El Monasterio de San Isidoro del Campo, a pesar de su importancia y de su cercanía a Sevilla, es un monumento poco visitado. Situado en Santiponce a pocos minutos de la ciudad romana de Itálica, y a siete kilómetros de la ciudad de La Giralda.

Fue construido por Alonso Pérez de Guzmán, (Guzmán el Bueno) y su esposa María Alonso Coronel, alrededor de 1298, unos cincuenta años después de la conquista de Sevilla a los almohades. El fin esencial de su fundación fue el de servir de panteón a los miembros del linaje de Guzmán.

Contenedor de obras maestras como las firmadas por Juan Martínez Montañés, un espectacular despliegue de pinturas murales, o sus magníficos testigos del mudéjar sevillano, son motivos más que sobrados para pasear por su historia.

El primer miembro de la familia en ocupar el panteón fue el hijo mayor los patronos, Pedro Alonso de Guzmán, a quien su padre sacrificó en los famosos hechos del cerco de Tarifa. Sacrificio que le valió títulos y posesiones, y con ellos el florecimiento del linaje que daría lugar a la poderosa casa de Niebla, posteriormente casa ducal de Medina Sidonia.

Guzmán el bueno. Obra de Martínez de Cubells
Cuadro de historia que narra los hechos de Tarifa. Obra de Martínez de Cubells. Museo del Prado

Fue el primer monumento en conseguir el título de Conjunto Histórico-Artístico de interés nacional de la provincia de Sevilla el día 10 de abril de 1.872.

En él recibió sepultura Hernán Cortés en 1547, hasta que en 1566 sus restos fueron trasladados a México.

Se levantó sobre una ermita mozárabe donde según la tradición estuvo enterrado San Isidoro hasta su traslado a la Colegiata de León en 1.063.

El Monasterio lo cedió el matrimonio a los monjes de la comunidad cisterciense de San Pedro de Gumiel (Burgos), que estuvieron en él hasta 1.431, fecha en la que fueron sustituidos por los ermitaños de los jerónimos de Fray Lope de Olmedo.

En 1.568 fue ocupado por la orden de los Jerónimos quienes fueron exclaustrados por la invasión francesa. Volvieron después de la guerra de la Independencia, para marcharse de nuevo en 1835 tras la Desamortización de Mendizábal.

Entre 1.956 y 1978 fue de nuevo habitado por los Jerónimos. Hoy depende de un convenio entre la Fundación Álvarez de Toledo y Mencos y la Junta de Andalucía. Sus históricos muros han acogido varios usos fabriles y un correccional de mujeres.

Su construcción no se puede considerar sólo una demostración de piedad religiosa, de hecho, no existiría sin la implícita demostración de poder del linaje de los Guzmán, señores de Sanlúcar de Barrameda, miembros de la alta nobleza castellana. No es gratuito que aparezcan reiteradamente símbolos heráldicos del linaje, en las fachadas, en las puertas de acceso al monasterio, en las claves de las bóvedas, en los enterramientos, en la pintura mural, etc.

Escudos de los Guzmanes en el Claustro de los Muertos
Escudos de los Guzmanes en el Claustro de los Muertos. Álvaro Bermúdez
Escudo de la casa Guzmán
Escudo de la casa Guzmán. Frescos Monasterio de San Isidoro del Campo. Álvaro Bermúdez.

Para conocer este Monasterio con toda la comodidad (te recogen en tu hotel de Sevilla), y acompañado por guías especialistas te recomendamos esta actividad, en la que también conocerás Itálica (la ciudad romana de Santiponce), y una típica bodega de Camas.

Claves para entender el Monasterio de San Isidoro del Campo

1 – ¿Porqué tiene ese aspecto de fortaleza el Monasterio de San Isidoro del Campo?

El aspecto de fortaleza que le dan el remate de merlones escalonados, la presencia de matacanes y su cubiertas planas, que lo convierten en una plaza de armas, no asume que fuera un edificio defensivo, porque nunca fue una plaza militar, a pesar de estar en el límite del reino de Granada y de ser hostigada Sevilla por los nazaríes y benimerines. Resulta paradójico un edificio con aspecto fortificado sin vocación militar. Por lo tanto “lo militar” sólo es su aspecto, que en realidad era el símbolo más común de poder.

Para entender esto hay algo importante a tener en cuenta. Este linaje pertenece a una clase social que vive por y para la guerra, siendo éste el origen de su poder. Por esto se entiende que buscaran causar una gran impresión, a quien contemplara la soberbia fachada meridional del monasterio, con la mole de los ábsides inexpugnables en los que se pueden ver los matacanes, que convierten esta iglesia en un caso raro en el gótico andaluz.

Detalle de los aspectos defensivos del Monasterio de San Isidoro del Campo
Detalle de los aspectos defensivos del Monasterio de San Isidoro del Campo Fuente.

2 – ¿Porqué el Monasterio de San Isidoro del Campo tiene dos iglesias gemelas?

La iglesia-panteón comenzó con un templo de una sola nave que en el S.XIV se ve acompañada por otra que manda construir adosada a ella, Juan Alonso Pérez de Guzmán, hijo de Guzmán el Bueno, conocido como El Batallador.

Tumba de Juan Alonso Pérez de Guzmán. EL Batallador.
Tumba de Juan Alonso Pérez de Guzmán. EL Batallador. En la segunda iglesia del Monasterio de San Isidoro del Campo. Fuente.

Aunque los documentos no dejan ver con claridad la intención del segundo señor de Sanlúcar, parece ser que fue la prohibición de su padre de ser enterrado en alto o más cerca del altar que sus padres, lo que le relegaría a un segundo plano en el mausoleo. Él lo solucionó construyéndose uno propio.

Lo que sí dejan claro los documentos es que los monjes no podían ser enterrados en la iglesia, situando su cementerio en el exterior, en la explanada conocida como “Patio de los Naranjos”.

Desde el S. XVII al XIX el antiguo cementerio de los monjes cistercienses se habilitó como cementerio de Santiponce. De manera que lo que comenzó como panteón del linaje de Guzmán acabó siendo un camposanto popular, eso sí, fuera de los muros de la noble iglesia.

Patio de los naranjos. Monasterio de San Isidoro del Campo
Patio de los naranjos. Monasterio de San Isidoro del Campo Fuente.

Posteriormente, los jerónimos y algunos particulares que quisieron ser enterrados en el monasterio, lo fueron en las galerías del claustro, que por ello recibirá el nombre de Claustro de los Muertos.

Iconografía gótica, como los calados de los muretes donde apoyan los arcos de medio punto enmarcados en alfices, de claro sabor mudéjar, forman este bello claustro de ladrillos bicolores.

Detalle del Claustro de los Muertos
Detalle del Claustro de los Muertos. Álvaro Bermúdez
Claustro de los Muertos
Claustro de los Muertos. San Isidoro del Campo. Álvaro Bermúdez.

3- ¿Qué estilos conviven en el Monasterio?

Desde el Gótico de sus comienzos que camina de la mano del Mudéjar, llegan al Monasterio de San Isidoro del Campo en sus distintas etapas, el Renacimiento, el Barroco, el Rococó y el Neogótico que corona los enterramientos de la casa de Miraflores. Pero es el sabor medieval el que prima y brilla en este monasterio. Con permiso claro está de la joya protobarroca (final de Renacimiento) que diseñó, talló y esculpió el genio de Alcalá la Real (Jaén), Juan Martínez Montañés.

Diseñado y construido por los monjes cistercienses el monasterio que se levantó entre 1298 y 1301 ha sufrido muchas reformas. En esta primera construcción conviven el Gótico y Mudéjar tanto en las dos iglesias en las que es evidente la influencia del gótico burgalés, (levantadas en el mismo siglo), como en las dependencias monacales.

La austeridad cisterciense mantuvo los muros encalados. Surgiendo así una conversación entre el gótico y la manera de entender, construir y decorar los edificios de los mudéjares (musulmanes que permanecieron en las tierras conquistadas por los cristianos), y cuya sensibilidad se hace palpable en esta etapa y en la siguiente.

4 –La época de los Ermitaños Jerónimos de Lope de Olmedo. Cuando en 1431 pasó a manos esta congregación, el edificio recibió su impronta decorativa. Su labor cultural quedó reflejada en el crecimiento de la biblioteca que contenía las traducciones, hechas por ellos, de libros ligados al protestantismo prohibidos por la Inquisición.

Por este motivo fueron perseguidos, encarcelados, y algunos, como Fray Miguel y Fray Morcillo, ejecutados en autos de fe en Sevilla en 1559. Otros huyeron, entre los que destacan Casiodoro de Reina, autor de la primera edición de la Biblia del Oso, traducida en este monasterio y publicada en Basilea en 1559.

Estos monjes llenaron de colorido los blancos muros cistercienses desplegando sobre ellos una espléndida decoración con las bellas y simbólicas pinturas murales. Envolvieron con ellas la Sala Capitular, donde se conservan algunas escenas de la vida de San Jerónimo.

Frescos de la sala capitular de San Isidoro del Campo
Frescos de la sala capitular de San Isidoro del Campo. Escenas de la vida de san Jerónimo. Álvaro Bermúdez

Cubrieron el Refertorio con obras de rasgos italianianizantes. Enriquecieron con paneles de motivos mudéjares y figurativos el Patio de los Evangelistas y el Claustro de los muertos, que al convertirse en camposanto de los nuevos habitantes, de algunos miembros de la familia Guzmán y algunos burgueses acomodados, recibe las donaciones para realizar altares votivos. Aquí se conservan también paños de azulejos de arista del siglo XVI.

Frescos del Claustro de los Muertos
Frescos del Claustro de los Muertos. Monasterio de San Isidoro del Campo. Álvaro Bermúdez
Árbol de la vida. Fresco en el Patio de los Evangelistas
Árbol de la vida. Fresco en el Patio de los Evangelistas. Álvaro Bermúdez

La hermosa composición mudéjar de la portada desde la que se accede actualmente al edificio, realizada por Diego Quixada y su hermano, a finales del siglo XV, es una de las obras más notables del mudéjar sevillano.

Portada gótico-mudéjar de San Isidoro del Campo
Portada gótico-mudéjar del Monasterio de San Isidoro del Campo Fuente.

En el siglo XVI se levanta la espadaña y se construye el Claustro de los mármoles, destruido en el siglo XIX, cuando la revolución de la Gloriosa causó una importante herida al monasterio, como los balazos y cuchilladas que aún se pueden ver en las pinturas murales del Patio de los Evangelistas.

5 –La Orden de los Jerónimos. Desde 1568, una vez sofocado el movimiento reformista, la decoración del monasterio respira un clasicismo enfocado a las directrices del Concilio de Trento. Se reforman las iglesias uniéndolas en los primeros tramos, para albergar las reliquias de San Eustaquio, se renueva la solería del presbiterio de la primera iglesia con mármoles romanos de la vecina Itálica.

Se levantan los retablos de las iglesias. Una de las joyas del monasterio es el retablo mayor de la primera iglesia realizado entre 1609/13. Obra cumbre de Martínez Montañés que esculpió también los enterramientos de los patronos, que son dos de las tres únicas piezas no religiosas que realizó este escultor (figura esencial en la Semana Santa de Sevilla).

El retablo y toda la escultura que lo cubre son una obra maestra que convierten al Monasterio de San Isidoro del Campo en un punto esencial de la obra montañesina.

San Jerónimo. Martínez Montañés
San Jerónimo. Martínez Montañés. Monasterio de San Isidoro del Campo Fuente

También se reforma la sacristía donde se encuentra una réplica de la Virgen de la Antigua, pinturas murales de influencia italiana y un retablo rococó. En el Reservado contiguo a la sala capitular sorprende de nuevo la notable mano de Martínez Montañés en un pequeño retablo. Todo este minúsculo espacio esta cubierto por frescos de claro estilo italiano.

De lenguaje barroco son los retablos laterales de la primera iglesia y el retablo mayor de la segunda. En los muros laterales de la segunda iglesia descansan, entre otros miembros de la familia Guzman, Juan Alonso el Batallador, fallecido en 1351, y su segunda esposa Urraca Osorio, promotores de esta iglesia.

De ella como reza en la lápida, descansan aquí sus cenizas junto con las de Leonor Dávalos su dama de compañía. Dávalos murió quemada con su señora para evitar que el aire al levantar las ropas de su ama, dejara al descubierto sus piernas. Doña Urraca ardió en la hoguera, por orden de Pedro I “el Cruel” en 1367, con sólo 33 años, por atreverse a discutirle unas tierras.

Tumba de Urraca Osorio. Segunda iglesia del Monasterio de San Isidoro del Campo
Tumba de Urraca Osorio. Segunda iglesia del Monasterio de San Isidoro del Campo. Álvaro Bermúdez

Antes de visitarlo (sobre todo si vas en grupo) aconsejamos una llamada al tfno. 955624400, donde informan sobre los horarios. La visita es gratuita.

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