Cracovia, cruzada por el río Vístula, es una de las ciudades más bellas e importantes de Polonia. Localizada en el sur del país, muy cerca de la frontera con República Checa, Cracovia ya no es, como antaño, la capital estatal, pero sigue siendo indispensable para entender la historia polaca, además del principal atractivo turístico del país.

Con 750.000 habitantes Cracovia es, como Gdansk también en Polonia, o Amberes en Bélgica, una ciudad que no ha crecido demasiado y mantiene su esencia reconocible. Tras haber sido capital de Polonia (cuyo centro del poder era Wawel) hasta que, en 1569, el rey Segismundo III trasladó la corte a Varsovia, atesora un bellísimo legado cultural que la convierte en una de las ciudades más interesantes de Europa. Es, además, uno de los destinos europeos más baratos que hay.

Parte de su fama y su interés turístico está ligado a algunos de los momentos más oscuros de la historia europea. En Cracovia tenía su fábrica Oskar Schindler, popularizado en “La Lista de Schindler” de Steven Spielberg, y a unos 70 kilómetros los nazis levantaron el campo de exterminio de Auschwitz, dos lugares que de por sí son motivo suficiente para un viaje que, recomendamos, dure un mínimo de tres días.

El casco antiguo de Cracovia

El casco antiguo, o stare miasto (ciudad antigua) de Cracovia es la parte más bonita de la ciudad y una de las que más fama le otorga. En esta zona el viajero puede observar un ligero aire hanseático en algunas casas, y es que la ciudad formó parte de esa liga comercial (la Hanseática) que hizo de centrifugadora cultural en la Europa medieval y que dejó rasgos todavía reconocibles de Bélgica a Estonia. Su zona más interesante está casi completamente rodeada por un parque que hace de cinturón verde, que de algún modo demarca y protege la parte más bonita de Cracovia.

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El parque “Planty” que rodea el casco antiguo de Cracovia Foto

La plaza del Mercado es el centro neurálgico del casco antiguo. Esta plaza de Cracovia es una de las plazas más grandes de Europa y en su centro está la Lonja de los Paños, donde los comerciantes realizaban sus intercambios en ese nodo comercial hanseático que fue la ciudad. Es un precioso edificio, testimonio de la riqueza comercial de antaño, que todavía atrae a propios y extraños a su alrededor e interior, pues sigue en pleno funcionamiento.

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La plaza del mercado, con la Lonja y la torre del Ayuntamiento detrás, desde la Basílica de Santa María Foto
Cracovia no es una ciudad para conocer en un día, merece la pena descubrirla con tranquilidad, olerla, saborearla y perderse en ella. Nuestro consejo si la visitáis es que os alojéis varios días cerca del centro. Esta lista de hoteles de Booking ofrece una buena oferta en el casco antiguo y alrededores con presupuestos para todos los bolsillos.
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El interior de la Lonja de los Paños Foto

La torre del Ayuntamiento, Ratusz en polaco, también destaca en la plaza con un estilo renacentista, y a unos 70 metros de altura el viajero puede disfrutar de una de las mejores vistas de Cracovia. En estilo gótico, la Basílica de Santa María alza sus dos torres asimétricas, según se dice, construidas por dos hermanos que compitieron por ver cuál de los dos hacía la mejor. Un templo en ladrillo que es bonito por fuera y un auténtico tesoro por dentro.

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La Basílica de Santa María vista desde la torre del Ayuntamiento Foto
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Bóveda y ábside de la Basílica de Santa María Foto

En una de las esquinas de la propia plaza el restaurante Wierzynek, uno de los más antiguos de Europa, sirve platos en un ambiente de la corte desde 1364; fue en el aquel año cuando Mikolaj Wierzynek preparó un gran banquete para la boda de la nieta del rey Casimiro. Resulta fácil sentirse allí como parte de la realeza.

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La Lonja de los Paños al anochecer Foto

La barbacana y mucho más

Visitando por el casco antiguo el visitante tiene la obligación de perderse un rato por las hermosas calles, degustar sus bares y parar en sus tiendas. La plaza del mercado es un lugar perfecto para comprar artesanía tradicional y sentarse en las cafeterías.

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La Puerta Florianska de Cracovia Foto

En su extremo noreste, el stare miasto termina en la puerta Florianska (de Florian), todavía con parte de la antigua muralla de Cracovia en pie, y que da acceso a la barbacana, una fortificación circular por fuera del recinto amurallado, hoy rodeada de árboles.

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La barbacana de Cracovia Foto

A lo largo y ancho de toda la zona dentro del cinturón verde del casco antiguo hay muchos más atractivos, y sería casi un pecado irse de Cracovia sin haber pateado todas estas calles. El teatro, el monasterio dominico, el Museo Histórico de Cracovia, la iglesia de San Andrés, el monumento a Copérnico en el Colegio Mayor (hoy museo universitario), donde estudió el astrónomo, o el Museo-Palacio Czartoryskich son lugares indispensables para una visita a fondo.

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Galería porticada del Colegio Mayor Foto
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Escultura a Copérnico en las cercanías del Colegio Mayor Foto

La colina de Wawel

Cuenta la leyenda que un dragón habitaba bajo la colina de Wawel y a diario dejaba su guarida para matar campesinos y devorar el ganado. El rey Krak ofreció a su hija en matrimonio para aquel que acabara con el terrible monstruo. Ningún caballero logró darle muerte con las artes de la guerra, fue un zapatero, con su ingenio, el que hizo explotar al dragón tras llenarlo de azufre. Como en toda buena leyenda de dragones y princesas, el zapatero se casó con ella y vivieron felices.

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La colina de Wawel, con el castillo en primera plana y la catedral detrás Foto

Con esta tradicional leyenda cuenta la colina de Wawel, que parece sacada de un cuento de hadas. Está pegada al casco antiguo y es, realmente, parte del mismo, pero no deja de ser un lugar al margen del stare miasto. En lo alto se alzan el castillo Wawel y la Catedral de San Wenceslao, lugar de residencia, coronación y sepultura de reyes Jagelones de Cracovia.

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La Catedral de San Wenceslao en Cracovia Foto
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Cúpula de la Catedral de San Wenceslao Foto

Desde la colina se accede a una gruta que la atraviesa hacia abajo, pasando por unas cavernas donde habitó el dragón de la leyenda. La cueva desemboca en un bonito paseo fluvial donde podemos ver una escultura del dragón escupiendo fuego a orillas del Vístula.

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El dragón de Cracovia escupiendo fuego Foto

Kazimierz, el barrio judío de Cracovia

Muy cerca del castillo sen encuentra la intrincada red de calles y callejas del barrio judío de Cracovia. En su origen fue una ciudad independiente que ordenó levantar el rey Casimiro en el siglo XIV. En ella vivieron judíos y cristianos durante siglos y se acabó convirtiendo en un distrito de Cracovia. Cuando la Alemania nazi conquistó Polonia en 1939, el horizonte se tornó oscuro para los habitantes de Kazimierz.

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Callejón de Kazimierz, usado en “La lista de Schindler” Foto

En 1941 Alemania comenzó a poner en marcha su solución final, el barrio se había convertido en un gueto y 60.000 judíos fueron enviados a campos de exterminio. De aquellos días sombríos queda parte de la muralla del gueto y la fábrica, reconvertida en museo, de Oskar Schindler, quien salvó alrededor de 1.200 judíos.

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Oficina de Oskar Schindler en su fábrica Foto

Con la lucha contra el control comunista a fines del siglo XX que trajo la vuelta de la democracia a Polonia y el estreno de la Lista de Schindler en 1993 la vida comenzó a resurgir en Kazimierz. Hoy es un barrio bohemio que mezcla lo moderno con lo tradicional judío con restaurantes kosher, sinagogas rehabilitadas y el Museo Judío de Galicia (región europea).

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Calle de Kazimierz en Cracovia Foto
Una visita a Kazimierz debería estar seguida por una a Auschwitz-Birkenau, campos de exterminio nazi. A 70 kilómetros de Cracovia, os recomendamos que vayáis a conocerlo con esta excursión de Civitatis que incluye guía en español, entradas a los dos campos y traslado de ida y vuelta.

Cracovia y sus alrededores

Cracovia, además del casco antiguo, tiene un precioso paseo fluvial. El Vístula corta la ciudad serpenteando y hay varias posibilidades para tomar un paseo en barco, desde donde el viajero tiene otros puntos de vista de algunos monumentos señeros, como el Castillo de Wawel. Al otro lado del Vístula frente a Kazimierz, la preciosa iglesia gótica de San José merece la pena el paseo.

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La Iglesia de San José de noche Foto

Hacia el oeste, una gran colina artificial domina por completo los alrededores. En mitad de un extenso parque, el Montículo de Kosciuszko fue levantado en 1820 para homenajear al héroe polaco Tadeusz Kosciuszko, que lideró un levantamiento contra la ocupación prusiana en el XVIII y luchó del lado de las Trece Colonias contra los británicos en la Guerra de Independencia estadounidense.

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El montículo Kosciuszko de Cracovia Foto
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Vistas desde el montículo Kosciuszko Foto

A unos 15 kilómetros al sudeste, las minas de sal de Wieliczka son uno de los grandes atractivos de la zona. Con una fama mundial que precede al lugar, estas minas cerca de Cracovia sorprenden con sus grandes y a veces hermosas cámaras que discurren a lo largo de 300 kilómetros, algunas en honor a Copérnico e incluso una capilla dedicada a Santa Kinga. Las minas son, qué duda cabe, una visita obligada si estás en Cracovia.

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Altar de Santa Kinga en las minas de Wieliczka Foto
Aunque hay muchas opciones para ir a Wieliczka, al encontrarse la localidad algo apartada os recomendamos ir desde Cracovia con la comodidad y tranquilidad de tenerlo todo preparado. Esta excursión de Civitatis incluye guía, entradas y traslado de ida y vuelta a Cracovia.
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Escena esculpida en sal en las minas de Wieliczka Foto

Siguiendo el Vístula y en el término del parque Bielany-Tyniec (donde también se encuentra el Montículo de Kosciuszko), hay una abadía (Tyniec) que sobresale en lo alto de una colina escarpada. La vista desde el río es espectacular y la visita merece la pena. Es un complejo fortificado del siglo XI que contiene las iglesias de San Pablo y San Pedro, un museo y las dependencias de los monjes.

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Abadía de Tyniec desde el Vístula Foto
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Fachada frontal de la Abadía de Tyniec Foto

Cracovia es una ciudad con encanto con mucho que ofrecer, incluso más de lo que hemos hablado, como el curioso barrio comunista de Nowa Huta. Sería un pecado visitarla sin ir a las minas de Wieliczka o a Auschwitz, del mismo modo que sería imperdonable hacer noche en Cracovia sólo para ir a los campos de exterminio. Hay mucho que ver y gran parte merece muchísimo la pena, por lo que os recomendamos pasar en Cracovia entre tres días y una semana para conocerla y disfrutarla en todo su esplendor.

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