las artes, que tuvieron una gran importancia en la educación del joven Luis, junto con una inmensa presencia de la responsabilidad de ser el Rey. Algunos apuntan que ya fue aquí cuando Luis buscó refugio en un mundo paralelo de belleza que acabó por absorberlo, pero la realidad no está ni mucho menos clara.

El caso es que al poco de acceder al reinado comenzó a desarrollar sus proyectos para construir grandes edificios dignos de un monarca absoluto, aunque él era constitucional y su poder limitado. Junto a Neuschwanstein (en nuestra lista de castillos alemanes), Herrenchiemsee e incluso un gran palacio bizantino (que no llegó a construir) proyectó Linderhof, un pequeño refugio lo suficientemente alejado de Múnich como para disfrutar de la serenidad.

A pesar de que fuera su proyecto más pequeño y fácil de realizar, Linderhof fue construido entre 1869 y 1886, debido a numerosas ampliaciones y rediseños. De hecho, la última ampliación, para remodelar la habitación de Luis II de Baviera, fue terminada después de su muerte.

La construcción del Palacio de Linderhof estuvo en un inicio junto al Pabellón de Caza original; remodelado y ampliado. Al final este pabellón fue reubicado porque su proyecto palaciego comenzó a tener una entidad propia. En total el proceso llevó seis fases hasta alcanzar su configuración actual. Paralelamente también se desarrolló un plan para convertir el entorno boscoso y relativamente poco alterado en unos jardines reales.

El Palacio de Linderhof

Aunque algunos piensan que Linderhof fue hecho a imagen y semejanza de Versalles, realmente tiene poco que ver más allá de algunas referencias a Luis XIV, que para Luis II de Baviera era la referencia del monarca absoluto que quería ser. Su proyecto versallesco fue Herrenchiemsee, del que sólo pudo construir el edificio principal, pero incluso inacabado se puede apreciar su gran parecido a Versalles.

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Agobiado y apesadumbrado por la época en que le tocó vivir (ni él ni Baviera tenían mucho poder), Luis II de Baviera no tardó demasiado en alejarse de Múnich para pasar la mayor parte del tiempo en los Alpes bávaros, incluidos ocho años en Linderhof. Oficialmente tenía que asistir un tiempo mínimo a la capital bávara, pero el resto del tiempo lo pasó como quiso y como pudo.

Más allá de un retrato mental del monarca, pues no es el objetivo del artículo y es complejo de realizar, Luis II de Baviera creó con el Palacio de Linderhof ese refugio del ajetreo y las intrigas cortesanas. En medio del valle de Graswang, rodeado de naturaleza, levantó su residencia de monarca absoluto de clara influencia francesa. Allí era lo que no podía ser en Múnich.

El Palacio Linderhof mezcla la sutileza del rococó con el horror vacui del barroco más grandilocuente. Apenas cuatro de las once estancias del palacio tenían una función estatal o pública, lo que denota el concepto de residencia privada que Luis II le dio al complejo. Más que para impresionar al visitante, Linderhof fue hecho para vivir, de manera íntima, en una corte barroca.

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El Palacio de Linderhof desde el Templo de Venus.

Hay dos salas de tapices sin funciones específicas, una de audiencias el ala oeste y una de los espejos en el acceso. Aunque la habitación sigue formalmente la idea de Luis XIV (en el que levantarse, vestirse… era una ceremonia a la que asistían miembros de la corte), Luis II de Baviera no le dio esta función; su dormitorio era privado, aunque la cama parece una especie de altar donde se venera al rey.

Todo el Palacio de Linderhof tiene esa dicotomía, esa esencia contrapuesta de Luis II de Baviera. Buscaba un lugar en el que refugiarse, como Federico el Grande en Sanssouci, Potsdam. Ambos palacios tienen elementos rococó, la búsqueda de la sencillez y la privacidad, y existen en cierta armonía con la naturaleza. Sin embargo Linderhof al mismo tiempo es exagerado, con elementos (especialmente en el interior) extremadamente barrocos. Incluso los jardines desentonan a veces con el entorno natural. Todo el conjunto camina entre la sencillez y la contención y lo pomposo y desorbitado.

Los jardines de Linderhof

Es en los jardines donde más se parece Linderhof a Versalles y, más que ciertas influencias, hubo una intención formal de Luis II de Baviera de recrear un jardín de la corte de los borbones. No obstante, también dio rienda suelta a otros intereses, como la época medieval y lo oriental. Una vez más, fue en Herrenchiemsee donde el monarca más se ajustó al modelo versallesco.

Donde más se parece al palacio de Luis XIV es en la disposición de los jardines en busca de simetría. A los lados del palacio hay dos parterres y una clara línea atraviesa el conjunto de norte a sur. Por lo demás, los jardines son bastante menos simétricos de lo que podría parecer (casi “campo abierto”), y desde luego con poco que ver con Versalles.

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Jardines de Linderhof.

Frente a la fachada frontal del Palacio de Linderhof el visitante accede al complejo a través de un parterre con una gran fuente. A esta zona se baja a través de un desnivel, cuya elevación vuelve a subir un poco en la zona del palacio a través de unas elegantes escaleras. En el lado este hay una Capilla de Santa Ana, que Luis II de Baviera rediseñó con ciertos elementos del gótico.

Como decíamos antes, a ambos lados del palacio hay dos pequeños parterres. Ambos se conectan detrás el edificio en una fuente de Neptuno, que recibe el agua de una cascada artificial escalonada, en cuyo punto más alto está el pabellón de la música, un pequeño y delicado quiosco en madera pintada de verde.

Justo en el lado opuesto el pabellón de la música, un templo de Venus cierra esta línea recta que atraviesa el Palacio de Linderhof, y que se conecta al parterre de la fuente a través de tres terrazas ajardinadas.

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La fuente de Neptuno Foto.

Uno de los elementos más curiosos de Linderhof es la Gruta de Venus, que por desgracia está cerrada por restauraciones hasta 2022. Se trata de una gruta artificial que Luis II de Baviera mandó construir inspirada en la ópera “Tannhäuser” de Richard Wagner, de quien el monarca fue un mecenas (algunos apuntan a una posible relación sentimental entre ambos).

No muy lejos de la Gruta de Venus está el Quiosco Morisco, un edificio de la Exposición Universal de París de 1867 que Luis II de Baviera compró para su Palacio de Linderhof, y que redecoró según sus propios gustos. Hizo algo parecido con la Casa Marroquí, esta vez de la Exposición Universal de París de 1878 y que todavía se puede ver en los jardines del palacio, muy cerca de la entrada al complejo.

En los jardines también se puede visitar la Choza Hunding, inspirada en la “Cabalga de las Valkirias” de la ópera “El Anillo del Nibelungo” de Richard Wagner, basada en mitología germánica. También inspirado en la obra “Parsifal” de Wagner, Luis II de Baviera levantó la Herencia de Gurnemanz.

Finalmente, también se puede visitar el antiguo Pabellón de Caza que usaron Maximiliano II y Luis II de Baviera, hasta que, en medio de la construcción del actual Linderhof, Luis mandó trasladarlo a su actual ubicación. Ahora contiene una exposición sobre la historia de su uso, desde sus orígenes como granja hasta cuartel general de los proyectos de Luis.

Horarios y precios del Palacio de Linderhof

El Palacio de Linderhof es sencillo de visitar a pesar de contar con diversos edificios en sus jardines, especialmente en temporada de verano, cuando todo está abierto.

El horario de apertura del palacio en verano (de abril al 15 octubre) es todos los días de 9 de la mañana a 6 de la tarde. Sólo en el horario de verano hay espectáculos de agua en la fuente principal. En invierno (del 16 de octubre a marzo) es de 10 de la mañana a 4:30 de la tarde.

El Quiosco Morisco y la Casa Marroquí sólo abren del 15 de abril al 15 de octubre, todos los días de 9 de la mañana a 6 de la tarde.

La Choza Hunding y la Herencia de Gurnemanz abren del 15 de abril al 15 de octubre, todos los días de 11 de la mañana a 6 de la tarde.

La exposición en el Pabellón de Caza está abierta de abril al 15 de octubre, todos los días de 11 de la mañana a 6 de la tarde.

El precio de la entrada combinada al parque y los edificios de los jardines es de 8.50€ y 7.50€ la reducida.

La entrada sólo a los edificios de los jardines es de 5€ y 4€ la reducida. Para entrar sólo a la exposición del Pabellón de Caza la entrada es de 2€ y 1€ la reducida.

En invierno, cuando sólo el Palacio de Linderhof puede ser visitado, la entrada es de 7.50€ y 6.50€ la reducida.

De todos modos, siempre te recomendamos consultar la web oficial, ya que los precios y los horarios podrían variar, así como algunas zonas quedar abiertas o cerradas por restauraciones. Puedes consultar aquí los precios y aquí los horarios.

Cómo llegar a Linderhof y dónde alojarse

Lo habitual es hacer una escapada de un día desde Múnich para conocer el Palacio de Linderhof. Las dos mejores opciones para esto son el tren hasta Oberammergau y desde allí un autobús o el coche en dirección Oberau y Ettal (puedes consultar la ruta aquí), desde donde se llega muy pronto al recinto del palacio.

Si no quieres dolores de cabeza mirando billetes o coches de alquiler, Civitatis ofrece esta excursión con transporte y guía en español desde Múnich, que también incluye la visita a Neuschwanstein. Una opción cómoda y ampliamente recomendada por los clientes.

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Alpes bávaros cerca de Ettal.

Aunque otra opción que recomendamos si vas con tiempo y si te gusta el turismo natural es pasar varios días en los Alpes bávaros. Hay varias actividades y lugares muy recomendables, y sólo la zona de Linderhof-Ettal-Oberammergau merece la pena dedicarle dos o tres días.

En el propio recinto del Palacio de Linderhof hay un hotel si quieres pasar unos días en plena naturaleza alpina. También es una opción aconsejable el Klosterhotel Ludwig der Bayer si en su lugar quieres alojarte en el pequeño Ettal, y el Akzent Hotel Turmwirt por si te interesa más Oberammergau que, ciertamente, tiene más puntos de interés y puede ser la opción más lógica.

El impresionante monasterio de Ettal y el precioso pueblo de Oberammergau son dos destinos culturales de lo más interesantes, y hay una gran cantidad de rutas de senderismo alrededor de estos lugares y también del propio Palacio de Linderhof. La zona, además, no está demasiado lejos de Neuschwanstein, en una de las regiones más bonitas de Baviera, aunque para eso ya es recomendable un traslado a otro hotel.

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