La del Quirinal es la más alta de las siete colinas de Roma, una de las más extensas, y también una de las más interesantes para el paseo. Recibe su nombre, según la leyenda, del dios Quirino, venerado por la tribu de los Sabinos. Sus más importantes monumentos antiguos fueron un templo dedicado a Marte construido en época de Augusto, otro dedicado a Serapis, de época de Caracalla; y dos enormes conjuntos termales que se construyeron durante los reinados de Diocleciano y Constantino.

La Edad Media trajo consigo el abandono y la ruina de muchos de estos edificios. En el siglo XVI, Hipólito d’Este y el papa Pio IV iniciaron su reurbanización, que fue coronada ya en el Barroco por Sixto V, impulsor de muchos de sus grandes monumentos.

Nuestro paseo nos llevará desde la zona más alta de la colina, sobre las estaciones de metro de Repubblica y Barberini, hasta la via del Corso. Veremos, entre otras cosas, lo siguiente:

  • Una iglesia renacentista construida por Miguel Ángel sobre las termas de Diocleciano.
  • Una escultura que podríamos considerar la obra maestra de Gian Lorenzo Bernini y de todo el Barroco.
  • Dos iglesias que demuestran los genios opuestos de Bernini y Borromini.
  • Uno de los grandes museos de Roma en un palacio que es por sí mismo una joya de la arquitectura.
  • Una plaza elegante, monumental y con preciosas vistas de Roma.
  • Uno de los lugares más visitados de la ciudad y uno de los grandes iconos turísticos de todo el mundo.

En torno a la Plaza de la República

Fuente en Piazza Repubblica
Fuente en Piazza Repubblica. Fuente

A menos que tengamos el hotel en plena colina del Quirinal, la mejor manera de llegar hasta allí es en metro, y las mejores paradas son las de Repubblica y Barberini. Nosotros nos bajamos en la primera de las dos para poder admirar la iglesia de Santa Maria degli Angeli, primera parada del itinerario.

Santa María de los Ángeles

Nave central de Santa Maria degli Angeli
Nave central de Santa Maria degli Angeli. Fuente

En 1541, el monje siciliano Antonio del Duca tuvo una visión en las ruinas de las termas de Diocleciano, uno de los pocos edificios romanos que se conservaban en el Quirinal y que no habían sido hasta entonces reutilizados. En realidad, Del Duca llevaba media vida persiguiendo la construcción de una basílica cristiana en honor a los mártires cristianos (muchos de los cuales, se decía entonces para apoyar la obra, participaron en la construcciones de dichas termas).

El papa Pio IV aprovechó el ímpetu popular y encargó a Miguel Ángel el proyecto. Su solución fue genial: dejó el exterior intacto y convirtió el interior en una enorme y diáfana basílica con planta de cruz griega que desafía y sorprende a partes iguales. Es una de las pocas iglesias romanas que conservan su aspecto renacentista, a pesar de las intervenciones de Luigi Vantivelli en el siglo XVIII, y una de las pocas iglesias sin fachada que podemos encontrar (su entrada es una exedra romana y toda su planta ocupa el antiguo frigidarium).

Santa Maria dela Victoria

Éxtasis de Santa Teresa
Éxtasis de Santa Teresa. Fuente

Seguimos al frente por la via Vittorio Emmanuele Orlando hasta llegar a la Piazza di San Bernardo, donde nos detenemos para entrar en la pequeña basílica de Santa Maria della Vittoria. Entramos sigilosos y nos deslizamos hacia la Capilla Cornaro, dominada por esa joya intemporal que es el Éxtasis de Santa Teresa de Gian Lorenzo Bernini.

En la misma plaza, nos detenemos a admirar la elegantísima fachada de la Iglesia de Santa Susana, obra de Carlo Maderno.

Le Quattro Fontane

Tomando la via XX Settembre llegamos pronto a la intersección conocida como Le Quatro Fontane (las cuatro fuentes), con las cuatro estatuas manieristas que representan a los ríos Tíber y Arno y a las diosas Diana y Juno. Todas las vías que aquí confluyen se abrieron por orden de Sixto V, que abordó como decíamos una importante renovación urbanística en el Quirinal, y las adornaron algunos de los mejores artistas de la época: Domenico Fontana y, probablemente, Pietro da Cortona. Comprobamos que en Roma es difícil distinguir cuándo se está dentro de un museo y cuándo fuera.

San Carlo alle Quattro Fontane
San Carlo alle Quattro Fontane. Fuente

Justo en una de las esquinas de esta intersección surge otra iglesia de obligada parada: la rompedora y genial San Carlo alle Quattro Fontane, de Francesco Borromini, con sus frontones interrumpidos y su diseño curvilíneo y ondulado que se funde con la propia trama urbana.

Galería Nacional de Arte Antiguo en el Palacio Barberini

Exterior del Palazzo Barberini
Exterior del Palazzo Barberini. Fuente

Antes de seguir hacia la zona baja del Quirinal, nos desviamos a la derecha, por la via delle Quattro Fontane, y entramos en el Palacio Barberini, una de las dos sedes (la principal, hay que añadir) de la Galería Nacional de Arte Antiguo.

Formidable palacio, construido en la misma época que la iglesia de San Carlo (esto es: mediados del XVII), fue obra de Maderno, Borromini y Bernini, que se turnaron en el diseño de la fachada exterior y de varios espacios interiores.

Con obras de Rafael, Tintoretto, Tiziano, Lippi, Holbein, Poussin o Caravaggio, es uno de las grandes museos de Roma. Una de sus grandes joyas es el gran salón decorado al más puro estilo del ilusionismo barroco por Pietro da Cortona.

San Andrés del Quirinal

Sant'Andrea al Quirinale
Sant’Andrea al Quirinale. Fuente

Volviendo tras nuestros pasos y tomando ahora la via del Quirinale, sólo tenemos que avanzar unos pasos para que nos vuelva a asaltar Gian Lorenzo Bernini, celoso de la admiración que antes le prestábamos a la iglesia de su gran rival.

Nos topamos aquí con una de sus obras –arquitectónicas– más queridas. Sant’Andrea al Quirinale es una elegante obra maestra que vuelve a poner de relieve el genio del arquitecto. La iglesia tiene planta oval, pero está dispuesta de tal modo que la entrada y el altar ocupan el eje menor. De este modo, cuando entramos, nos situamos inmediatamente en el centro del edificio, y todo nos parece amplio y espacioso.

Salimos pensando que la competencia entre Bernini y Borromini fue una suerte para Roma.

Plaza del Quirinal

Piazza dell Quirinale
Piazza dell Quirinale. Fuente

Por la misma via del Quirinale nos asomamos finalmente al límite meridional de la colina: la Piazza del Quirinale, donde está el imponente Palacio del Quirinal, obra también de Carlo Maderno y sede actual de la Presidencia de la República Italiana. Aquí, cada día, a las 15:00h, se produce un llamativo cambio de guardia, no tan espectacular como el londinense pero interesante de ver si cuadran los horarios.

El interior es visitable sólo los domingos y tiene una interesante colección de espacios, obras de arte y jardines. Por hoy nos contentamos con asomarnos al mirador de la plaza, desde donde vemos excelentes vistas de la ciudad, con la gigantesca cúpula del Vaticano dominando el skyline, y admirar las estatuas de Cástor y Pólux que se encuentran en el centro de la plaza.

Fontana de Trevi

Bajamos por la via della Dattaria y tomamos la via di San Vicenzo, abandonando el ambiente sereno de la plaza y entrando ahora en una zona bares, restaurantes y locales turísticos. Todo el mundo va en la misma dirección, pues estamos a unos metros de uno de los grandes iconos de Roma.

Fontana di Trevi
Fontana di Trevi. Fuente

La más grande, la más ambiciosa y la más conocida de las fuentes de Roma, eso es la Fontana de Trevi, capaz de atraer turistas en peregrinación en una ciudad que tiene un monumento único literalmente en cada esquina.

La fiebre es lógica, pues la Fontana consigue transmitir todo lo que de exitoso tuvo el Barroco. Es enorme, pero al estar recluida en una plaza muy pequeña la sensación de sorpresa es impagable. Es una maravilla teatral, que parece en continuo movimiento a la espalda del elegante Palacio Poli.

Hacia la Via del Corso

Salimos de la Fontana por la via delle Murate, y esquivando el mar de turistas giramos a la izquierda para tomar la via degli Vergini y posteriormente la via del Architetto. Paseamos por la alargada y formidable Piazza degli Santi Apostoli, con la Basílica del mismo nombre a un lado y al otro el Palacio Odescalchi, cuya fachada fue diseñada por Bernini. Y terminamos nuestro recorrido prácticamente a los pies de Piazza Venecia, ante el colosal monumento a Vittorio Emmanuele que antes atisbábamos.

Desde aquí podemos tomar la propia Via del Corso hacia Piazza del Popolo, con todas sus tiendas y galerías de arte y monumentos a mano izquierda (el Panteón está varias calles, la Piazza Navona un poco más allá) o tomar el camino contrario: la via dei Fori Imperiali hacia el Coliseo. O sentarnos a descansar y a degustar el paseo.