Dueño del imperio más grande de Europa, un imperio heterogéneo, tanto por los idiomas que se hablaban (flamenco, francés, castellano, catalán, alemán…), como por la distancia geográfica entre los territorios, o por las concepciones políticas tan diferentes y la rica disparidad de identidades culturales.

Durante casi cuatro décadas, desde 1516 cuando se corona rey de las Españas, hasta poco antes de su muerte en 1558, en un empeño titánico por gobernar tan extensos territorios, viajó con su corte itinerante de manera incansable, practicó la política de los hombres del Renacimiento y cabalgó por el campo de batalla como un caballero medieval. Luchó contra el empuje del islam y por la unidad de la Iglesia, en un intento infructuoso por reafirmar en Europa la herencia católica de sus abuelos.

En lo personal, extrovertido, sensual, amante de la buena mesa, culto y curioso. Tuvo importantes problemas familiares con su hermano Fernando, que pudo disputarle el dominio de Castilla y al que envió rápidamente a Alemania, y con su madre, una reina molesta a quien mantuvo en su encierro de Tordesillas, con la misma mano firme que su abuelo Fernando el Católico, ayudando a escribir una oscura y triste página de la historia moderna de España.

Amó a su única esposa, Isabel de Portugal, extraordinaria Gobernadora de Castilla en las ausencias del Emperador. Su muerte, acaecida en 1539, le sumió en una importante depresión. Carlos murió en Yuste, desencantado y enfermo, rodeado de atlas, brújulas, relojes y obras de arte. Aunque nunca perdió interés por sumar victorias y riquezas a sus dominios. EL historiador Domínguez Ortiz, nos habla de esto último en su libro España. Tres milenios de Historia:

El epílogo de Yuste se conoce hasta ahora en sus menores detalles; el señor de ambos mundos, aquejado de la gota, apenas se mueve de sus modestos aposentos. Acompaña con frecuencia a los monjes en el coro y el refectorio, pesca en un reducido estanque. Y su mesa sigue estando tan bien provista de viandas como siempre. Sigue el curso de los acontecimientos mundiales, se alegra de la victoria de San Quintín, exige a su hijo que se castigue a los herejes. También le indignó mucho que los oficiales de la Casa de Contratación de Sevilla entregaran a sus dueños un gran cargamento de plata al que él ya había echado los tejos. Genio y figura…

Primer retrato de Carlos de Gante armado

Carlos V con una espada a la edad de siete años. Anónimo (1508)
Carlos V con una espada a la edad de siete años. Anónimo (1508)

El retrato anónimo del futuro emperador, que cuelga de las paredes del Schloss Ambrass Innsbruck nos da una idea clara de la influencia de su abuelo Maximiliano I de Austria, y de la educación caballeresca borgoñona que recibió, que marcaría de manera determinante la vida de este niño.

Es el primer retrato conocido del nieto de los Reyes Católicos con armadura, y posiblemente una de las primeras representaciones de un niño armado. Armadura de montar, que tiene en la decoración festones de crestería en el borde de las piezas, que sirven para delimitar las anchas bandas lisas, muy en la línea de las usadas por su abuelo Maximiliano.

El collar del Toisón de Oro, que pasará con el tiempo a formar parte de la decoración de sus armaduras, aquí lo vemos aún independiente de la misma.

Retrato de la familia de Maximiliano I de Habsburgo

 Retrato de la familia del emperador Maximiliano I
Retrato de la familia del emperador Maximiliano I . Fuente

Nació en Gante (ciudad maravillosa, de la que hablamos en nuestras diez escapadas culturales por Europa) el 24 de febrero de 1500. Educado por la familia de su padre, antes de cumplir un año fue nombrado Duque de Luxemburgo y Caballero de la Orden borgoñona del Toisón de Oro. La temprana muerte de su padre lo convirtió en heredero de los Paises Bajos, cuya regencia asumieron su abuelo Maximiliano I de Habsburgo y después su tía Margarita de Austria.

Bernhard Striegel, retratista de la corte de Maximiliano I, pintó en 1515 este retrato que presenta a la familia imperial como miembros de la familia de Cristo. Así vemos en las cartelas que Maximiliano aparece como Cleophas.Frater Carnalis.IO/Sephi:Mariti Divae.Vir.María (Cleofás, hermano carnal de José; marido de la divina Virgen María), María de Borgoña es María de Cleofás, Felipe el Hermoso es Santiago el Menor y Carlos V, Simón Zelotes.

Cambios de imagen a la vista del Imperio

Carlos V
Carlos V. Fuente

Este otro lienzo de Jan Vermeijen, “El Barbudo”, pintor del Renacimiento holandés, fechado en 1530, retrata al recién coronado Emperador. Vemos un cambio de aspecto notable. Hasta esta década, o finales de la anterior, los retratos de Carlos, habían sido siempre a la manera flamenca, de medio cuerpo, nada idealizados, dando un protagonismo importante al primer plano y de pequeño tamaño.

Con la cercanía de la coronación como Emperador, Carlos de Gante se deja crecer la barba, como signo de autoridad por influencia persa, cambia el peinado al modo romano, y a pesar de que el retrato mantiene el formato del primer plano, la idealización de su rostro es evidente.

A partir de su coronación en Bolonia, se fraguará la nueva imagen del Emperador, en busca de una magnificencia que deje clara la grandeza del personaje y su poder político. El momento artístico en Italia lo puso más fácil. Decir Renacimiento italiano es decir Antiguedad Clásica, idealización y engrandecimiento de las figuras públicas.

Hay una interesante descripción literaria del emperador. El humanista Paulo Giovio en su Historia, lo describe así:

Tenía el emperador…un rostro claro y transparente, muy lindo, con la color quebrantada como una plata. Los ojos zarcos y suaves… compuestos a una cierta noble honestidad, y varonil modestia. La nariz un poco aguileña…La barbilla un poco salida a fuera (lo que le quitaba un no se qué de gracia), pero dávale grande autoridad tenerla cubierta de una grande y roxa barba”.

La imagen de Carlos I de España y V de Alemania le acercaba a la idea del César de la Antiguedad romana. A partir de aquí el arte nos muestra toda la grandiosidad que Hernando de Acuña reflejara en su poema, del que la historiografía ha extraido una frase que resume certeramente esta idea: un monarca, un imperio y una espada.

Habrá que esperar al gran Tiziano para ver nacer esa imágen del César que nos dejaron sus retratos.

Primera mirada de Tiziano

Carlos V con un perro. Tiziano, 1532
Carlos V con un perro. Tiziano, 1532. Fuente

Tiziano hizo tres retratos a Carlos V. Este es el primero, realizado hacia 1532. En esta fecha, Carlos llevaba más de diez años como rey de España y tres como Emperador de Alemania. El maestro veneciano nos presenta a un hombre joven, empezando un proyecto que se convertiría en abrumador. No hay aquí ningún símbolo militar, ni de poder; sólo el perro, que podemos entender como símbolo de la fidelidad de un pueblo, acariciado por su rey. Vestido de cortesano, elegante como cualquier civil de la alta sociedad de la época, al cuello eso sí, su inseparable Toisón de Oro.

Este es un hombre que vive en plena etapa modernizadora, influenciado por el aperturismo liberal del Renacimiento italiano y el reformismo de los Paises Bajos. En el ámbito intelectual le llegan los ecos de Boscán, Erasmo, Garcilaso y su mirada a Petrarca, tan presente en la vocación humanista de recuperar para Italia la grandeza del imperio romano. Un camino ya madurado por Tiziano, cuya presencia ante el emperador estuvo auspiciada por su hermana María, gran mecenas y quizás la mente más valiosa de la familia.

En este retrato, su figura se adelanta iluminada, saliendo de la oscuridad. La suave combinación de los colores, propia de la maestría de Tiziano, mezcla el beige y el amarillo cálido con el nácar, suavidad que envuelve con elegancia la figura y muestra una imagen del rey abierta y cercana, cercanía a la que ayuda una esbozada sonrisa. Este es el primer retrato de cuerpo entero realizado por el pintor veneciano.

Aunque los historiadores no se ponen de acuerdo, (hay algunos que aseguran que es justo al contrario), parece ser que esta obra es una variante del cuadro original realizado por el alemán Jacob Seisseneger, conservado en el Kunsthistorisches Museum de Viena, que en cualquier caso, Tiziano supera de largo.

El César a caballo

Carlos V
Carlos V . Fuente

En el Museo del Prado se encuentra este emblemático retrato pintado por Tiziano en 1548 por encargo de su hermana María de Habsburgo. Carlos V, emperador victorioso frente a los protestantes alemanes, en la batalla de Mühlberg. Esta es la imagen dinástica por excelencia de la casa de Austria

El Rey y Emperador aparece como un soldado de Cristo en defensa de la cristiandad atacada por los protestantes. Parece una composición sencilla, pero esconde una complejidad simbólica importante. Vemos al Monarca en su doble condición; como caballero cristiano y como heredero de la tradición imperial romana. Ejemplo de ello es la lanza que sostiene con su mano derecha y que siendo el símbolo del poder de los césares, también hace referencia al arma de San Jorge y a la lanza que portaba Longinos durante la Pasión de Cristo. La armadura que luce se conserva, y se puede ver en la Armería Real del Palacio Real de Madrid.

Tiziano combina aquí una doble propaganda política: el ideal caballeresco, que se puso de moda en el Otoño de la Edad Media, en los siglos XIV y XV, con la idea del César Imperial romano, recogida en la estatua ecuestre del Marco Aurelio Capitolino

Incluso los efectos atmosféricos y el paisaje podrían tener un significado simbólico. Fernando Checa, en su Carlos V, a caballo, en Mühlberg, de Tiziano, nos lleva a fijarnos en el río que se insinúa entre los árboles, y lo compara con el Elba, en los límites del Imperio, que Carlos tuvo cruzar durante la batalla para contener a las tropas rebeldes. Aquí las fuentes clásicas cristianizadas ponen en paralelo a Carlos con Julio César. El nuevo César cruza el Elba, como el antiguo César cruzó el Rubicón, y mientras el César pagano pronunció tras la batalla la célebre frase: “Vine, vi, vencí”, Carlos dedica la victoria a Dios: “Vine y vi, y Dios venció”

El rostro, serio e impasible, nos traslada la imagen del poder; distante, invicto, señor de medio mundo.

Carlos V en Yuste

Carlos V en Yuste
Carlos V en Yuste. Fuente

Del mismo año, 1548, es el tercer retrato que Tiziano hizo del Emperador, conservado en laDie Pinakotheken im Kunstareal München. Pero aquí vemos otro Carlos V, parece preparado para dejar el poder. Trasmite a la perfección el fin de su época. Tiziano pintó el anterior retrato, símbolo del poder, practicamente al mismo tiempo que éste, que no puede ocultar la decadencia del mismo.

Carlos V está sentado en un sillón, viejo, cansado; sus piernas están hinchadas por la gota. Vuelve a vestir como un elegante civil, pero ha dejado la alegre vestimenta de cortesano. Vestido de negro, con alzacuellos, abrigo y guantes, protegiéndose del frío del monasterio, como se protege del frío emocional que le provocan las múltiples cargas imperiales. Alineada con su pierna izquierda, vemos una especie de vara que dista mucho de ser una espada; es un bastón que le ayuda a mover su cansado cuerpo.

En un rincón, apoyado junto a una esquina que deja a su espalda un pálido paisaje, rendido ante la evidente derrota del sueño de construir un imperio cosmopolita y abierto al mundo. Todo en este cuadro hace presagiar lo que siete años más tarde sucedió. El último emperador coronado del Sacro Impreio Germánico abdicó, dejando el Imperio a su hermano Fernando, y los reinos a su hijo Felipe II, a quien la historia recordaría como “El Prudente”.

Su retiro en Yuste propició visitas de muchos personajes de la corte, en busca de consejos e influencias. Utilizaron unas modestas dependencias que habilitaron para recibir al ilustre huésped. Hoy el Monasterio está abierto a visitantes que llegan tras la brillante estela de Carlos V, y varias rutas recorren algunos de los caminos marcados por el Emperador.

Muchos otros pintores se ocuparon de inmortalizarlo, pero la imagen de César Imperial, poderoso señor de inmensos territorios en el viejo y el nuevo mundo, la sellaron para la historia los pinceles de Tiziano.

Los emperadores

Para cerrar este recorrido por la imagen de Carlos V no podíamos pasar por alto la de su esposa, figura clave no sólo en su vida personal, sino de manera importantísima en su figura política. La deuda del Emperador con su esposa fue enorme.

En el Palacio de Liria de Madrid hay un lienzo firmado por Rubens, fechado en el siglo XVII, que es una copia de otro desaparecido que pintó Tiziano.

Carlos V e Isabel de Portugal
Carlos V e Isabel de Portugal. Fuente

Poco sabemos acerca del original. Parece ser que el pintor nunca conoció a la Emperatriz, y por lo que vemos en este lienzo, el Emperador aparece ya mayor y la mirada de ambos está cargada de melancolía.

El carácter de Carlos, estaba marcado por una debilidad psíquica que le hacía parecer indolente y falto de voluntad. Isabel le aportó paz y equilibrio.

Si bien es cierto que el matrimonio se celebró por intereses económicos y políticos, y que la fama de mujeriego de Carlos de Gante era bien merecida, tenía cuatro hijas de cuatro amantes distintas. Cuando se conocieron, dos horas antes de la boda en Los Reales Alcázares de Sevilla, el flechazo fue mutuo, y en trece años que duró el matrimonio, la pareja fue todo lo feliz que el gobierno de un imperio les permitió.

Imborrable fue la huella que dejó este amor en Carlos, y el dolor por su temprana muerte que arrastró el resto de su vida. Según los cronistas de la época, mucho tuvo que ver esta pérdida en el abandono progresivo de sus ansias de gloria y en la decisión de su abdicación. Alfredo Alvar, en su libro La emperatriz, que os recomendamos vivamente, desvela algunas claves importantes acerca de esta mujer fascinante, a la que tanto le debe la dinastía de los Austrias y la consolidación de España como un estado moderno.

Cuentan que el 1 de mayo de 1539, cuando murió la emperatriz Isabel, con apenas treinta y seis años, no había forma de separar de su cuerpo a su viudo Carlos V, y que este cayó en tal depresión que tuvo que retirarse al monasterio jerónimo de La Sisla. El emperador nunca volvió a casarse, ni superó su muerte

Superada o no, es cierto que el Emperador aún tuvo fuerzas y ánimo para dejar un hermanastro varón a su heredero Felipe II. El extraordinario Juan de Austria, hijo bastardo de Carlos V con su amante Bárbara Blomberg. La coincidencia de los hermanos en la corte filipina escribiría páginas brillantes en la historia española.

No sólo las artes plásticas se ocuparon de la figura del Emperador. Mucho se ha escrito acerca de este personaje clave en el devenir histórico de España. Desde aquí os recomendamos la que nuestro juicio es una de las mejores biografías de Carlos V, la escrita por Manuel Fernández Álvarez, Carlos V. Un hombre para Europa.