Durante la Edad Media, en la Península Itálica se mantuvo, mucho más viva que en Francia y en el resto de Europa, la tradición romana clásica, enriquecida con las aportaciones del Imperio bizantino y favorecida por el mayor dinamismo de sus ciudades. En regiones como el Véneto, la Emilia-Romagna o Lombardía, antes incluso de que finalizara el primer milenio, ya se empezaban a manifestar prototipos de lo que sería la arquitectura románica, como la iglesia del monasterio benedictino de Pomposa o la de San Vicenzo in Prato.

En el Norte, el peculiar románico lombardo (visible aún en la moderna Milán), con sus arquillos ciegos y sus bandas, se expandirá por buena parte de Europa, mientras, más al Sur, el uso del mármol y la decoración colorista de las fachadas (como en las catedrales de Parma, Módena o Pisa) generan edificios de impactante grandiosidad, elegancia y pericia.

Templos como el de San Miniato del Monte, en Florencia, o el Baptisterio de esta misma ciudad parecen el hilo nunca roto con la Antigüedad. Al mismo tiempo, el monasterio toscano de San Antimo, las catedrales de Asís y Spoleto, en la Umbria, o la de Trani, en Apulia, muestran los rasgos del románico más característico y recio.

En el extremo Sur, dominado por los normandos, encontraremos templos donde el románico se imbuye de las tradiciones bizantina y musulmana, como las catedrales de Palermo, Cefalú o Monreale.

San Michelle Maggiore, Pavía
San Michelle Maggiore, Pavía. Fuente

La basílica de San Michele Maggiore, en Pavía.

La basílica de San Michele Maggiore es una obra maestra de una de las escuelas más importantes del románico italiano: la lombarda, que tuvo enormes influencias tanto en Italia como en varias regiones de Europa (en la Provenza, en Cataluña…).

Su fachada principal es impresionante por la –aparente– facilidad como la enorme superficie del muro queda fraccionada mediante una elegante y rítmica aplicación de contrafuertes y juegos de vanos. Las dobles arquerías de medio punto que rompen la fachada en sus niveles intermedios y en el extremo superior es uno de los caracteres más típicos del románico lombardo, que luego veremos en la Romagna y en la Toscana.

Duomo de Módena
Duomo de Módena. Fuente

El Duomo de Módena.

Es uno de los edificios románicos más importantes de Italia y está incluido en la lista del Patrimonio de la Humanidad, junto a la Torre Cívica, que es su campanario, y a la Piazza Grande, a la que se abre uno de sus laterales.

Destaca por su arquitectura, pero también por los sobresalientes relieves que decoran sus pórticos: profetas, patriarcas y una amplia selección de historias bíblicas se traducen a imágenes piedra de una forma particularmente original.

Además de la fachada, es necesario admirar los laterales del templo y sus varios pórticos: la Porta Regia y la Porta dei Principi dan a la citada Piazza Grande; la Porta della Pescheria es una verdadera joya con relieves que cuentan la historia del Ciclo Artúrico.

Duomo de Parma
Duomo de Parma. Fuente

El Duomo de Parma.

Se construyó entre los siglos XI y XII bajo la influencia del románico lombardo. Su fachada exterior, de piedra, lisa en sus niveles inferiores y sin decoración más allá de sus tres portales, se rompe de forma similar a la de Pavía, pero más elaborada. Entre los tres pórticos del piso inferior destaca el central, que a modo de prótiro –otra de las innovaciones del románico italiano– sobresale de la fachada.

En los niveles superiores, dos logias dividen la fachada y se entrecruzan con el prótiro, mientras otra sucesión de arquillos aligeran visualmente el peso del edificio en su nivel más alto.

Junto a la iglesia se alza el campanile, de estilo gótico. En el interior, las tres naves conservan el sabor románico, aunque fueron considerablemente retocadas durante el Renacimiento. En el interior de la cúpula pintó Correggio maravillosos frescos sobre el tema de la Asunción de la Virgen.

Baptisterio de San Giovanni desde el Campanile
Baptisterio de San Giovanni desde el Campanile. Fuente

El Baptisterio de San Giovanni, en Florencia.

El Baptisterio de Florencia se alza frente a la formidable fachada del Duomo, y aunque es famoso sobre todo por sus preciosas puertas de bronce, decoradas en el Quattrocento, su fábrica es muy anterior: se cree que ya en el ¡siglo V! había aquí un baptisterio, y en el siglo XI estaba en pie el actual.

Su planta octagonal simboliza los “ocho días” (octava dies): el tiempo de la Resurrección, una disposición similar a la de otros baptisterios. El exterior está revestido de mármol blanco de Carrara y de mármol verde Prato, combinación típica de la Toscana.

El interior es otra joya (aunque ya del siglo XIII) por su magnífico techo a base mosaicos, una obra anónima en la que intervinieron algunos de los grandes nombres del Duecento, entre ellos Cimabue y Coppo di Marcovaldo.

San Miniato al Monte
San Miniato al Monte. Fuente

La Basílica de San Miniato al Monte, en Florencia.

La Basílica de San Miniato al Monte se encuentra en uno de los lugares más altos de la ciudad de Florencia y es uno de los mejores ejemplos del románico toscano, además de ser una de las iglesias más bellas de Italia.

Está compuesta de la misma combinación blanquiverde del Baptisterio, y lleva a un nuevo nivel la misma idea que ya hemos visto en Pavía, Módena y Parma de romper el peso de la fachada a base de arquerías ciegas, a las que aquí se añade el ritmo que aporta la alternancia del color. Una aportación que un par de siglos después recuperará Filippo Brunelleschi.

Duomo de Pisa
Duomo de Pisa.

El Duomo de Pisa.

La catedral de Santa María Asunta, en el centro de la Piazza dei Miracoli, representa la cumbre del románico italiano y refleja la riqueza alcanzada por esta república marinera en sus años de apogeo. Su campanile inclinado es uno de los grandes iconos del mundo y nos gustaría creer que también lo sería de haberse mantenido recto, pues este conjunto de iglesia, campanario y baptisterio es una joya en todos los sentidos.

La novedosa forma de ocultar la rotundidad de los muros, mediante galerías de arcos que sobresalen de la fachada, crea un nuevo y desconocido efecto de liviandad monumental, a la vez que genera hermosos juegos de luces. El efecto es tan impresionante que dio inicio al conocido como “románico pisano”.

El interior no impresiona menos, con sus cinco naves y sus añadidos renacentistas. No hay que dejar de ver el pequeño púlpito de Nicola Pisano: sus esculturas suelen considerarse las iniciadoras del estilo naturalista que daría lugar al arte renacentista.

San Michele in Foro
San Michele in Foro, Lucca. Fuente

La iglesia de San Michele in Foro, en Lucca.

La Iglesia de San Michele in Foro se llama así porque se levanta sobre el mismo solar que ocupaba el foro romano de la ciudad de Lucca, en la Toscana. Se encuentra en la Piazza San Michele y es un ejemplo perfecto del estilo románico pisano que puso de moda la impresionante catedral de Pisa.

La fachada, del siglo XIII, copia la estructura pisana añadiéndole altura en el piso inferior y un mayor empeño decorativo en columnas y frisos. La parte superior, que excede notablemente la altura de la nave central, tuvo que ser reforzada con hierro para soportar el viento.

En el interior se conserva una preciosa Madonna con bambino de terracota de Luca della Robbia y varias obras de Filippino Lippi.

Duomo de Spoleto
Duomo de Spoleto. Fuente

El Duomo de Spoleto.

Construida en la segunda mitad del siglo XII, tras la destrucción que ocasionaron los ejércitos de Federico Barbarroja, es uno de los más bellos ejemplos del románico en la región de Umbria.

La fachada consta de dos partes: el precioso pórtico inferior, arquitrabado, es un añadido renacentista (como el campanile); la parte superior, que cuenta con hasta ocho rosetones (¡el central sostenido por atlantes!) y un mosaico dorado del siglo XII, es plenamente románica y del todo original.

El interior, sin perder su estructura románica, fue sumamente modificado en el Renacimiento y también durante los siglos XVII y XVIII. Son destacables los excelentes frescos de Pinturicchio y de Filippo Lippi, y también la tumba de este último, enterrado aquí.

Vista nocturna del Duomo de Monreale desde el Castelaccio
Vista nocturna del Duomo de Monreale desde el Castelaccio. Fuente

El Duomo de Monreale.

En Sicilia entramos en un mundo distinto, mezcla del románico normando y de las influencias orientales –árabes y bizantinas– tan comunes en la isla. Y la Catedral de Monreale, construida entre 1172 y 1190, es un ejemplo perfecto de dicha mezcla: edificio de estructura románica y decoración musulmana y bizantina.

Fachada típicamente románica, disposición bizantina de los espacios interiores, decoración de influencia oriental con extensivo uso de pan de oro, un mosaico de nuevo plenamente románico… Todo aquí es una mezcla sugerente y muy bien integrada entre tradiciones encontradas.

Vista aérea del Duomo de Cefalú
Vista aérea del Duomo de Cefalú. Fuente

El Duomo de Cefalú.

En la bellísima localidad costera de Cefalú, mirando al mar, se alza otra de las joyas del románico siciliano. Encargada por el rey normando Ruggerio II de Sicilia, que durante una peligrosa travesía prometió construir una iglesia en el lugar donde desembarcara, esta hermosa Catedral sigue en pie ochocientos años después, mirando al mar.

Edificio basilical, de tres naves, su fachada porticada y flanqueada por esbeltas torres introduce al visitante en un interior hermosísimo, que mezcla magistralmente la espiritualidad y el recogimiento de los templos románicos con la presencia deslumbrante de los mosaicos dorados de la tradición bizantina.