Al norte de Polonia, a orillas del mar Báltico y atravesada por el río Motlawa, se encuentra Gdansk, una ciudad con un pasado esplendoroso y turbulento. En torno al año 980 allí se erigió una fortaleza para defender el golfo de Gdansk, alrededor de la cual comenzó a asentarse la población dando inicio a la vida de la ciudad.

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La fuente de Neptuno en el Mercado largo Foto

Situada en el área casubia (una cultura con su propia lengua) de Polonia, Gdansk siempre ha estado rodeada de vecinos codiciosos que se han disputado su posesión desde la Edad Media hasta la Segunda Guerra Mundial. Hoy forma parte de Polonia y es uno de los destinos turísticos, junto con Cracovia, más atractivos tanto del país como del mar Báltico.

Tras décadas de sufrir la opresión de unos y otros totalitarismos durante el siglo XX, Gdansk brilla con luz propia gracias a un pasado milenario en el que ha primado la apertura al exterior y la multiculturalidad. Una multiculturalidad que sus habitantes lograron mantener a pesar de las injerencias externas y que hace que hoy, Gdansk, siga siendo una de esas ciudades europeas que hay que visitar.

Basílica de Santa María

Alzada en ladrillo en 1343, es uno de los símbolos de la ciudad desde entonces. Tanto es así que la propaganda nazi elaboró panfletos con la imagen de la basílica cuando Hitler quiso recuperar Gdansk para Alemania, operación que dio comienzo a la Segunda Guerra Mundial.

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Vista de Santa María de Gdansk Foto

Santa María domina la ciudad y está entre los tres templos de ladrillo más grandes del mundo. Su fachada oscura y sus agujas aguamarina destacan en el urbanismo, pero siempre en armonía con el mar de casas que la rodea. La vista de la basílica desde lejos es, sin duda, una de las mejores estampas que un viajero puede llevarse de Gdansk, ya que parece una ciudad por la que no hayan pasado el tiempo ni las guerras.

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Órgano de la basílica Foto

Cualquier viajero se deleitará con su fachada, pero las amplias naves de la basílica atesoran algunas joyas que hacen obligada la entrada. Su interior contagia al visitante con su sencillez, y además de impresionantes vidrieras y altares, el órgano y el reloj astronómico destacan por su originalidad y belleza.

Museo del ámbar

Aproximadamente el 80% del ámbar que se conoce del mundo se encuentra en la región báltica y hay minas en varios de los países cuyas tierras dan al mar Báltico. En este lugar privilegiado, Gdansk se ha convertido en una ciudad con una excelente tradición de trato del ámbar, tanto es así que la llaman la capital del ámbar.

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El imponente edificio del museo del ámbar Foto

A lo largo de la ruta real (que recorreremos más abajo), hay joyerías donde venden joyas de ámbar, y aunque uno no acabe cayendo en la tentación de comprar, es difícil resistirse a la tentación de contemplar los escaparates.

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Escaparate exhibiendo joyería de ámbar Foto

Justo frente a la puerta dorada, donde comienza la Ruta real, hay un imponente edificio (fue cárcel) donde se encuentra el museo del ámbar. Cualquier interesado en este material debería visitarlo ya que encontraremos, además de valiosa información, un sinfín de muestras en bruto y objetos como guitarras o maquetas de barcos realizadas en ámbar.

Una opción muy económica para alojarse en Gdansk sin dejar de disfrutar un de un servicio de calidad es el Hotel Ibis Gdansk Stare Miasto. Además de un ambiente moderno y cuidado, el hotel está en el casco antiguo de la ciudad, muy cerca de los mayores puntos de interés.

Ruta real

La llamada ruta real de Gdansk está formada por dos de sus más famosas calles, conforman un paseo que no dejan indiferente a nadie. El camino comienza en la Złota Brama (Puerta dorada), cuya inscripción en latín reza “la concordia hace prosperar a los estados pequeños, la discordia los arruina”. Tras esta entrada, se abre ante el visitante una larga calle salpicada por casas nobiliarias que compiten en belleza.

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La puerta dorada Foto

En la primera calle, llamada Dluga (calle larga) se alzan casas del estilo típico de Gdansk, con fachadas estrechas ricamente ornamentadas. Entre ellas, destacan la de Zamek Lwi, Dom Uphagena, que contiene un museo de la vida burguesa, y la casa de los Ferber no merece menos admiración.

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La casa Uphagena Foto

Siguiendo la ruta a pie, Dluga desemboca en Dlugi Targ (mercado largo), donde se encuentran algunos de los edificios más importantes de Gdansk. En el comienzo de la calle el ayuntamiento ocupa un lugar especial. Un edificio en ladrillo oscuro estilizado por su torre del reloj. Aunque en la fachada del ayuntamiento hay otro reloj, esta vez uno solar que reza en latín: “las sombras son nuestros días”.

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Edificio del ayuntamiento Foto

El interior del ayuntamiento es la sede central del Museo histórico de Gdansk, por lo que su visita es obligatoria. Cualquier viajero interesado que conozca la historia de la ciudad se deleitará al pasear por sus calles, pero ninguna visita estará completa sin el contexto que siempre aporta recorrer los salones de un museo.

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Terraza del Stay Inn Hotel Foto

Otra muy buena opción para pasar unos días disfrutando de Gdansk es el Stay Inn Hotel. Además de contar con una de las mejores valoraciones de los usuarios, el Hotel tiene una de las mejores localizaciones posibles: en pleno casco antiguo con una terraza que da a la Basílica de Santa María.

Frente al ayuntamiento está la fuente de Neptuno, que de algún modo parece custodiar la casa de Artus, uno de los edificios más peculiares de la calle. La fachada está verdaderamente protegida, ni más ni menos que por Escipión el Africano, Temístocles, Marco Furio Camilo y Judas Macabeo; figuras que representan fortaleza y justicia, todas ellas coronadas por la diosa Fortuna en lo más alto. La casa está abierta a las visitas y es parte del museo histórico de Gdansk.

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La casa Artus custodiada por Neptuno Foto

Unos metros más abajo de la calle el viajero puede contemplar la Złota Kamienica (Casa de oro), otra de las casas más señeras de Gdansk. Su bella ornamentación la convierten en un atractivo turístico de primer nivel. Fue construida en 1609 por el alcalde, y se cuenta que el fantasma de su mujer aparece por sus vestíbulos diciendo: “Sé justo, no tengas miedo a nadie”.

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La casa de oro entre otras no menos bellas (la de fachada blanca) Foto

La ruta termina en la Puerta verde, un edificio proyectado para ser residencia de reyes polacos. Sin embargo ningún rey se llegó a alojar allí, con lo que la construcción ha tenido diferentes usos a lo largo de su historia. Ahora es parte del Museo Nacional, alberga exposiciones temporales y da paso a otro de los lugares más bellos de Gdansk: el muelle.

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La Puerta verde Foto

Paseo del muelle

Una vez acabado el paseo por la Ruta real, lo natural es cruzar la Puerta verde y llegar al paseo del muelle. Tomando el paseo hacia la izquierda, el viajero encontrará que otras calles que desembocan en el Motlawa también tienen puertas majestuosas.

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Vista del muelle de Gdansk de noche Foto

Todo el paseo es agradable y siempre presenta un aspecto muy cuidado. A unos cientos de metros del inicio del camino hay un edificio que resalta sobre el resto. Se trata de una grúa medieval de madera que fue la más grande de su tiempo. Está construida en la Puerta del Espíritu Santo y para Gdansk sigue siendo un motivo de orgullo.

El navío Soldek (a la izquierda) y la grúa (a la derecha) Foto

Frente a la grúa está atracado el Soldek, el primer buque construido por Polonia en los astilleros de Gdansk, en 1948. En su misma orilla está el museo marítimo de Gdansk, que cualquier amante de los navíos debería visitar. Aunque no se tenga planeado entrar al museo, a lo largo del muelle la ciudad también nos deleita con buques históricos amarrados, que seguramente harán las delicias de cualquier viajero.

Astillero de Gdansk

En 1980 Lech Walesa era un sencillo electricista que trabajaba en los astilleros de Gdansk. Pocos imaginaban que una década más tarde acabaría siendo el Presidente de la República de Polonia. En aquellos astilleros Walesa lideró el sindicato clandestino Solidaridad, que luchó contra el totalitarismo comunista y acabó por llegar a unas elecciones polacas que Gorbachov creía controladas.

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Los astilleros de Gdansk Foto

El sindicato Solidaridad plantó cara al comunismo en Polonia y acabaron consiguiendo el cambio a un régimen democrático en su país. Aunque los astilleros se encuentran de capa caída debido a la dura competencia internacional, sigue siendo uno de los lugares más emblemáticos para Gdansk, Polonia y Europa del Este.

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El monumento a los trabajadores caídos en 1970 fue una de las peticiones de Solidaridad en 1980 Foto

Gdansk, que siempre quiso ser libre y tuvo cierta autonomía (reconocida por los reyes polacos durante la Edad Media), consiguió algo más que la libertad. El sindicato Solidaridad contagió de energía al resto de países bajo el yugo de la Unión Soviética. Supuso un impulso renovador que contribuyó a la caída de la URSS, que devolvió a Europa del Este al mundo occidental.

Monumento a los defensores de Westerplatte

No muy lejos de los astilleros, ya dando al mar, está otro emplazamiento con un importantísimo valor histórico para Polonia y el mundo. En el acuartelamiento de Westerplatte de Gdansk comenzó, el 1 de septiembre de 1939, la Segunda Guerra Mundial cuando los alemanes comenzaron el bombardeo de este puesto defensivo. Hoy la península es visitable y está dedicada a la batalla de Westerplatte, con un recorrido explicativo y un gran monumento a los caídos en la batalla.

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Monumento a los caídos en Westerplatte Foto

Sin embargo lo peor para Gdansk aún estaba por llegar. Si el bombardeo y ocupación alemana no fueron poco, los soviéticos entraron en la ciudad arrasando lo poco que quedaba en pie tras el repliegue alemán. Al finalizar la guerra, en torno al 90% de la ciudad estaba completamente destruida o en estado ruinoso.

Los soviéticos expulsaron a la mayor parte de la población alemana y los nuevos pobladores (polacos, holandeses y de otras nacionalidades), junto con los vecinos que quedaban, reconstruyeron la ciudad piedra a piedra. Respetaron su esencia y aportaron su propia seña de identidad. Ellos fueron los responsables de la Gdansk que hoy conocemos, y gracias a su esfuerzo la ciudad parece haber resistido a los embates de los totalitarismos.

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