El Castel Nuovo es uno de los monumentos napolitanos que más relación guarda con España. Lo construyeron los angevinos en el siglo XIV, para reforzar su dominio de la ciudad infinita. Pero un siglo después fue renovado profundamente y esos cambios se debieron a Alfonso V de Aragón.

En el marco de esa renovación, una serie de arquitectos y escultores, italianos y aragoneses, construyeron la gran maravilla del Castel Nuovo: el arco triunfal de Alfonso V.

Los libros son, entre mis consejeros, los que más me agradan, porque ni el temor ni la esperanza les impiden decirme lo que debo hacer.

Alfonso V de Aragón, llamado El Magnánimo, era un hombre de su tiempo: un humanista aficionado a los libros, interesado por el progreso científico y por los valores clásicos. Y un enamorado de Italia, que no abandonó desde la conquista de Nápoles, y de la que, incluso, intentó ser rey.

Toda Italia era entonces un enjambre de artistas, literatos y pensadores que revoloteaban alrededor de mecenas como Alfonso. Refinadas cortes palaciegas brillaban en Florencia, en Rimini, en Urbino, en Venecia o en Milán. Cuando Alfonso se aposentó en el Castel Nuovo a esa lista selecta quiso añadir Nápoles.

El castillo era ya una poderosa fortaleza que había pertenecido a los Anjou, pero a mediados del quattocento empezaba a mostrarse obsoleto. Comenzaba la edad de la pólvora. El impacto de los nuevos cañones podía destruir con facilidad un torreón rectangular pero no tanto uno de planta circular. De ahí que Alfonso hiciera sustituir los cinco viejos torreones (la misma evolución se puede ver en el Castillo Sforzesco de Milán, y en muchos otros).

Cuando se instalaba en una ciudad una dinastía nueva latía siempre el peligro de la rebelión. Máxime siendo, como en este caso, una dinastía extranjera. A la primera crisis los napolitanos podían volverse contra los nuevos regidores, y ante este peligro Alfonso fue conservador. Con el Castel Nuovo diseñó una especie de ciudadela, abierta al mar pero cerrada a la ciudad y protegida de ella.

Aunque hoy la situación ha cambiado, el castillo no estaba entonces cerca del mar, sino directamente en el mar. En el napolitano Museo de San Martín se conserva una tabla, llamada Strozzi, que reproducimos a continuación. Ilustra bien lo dicho: desde el interior del Castel Nuovo de Alfonso V se podía acceder al mar.

Tabla Strozzi

El arco triunfal de Alfonso V, la verdadera joya del Castel Nuovo

Los hombres del Renacimiento tenían como referentes a los grandes héroes de la Antigüedad grecolatina.

Alfonso no iba a ser menos que Francesco Sforza, Segismundo Malatesta o Federico de Montefeltro. Quiso estar a la altura de otros mecenas y mandó construir, entre dos torreones de su castillo, un arco triunfal que es la verdadera joya del castillo, lo que lo hace único.

Fachada del Castel Nuovo

El arco incluye un evidente ensalzamiento de la nueva dinastía, pero también un ambicioso programa humanista de recuperación de los valores clásicos. El proyecto lo inició el taller del mallorquín Guillem Segrera, pero poco duró el intento de importar a Italia el Gótico catalán. Corrían nuevos tiempos. Segrera murió en 1456 y fue sustituido por Francesco Laurana, autor del impresionante Palacio Ducal de Urbino.

Alfonso siempre anheló convertirse en rey de Italia -y acabó odiando a Segismundo Malatesta por impedírselo en Piombino- y aquí, en su monumento, hizo que la piedra cantara su procesión de entrada en la ciudad como si fuera el triunfo de un Augusto o de un Julio César. Ellos eran sus modelos, mucho más que sus cercanos y prosaicos contemporáneos.

Arco de Alfonso V

En esa fachada está todo el Renacimiento: el uso del arco triunfal, la procesión que recuerda a las Panateneas del Partenón, los dioses fluviales que coronan el frontón curvo, la finura y el realismo de la escultura renacentista. Y como colofón, la referencia también al príncipe cristiano: quien corona el monomento no es Marte ni Apolo, sino San Miguel.

El interior del Castel Nuovo también guarda atractivos importantes

Aunque el interior no esté entre los imprescindibles de Nápoles, también es recomendable, si se dispone de tiempo, dedicarle una visita. Hay multitud de exposiciones, salas y patios, pero entre todo destaca la Capella Palatina (o Capilla Palatina) y la Sala dei Baroni (o Sala de los Barones).

La Capella Palatina es el único elemento que aún se preserva de la época angevina, del trecento italiano (nuestro siglo XIV). Se la conoce también como iglesia de San Sebastián, o de Santa Bárbara. Conserva una fachada, la que da al patio interno, con bellísimos relieves renacentistas, obra de Andrea dell’Aquila y del ya citado Francesco Laurana.

En el interior, iluminado por estrechas ventanas góticas, aún se pueden ver restos de unos frescos pintados por Maso di Banco. Son los que decoran la pared de la derecha. A la izquierda hay también varios frescos que fueron obra de la escuela florentina. Los que no se conservan, y es una verdadera pena, son los que se sabe que pintó Giotto alrededor del año 1330.

Bóveda estrellada de Guillem Segrera

La Sala dei Baroni se ha llamado también Sala del Trono y Sala Mayor. No es difícil averiguar cuál era su función. En cierto momento estuvo decorada por un programa de frescos, obra de Giotto, que representaban a figuras ilustres de la Antigüedad como Eneas, Aquiles, Héctor, Hércules o Salomón. De haberse conservado estaríamos hablando de una de las grandes joyas del Renacimiento italiano, pero no queda ninguno.

Lo que sí permanecen son los cambios que le dio a la sala Guillem Segrera, entre los cuales destaca una preciosa cúpula, con diseño estrelladado, coronada por un óculo luminoso. Y una buena colección de obras de arte de esta época alfonsina, como la escalera helicoidal que da acceso a la cúpula, a la que llaman scala catalana.

Notables son, por último, la Capella di San Francesco di Paola y la barroca y muy española Capilla del las Almas del Purgatorio.

Horario y precio del Castel Nuovo y tres consejos para la visita.

El Castel Nuovo abre todos los días. De lunes a sábado permanece abierto de 8:30 a 19:00, y los domingos de 10:00 a 14:00. El billete de entrada cuesta 6€ y hay disponibles varias opciones para le billete reducido.

§1. En todo caso, conviene visitar la web oficial del Comune di Napoli para evitar sorpresas de última hora.

§2. Dado que muchas veces vamos cortos de tiempo o preferimos ver otros de los muchos atractivos napolitanos, no es mala idea contratar una visita guiada por la ciudad, a pie (ideal, entre otros, para cruceristas) o en autobús turístico.

Te llevarán a la Piazza Munizipio y a las puertas del Castel Nuovo, donde podrás apreciar la arquitectura exterior y la belleza del arco triunfal.

§3. Y si de has quedado tan prendado del castillo que no quieres dejar de verlo durante toda tu estancia en Nápoles, haz una reserva en I Giardini del Re (Los jardines del rey, en español). Se trata de un hotel (maravilloso, por otra parte) situado a doscientos metros del Castel Nuovo. Verás desde tu balcón la fachada principal.

Y si quieres saber más, tres recomendaciones para seguir leyendo.

Si la lectura de este post te ha despertado el apetito de adentrarte más en la época y en los temas aquí tratados (cosa que nos haría mucha ilusión) te dejamos varias recomendaciones:

§1. Si tienes curiosidad por los cambios ocasionados por la aparición de la pólvora, como los aquí mencionados (la sustitución de los torreones cuadrados por los circulares) lee La edad de la pólvora, un libro tremendamente atrayente que, según Jared Diamond, «es una lectura indispensable para los debates sobre la historia universal, y excitante, dramático y atractivo como una novela

§2. Si te atraen las tramas novelescas de rivalidad entre reyes y príncipes, te gustarán El Príncipe desvelado y Sangre de Abril. El primero se centra en la rivalidad entre Segismundo Malatesta, Federico de Montefeltro, los Medici, Alfonso V y el Papa. El segundo narra la Conspiración de los Pazzi, un intento de acabar con los Médici en Florencia en el que estaba implicado nuestro querido Alfonso V.

§3. Si lo que quieres es profundizar en los significados filosóficos y religiosos del arte renacentista, te recomendamos Los misterios paganos del Renacimiento. Léelo y te convertirás en un refinado experto en estos menesteres.

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