En el medio-este de Turingia, en el centro de Alemania, la ciudad de Weimar se encuentra cobijada por el monte Ettersberg. Con unos 65.000 habitantes, la pequeña localidad es un importantísimo destino cultural que, sin embargo, no amasa una ingente cantidad de turistas.

Esto se debe, en buena medida, a que está en una de las regiones menos visitadas de Alemania. Lo que, según cómo se mire, puede ser una suerte o una desgracia. Turingia suele pasar más desapercibida en las guías de viajes, pero lo bueno es que viajar aquí significa desconectar, visitar lugares con tranquilidad.

Y dentro de esa poca relevancia en el plano turístico alemán, Weimar es la ciudad más visitada de Turingia, que además queda muy cerca de la vecina Sajonia con su interesantísima Leipzig. Bienvenido a la ciudad de Goethe, Schiller y el "clasicismo de Weimar".

Weimar, ciudad fortificada entre reyertas señoriales

Aunque se conocen restos de vida humana anteriormente en la zona, la primera mención, con lo que vino el inicio oficial de su historia conocida, a Weimar data del año 899. Además, desde el 946, fue un condado con su ciudad fortificada que estuvo envuelta en varios asedios.

Durante los siguientes trescientos años la ciudad continuó un desarrollo inmersa en diferentes guerras entre señores. En estos conflictos acabaron por aparecer con fuerza los Wettin en el siglo XIV.

Finalmente, los Wettin consiguieron el dominio de Weimar en el año 1365 y llegaron a controlar buena parte de la Turingia actual. Desde entonces, los duques de Sajonia gobernaron sobre unas vastas extensiones, que podría haber llegado a convertirse en un serio contrapoder de Austria.

No obstante, la casa se bifurcó en 1485 en la División de Leipzig. Nacieron así las ramas Ernestina y Albertina. La primera, de Ernesto I de Sajonia-Wittenberg y la segunda, de Alberto I de Sajonia-Meißen.

Ambos eran duques de Sajonia, pero de diferentes partes del anterior Gran Ducado de Sajonia. El caso es que gran parte del actual estado de Sajonia-Anhalt junto a buena parte de Turingia, quedó en la rama Ernestina, de la que una de sus descendientes es, ni más ni menos, Isabel II del Reino Unido.

En lo que respecta a Weimar, la ciudad continuó su desarrollo y, en 1552, el duque Juan Federico I la convirtió en capital y residencia ducal, lo que mantuvo hasta el siglo XX.

La edad de oro de Weimar

Andando en el tiempo, lo más interesante para Weimar ocurrió en el siglo XVIII, durante la regencia de Ana Amalia de Brunswick-Wolfenbüttel. En este periodo la ciudad comenzó a convertirse en una centrifugadora cultural de la que salieron alguna de las mentes que más aportaron a las artes y las letras alemanas.

Gracias al mecenazgo de Ana Amalia y su hijo, el duque Carlos Augusto, la ciudad se convirtió en el centro del "Clasicismo de Weimar". Aunque algunos autores han puesto en duda cómo de clásico fue este movimiento, lo que es cierto es que aportó mucho a la cultura alemana.

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Goethe y Schiller.

De este clasicismo salieron Goethe y Schiller, considerados como los dramaturgos más importantes de la historia de Alemania, ambos prerrománticos. Weimar vivió así su edad de oro, y tuvo vecinos tan señalados como Wieland, Herder y el científico Humboldt.

Tanto marcó esta época la ciudad que la UNESCO nombró Patrimonio de la Humanidad buena parte del casco antiguo, conocido como el "Weimar clásico". Una zona de la que quedan edificios en pie de aquella época que aportó tanto a Alemania y al conjunto de la humanidad.

A la muerte de Ana Amalia, y algo más tarde, Carlos Augusto, la ciudad no cayó inmediatamente en un retroceso cultural. María Pavlovna también fue regente, y ya había protagonizado antes un intenso mecenazgo, de hecho Schiller le dedicó uno de sus poemas. Durante su regencia, fue mecenas de Franz Liszt, quien estrenó en Weimar la ópera "Lohengrin" de Wagner, que también pasó un tiempo en Weimar. Desgraciadamente, María no pudo disfrutar de tamaño estreno debido a una sordera que desarrolló con la vejez.

El hijo, Carlos Alejandro de Sajonia-Weimar-Eisenach fundó la Escuela Gran Ducal Sajona de Artes, donde autores como Böcklin (influenciado por Friedrich), Lenbach y Begas fueron catedráticos, e influyeron enormemente en el realismo de la escuela de pintura de Weimar. Además, de manera inteligente, Carlos Alejandro comisionó esculturas que han llegado a nuestros días, de Goethe, Schiller, Wieland y Herder, como santo y seña de aquel siglo de oro.

De la fama al terror

El hijo de Carlos Alejandro, Guillermo Ernesto, continuó con el apoyo a las artes ya en el siglo XX. Elevó a la categoría de superior la escuela fundada por su padre, y, durante su gobierno, Weimar se comenzó a convertir en un centro de arte moderno. No obstante, renunció al ducado en 1918 tras la derrota de Alemania en la Primera Guerra Mundial.

En el Teatro Nacional de Weimar se firmó, en 1919, la Constitución de la llamada "República de Weimar", que seguía siendo el II Imperio Alemán, solo que no tenía emperador.

Ese mismo año, Walter Gropius fundó en Weimar el movimiento Bauhaus, que renombró así a la escuela ducal, con la intención de crear un movimiento modernista en arquitectura y diseño, y en todas las artes. En 1922, el reconocido pintor ruso Kandisnky se unió al proyecto, que se trasladó a Dessau en 1925, cuando las autoridades nazis presionaron de diferentes modos a la institución.

Bajo el nazismo, ya en el III Imperio Alemán (III Reich), Hitler proyectó una serie de reformas debido al gusto que tenía por Weimar como centro cultural alemán. Paralelamente, los nazis construyeron el cercano campo de concentración de Buchenwald, donde cientos de miles de judíos pasaron algunos de los peores momentos de sus vidas, y en torno a 56.000 murieron.

Sin embargo, ese no fue el fin de Buchenwald. Turingia quedó bajo la ocupación de la Unión Soviética, que usó el campo de concentración hasta 1950 para encerrar a prisioneros de guerra y presos políticos, con un total de 28.455 personas que vivieron parte del otro terror totalitario.

Gracias a la gran fama de Weimar, y a que no sufrió los terribles bombardeos de Dresde, la República Democrática Alemana (controlada por la URSS) empleó dinero en arreglar los desperfectos causados en la guerra y en mantener edificios icónicos. Sin embargo, la RDA trasladó la capital a la cercana Erfurt.

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La Universidad Bauhaus Foto.

En la actualidad, y tras la reunificación de Alemania, Weimar ha continuado siendo una pequeña ciudad, tranquila y respetuosa con su pasado. Francamente orgullosa de su edad de oro y en constante renovación gracias a la Universidad Bauhaus, que recuperó su nombre en 1996. Weimar es una ciudad que mira al futuro con su universidad y no deja de lado el pasado de su edad de oro.

Qué ver en Weimar

Una de las mejores cosas que tiene Weimar es que, al ser una pequeña ciudad, no hay nada que quede demasiado alejado para visitar. Y es más, al igual que en Dresde, casi todos los puntos de interés están muy cerca unos de otros: en el Weimar clásico. Si sumamos esto a lo tranquila que es, Weimar es, sin duda, una de las ciudades más fáciles de visitar de Alemania.

Tras los pasos de Goethe y Schiller

Weimar tiene bastante que ver, y buena parte de esos puntos de interés están relacionados con los dos dramaturgos más importantes de Alemania: Goethe y Schiller. Ninguno nació aquí, pero ambos murieron en la antigua capital de Turingia. El apoyo recibido por los duques que ambos autores encontraron hizo de Weimar su hogar, y dejaron en ella una huella imborrable.

En 1775 Goethe llegó a Weimar y su vínculo con la rama Ernestina de la casa de Wettin y con Weimar fue indeleble. Hoy podemos visitar su casa (aunque vivió en varias) y que hoy es el Museo Nacional de Goethe, el mejor lugar para conocer su vida. Está dentro del Weimar Clásico y queda muy cerca del Park an der Ilm (Parque en el Ilm, un río que lo cruza). Se trata de un parque paisajista de estilo inglés cuyo diseño fue influenciado por Goethe. De hecho, en el recinto, el dramaturgo tenía una casa de verano que también es visitable.

Entre la casa de Goethe y la Theaterplatz (plaza "Platz" del teatro "Theater"), están, apenas separados, la Casa de Schiller y el Museo Schiller, el otro gran dramaturgo que vivió en Weimar. El museo está dedicado a la obra del autor, mientras que la casa a la su vida más íntima y cotidiana. Con la entrada del museo se visita también la casa, lo que facilita mucho las cosas.

Un poco alejado del entorno de la Theaterplatz y las casas de Schiller y Goethe, hacia el sur, está la Cripta de los Príncipes, que alberga las tumbas de los duques de Sajonia-Weimar-Eisenach. Y justo aquí también están enterrados Goethe y Schiller, entre la nobleza, lo que dice mucho de lo que significaron ambos dramaturgos para Weimar.

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La Cripta de los Príncipes.

Rozando con el Park an der Ilm se encuentra la Biblioteca Ana Amalia, que construyó en 1691 el duque Guillermo Ernesto. Se trata de un precioso edificio que merece la pena visitar, y que lleva el nombre de Ana Amalia porque fue su mayor patrocinadora. Otra de las muestras de la intensa labor que hizo la duquesa por las artes y las letras. Algo más al norte, muy cerca de la biblioteca, está el Palacio de Weimar. Es el lugar en el que vivieron los duques hasta 1918, y hoy es visitable.

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Palacio de Weimar.

La República de Weimar

En la Theater Platz, prácticamente el centro geográfico del Weimar clásico, está el Teatro Nacional, resguardado por el monumento a Goethe y Schiller. Fue la duquesa Ana Amalia la que impulsó la construcción de este teatro, y fueron los famosos dramaturgos, que custodian su entrada, los que lo convirtieron en un teatro reconocido en toda Alemania. Sirvió y sirve también como sede de la orquesta, y tal fue su éxito que aquí se presentó "La flauta mágica" de Mozart.

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Teatro Nacional.

Dos siglos después, tras la Primera Guerra Mundial, en Teatro Nacional se reunieron las autoridades que firmaron la nueva constitución alemana. Aunque siguió siendo el II Reich, al no tener emperador y haberse firmado en esta ciudad, se la conoció como la República de Weimar. No demasiado lejos de la Theaterplatz, hacia el norte, el Stadtmuseum alberga una exhibición centrada en este periodo histórico.

Para conocer más sobre la historia de la ciudad, la Weimarhaus (casa de Weimar) se encuentra muy cerca de la Theaterplatz, pegada a la casa de Schiller. Se trata de una parada recomendable si te interesa conocer el pasado de la localidad, y además está contado de una forma muy interactiva, lo que es de agradecer.

Otros lugares que ver en Weimar

En las afueras de Weimar, hacia el sur, encontramos la residencia de verano de los duques. El Palacio Belvedere es una preciosa y pequeña construcción en estilo barroco ideada para ser una casa de placeres. Sus parterres, su orangería y su colección de porcelana lo hacen un lugar que merece la pena visitar.

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Palacio de Belvedere.

Frente a la Universidad Bauhaus está el Museo Franz Liszt, una casa-museo que nos acerca a la vida del principal compositor de Weimar en su época. El recorrido es ameno e interesante para los amantes de la música. Muy cerca de la biblioteca Ana Amalia, la Escuela Superior Franz Liszt forma nuevos músicos en el precioso edificio de la Casa de los Príncipes, continuando el legado de Weimar también en música.

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Escuela Superior Franz Liszt.

Al otro lado de la calle está el edificio principal de la Universidad Bauhaus, que mantiene Weimar con el influjo de lo nuevo. De la escuela gran ducal que fundó Carlos Alejandro salió el embrión de la actual universidad. Aquí se generó la movida Bauhaus y el edificio presenta un modernismo temprano muy interesante para el viajero. Para los más interesados en el movimiento, el Museo Bauhaus se encuentra al norte del Weimar clásico, no muy lejos de la Theaterplatz.

En pleno centro del Weimar clásico, merece la pena parar durante un rato a cargar las pilas en el Markt (plaza del mercado). El precioso y pequeño ayuntamiento está custodiado por algunas de las casas más bonitas de la ciudad (como la Cranach), la fuente de Neptuno y varias cafeterías para tomar algo.

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Ayuntamiento de Weimar.

En una ciudad tan centrada en la creación artística es paradójico y enormemente triste que haya que hablar de destrucción cultural y humana. El campo de Concentración de Buchenwald comenzó a funcionar en 1937 para apartar a los judíos de la sociedad. Nunca fue un campo de exterminio, pero se hicieron terribles experimentos médicos y se produjeron fusilamientos y ahorcamientos, dejando decenas de miles de muertos. Allí fue liberado por las fuerzas estadounidenses, junto a otros muchos, Elie Wiesel, que desarrolló una exitosa carrera literaria y en "La noche" dejó una frase lapidaria:

"Nunca olvidaré aquella noche, la primera noche en el campo, que convirtió mi vida en una larga noche cautiva bajo siete sellos."

Muy cerca de Buchenwald, también en el monte Ettersberg, se levantó, en época soviética, el un memorial a las víctimas del campo de concentración. No estuvo exento de polémica ya que, las estatuas de los presos liberados parecen estar celebrando alguna especie de triunfo revolucionario cuando en realidad salieron del campo con claras muestras de inanición. Para empeorar las cosas, las fuerzas soviéticas usaron el mismo campo durante cinco años para encerrar prisioneros de guerra y presos políticos que no estaban de acuerdo con el régimen comunista.

Los mejores hoteles en Weimar

Weimar es una ciudad pequeña, acogedora y tranquila. Gracias al monte Ettersberg, mantiene una temperatura media más alta que en el resto de la zona, con lo que la visita es, si cabe, más agradable.

A pesar de que gran parte de sus puntos de interés están muy cerca unos de otros, esperamos haberte dado suficientes motivos para que prefieras quedarte una o dos noches. Te seleccionamos tres de los mejores hoteles de Weimar.

El Hotel Amalienhof se encuentra en pleno Weimar clásico y ofrece un precio magnífico para la situación y la calidad que provee.

También en el Weimar clásico, el Best Western Premier Grand Hotel Russischer Hof es una muy buena opción para pasar unas noches. Algo más caro, también cuenta con unas reseñas excelentes.

Un poco hacia el norte de Weimar se encuentra el Romantik Hotel Dorotheenhof. Algo alejado del Weimar clásico, es uno de los más solicitados por su aire romántico, un hotel en el que descanso significa eso, descanso.

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