El mes de julio pasado tuvimos la suerte de dejarnos seducir por la obra de Sarah Guldberg en la Sala Alta del Apeadero del Alcázar de Sevilla. Allí descubrimos el paso enorme que ha dado esta pintora danesa que lleva veinte años pintando Sevilla.

Conocimos a Sarah dibujando geometrías en el arco de entrada al Patio de Banderas de este histórico Alcázar, como lo hacían los artesanos musulmanes para diseñar los paños de azulejos siglos atrás; armada de reglas y compases.

Sarah Guldberg y su encuentro con Sevilla

Llegó a Sevilla de visita, llevaba en sus planes otro destino, pero el amor se cruzó en su viaje y deshizo la maleta. Sacó sus pinceles y pintó Sevilla. Sarah Guldberg lleva años dejando su sensibilidad en obras de pequeño formato que viajan en el equipaje de muchos visitantes de la ciudad de Sevilla. Salen éstos encantados de la visita al Alcázar y se encuentran en la puerta que lleva a la Catedral, con las acuarelas de Sarah.

Sarah Guldberg
Detalle de una obra de Sarah Guldberg. Fotografía de Marina Maestre.

Una oportunidad de llevarse a la cotidianidad de sus vidas, la mirada honesta y delicada que dedica Sarah a las formas geométricas repetidas en los azulejos árabes que decoran tantos muros del Alcázar sevillano. Esta técnica lleva siglos extendiendo su misterio, como si de un bello tapiz se tratara, sobre muchos monumentos del mundo.

El suyo era un arte inspirado en la calle, un arte de la calle de altísima calidad, que ha crecido ¡y de qué manera! en la intimidad de su estudio. Si tuviéramos que definir su obra en dos palabras éstas nos llevarían a dos conceptos tan intangibles y tan presentes en la vida, como “Geometrías y Alma”. A eso se dedica Sarah Guldberg, a deslizar entre las formas geométricas inspiradas en los azulejos del Alcázar la fuerza de su especialísima manera de mirarlas, la mirada del alma.

Sarah Guldberg
Sarah Guldberg. Detalle de una de las obras de la exposición Reflections. Fotografía Marina Maestre

El camino hacia el interior de Sarah Guldberg

La exposición del Alcázar llevaba el título inspirador de Reflections. La obra expuesta era un juego de formas y luces, de reflejos y colores, con los que Sarah libera esas formas geométricas. Formas durante siglos atrapadas en la trama que les da sentido, y sin perder sus raíces consigue que vuelen, que bajen y suban, que salgan y entren del entramado geométrico del que proceden.

Pero para llegar aquí Sarah ha hecho un recorrido hacia el interior, en todos los sentidos. Los cuadros de la exposición del Alcazar son el resultado de un encierro personal y voluntario, provocado por una de esas heridas que teje la trama de la vida. Encierro que ha significado para su obra ¡que llamativo! toda una liberación.

Sarah Guldberg
Una de las obras de la Exposición Reflections. Sarah Guldberg.Fotografía de Marina Maestre

Y lejos de reproducir los modelos ancestrales atrapados en la trama geométrica, les ha abierto la puerta e inundándolos de luz les ha concedido la libertad, sin perder nunca de vista la base que los define.

La técnica de Sarah Guldberg

A las acuarelas con las que trabaja habitualmente, les ha añadido texturas, capas de color y reflejos metálicos. Como los reflejos iridiscentes que conseguían ya en los barros vidriados de Mesopotamia, con los que Sarah consigue dejar en el papel un feliz juego de luces, colores y símbolos.

Sarah llegó a Sevilla con una formación en textiles. Técnica que probablemente hizo que mirara esos extensos paneles de colores, pensados para decorar y proteger los muros, como se mira la intrincada trama de un tejido.

Y eso ha hecho al aumentar el tamaño de sus cuadros. Extenderlos como paños de tela y atraparnos en cada uno de ellos. Así nos induce a mirar los espacios abiertos cuando levantamos una pieza del diseño que nos vino dado. Toda una lección para descubrir de dónde parte la belleza que nos rodea en la inabarcable presencia de la geometría.

Cuadro de la Exposición Reflections. Sarah Goldberg.
Cuadro de la Exposición Reflections. Sarah Goldberg.Fotografía Marina Maestre

Un equipaje en el que viajan técnicas milenarias y métodos contemporáneos

Su obra es una especie de viaje de ida y vuelta. La inspiración de Sarah está en los “paños” de azulejos (alicatados y de arista) de patios e interiores del Alcázar sevillano. En nuestro recorrido por la historia del azulejo explicábamos porqué se utiliza el término “paños” cuando se habla de estos paneles de azulejos islámicos:

Piezas pequeñas de barro vidriado “aliceres”, que unidas entre sí despliegan diseños geométricos que se extienden por frisos interiores y patios, envolviendo los espacios con colores y formas inspiradas en la costumbre de decorar con telas vistosas los interiores de las jaimas, cuando habitaban como nómadas en el desierto. De ahí que se utilice el término “paños” para referirse a los zócalos que envuelven los muros.

Cuadro de la Exposición Reflections. Sarah Guldberg
Cuadro de la Exposición Reflections. Sarah Guldberg.Fotografía. Marina Maestre

Paños en los que la geometría en infinitas repeticiones es la forma que utiliza el islam para representar la presencia de Alá. Al fin y al cabo, la geometría está presente en todos los ámbitos de la vida. Y así el islam la lleva de los tejidos al barro y de éste a los muros.

Sarah lleva en su equipaje su formación en decoración de textiles desde su lejana Dinamarca, mira esos “paños” iluminados por la luz de Sevilla, y los lleva al papel de acuarela que es otra trama tejida de algodón. Allí, después de años dejándose envolver por su insistente misterio, se funde con él, con sus colores y sus formas, y utilizando las piezas de la simbología que utiliza el arte islámico para honrar a Alá, compone con toda la fuerza de su ternura, una loa a la vida; a la alegría y a la pena, a la luz y a la oscuridad, a las caricias y a las heridas, que va dejando la trama del tiempo. Todo un viaje.

Detalle de uno de los cuadros de la exposición Reflections
Detalle de uno de los cuadros de la exposición Reflections. Fotografía Marina Maestre

Si van a Sevilla, no dejen de buscar a esta mujer, de momento sigue allí dibujando, al cobijo del arco de entrada del Patio de Banderas, los diseños de colores que llevan viajando miles de kilómetros y miles de años por las culturas del mundo.

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