Se admira mucho la belleza pintoresca de los pueblos de la Toscana, esos que, subidos a menudo en lo alto de una colina, llenan las postales y los tablones de Pinterest. Pero los hay que son bellos por dentro además de serlo por fuera y Sansepolcro es uno de ellos. Sus calles son un museo al aire libre, sus iglesias están llenas de arte, y en sus museos se conservan varias obras de uno de los mejores pintores del Renacimiento, Piero della Francesca, nacido en Sansepolcro.

Si esto no fuera suficiente, Sansepolcro está en la región de la Valtiberina Toscana, el Valle del Tíber, entre la Umbria, la Toscana y Las Marcas, y el suyo es un emplazamiento privilegiado. Tiene a su alcance ciudades, pueblos llenos de encanto y algunos de los enclaves naturales más notables de los Apeninos.

Sansepolcro, como su nombre indica, tiene además su propia mitología. Dice la leyenda que fue fundado en el año 934 por dos peregrinos que volvían de Jerusalén. Arcano y Egidio eran sus nombres, y traían con ellos varias reliquias sagradas para las que construyeron un templo que hoy es la Catedral. Que es precisamente una de las razones para visitarlo. Empecemos.

La Catedral, o Duomo

Técnicamente no es Catedral sino co-Catedral, pues por motivos administrativos el capoluogo o capital de la provincia es Arezzo. Pero poco importa.

Duomo de Sansepolcro
Duomo de Sansepolcro. Foto.

Se trata de un edificio de fábrica románica, levantado en el siglo XI aunque luego reconstruido durante el Renacimiento. Tiene dentro un crucifijo de madera policromada del siglo XII, uno de los más antiguos conservados en Italia.

Y conserva también, en una de las capillas del antiguo palacio del obispo, la tumba del más notable hijo de Sansepolcro: Piero della Francesca.

El Museo Cívico y sus cuatro obras de Piero della Francesca

La ciudad está asociada a su hijo más famoso: Piero della Francesca, quizá el mejor pintor del Quattrocento italiano. Piero residió aquí la mayor parte de su vida y aquí pintó la mayor parte de sus obras, aunque la mayoría se encuentren dispersas por los grandes centros del arte, tanto italianos como europeos.

En el Museo Cívico de Sansepolcro quedan cuatro: el Políptico de la Misericordia, los frescos de San Julián y San Ludovico y el impresionante fresco de la Resurrección.

Portoferraio
Portoferraio. Fuente

El Políptico de la Misericordia fue un encargo de la Hermandad del mismo nombre en 1445, y es la primera obra de la que se tiene noticia. Tardó casi quince años en terminarla.

El fondo dorado del retablo, una exigencia de los comitentes, recuerda el estilo Gótico, pero la contundencia de las figuras la aprendió de Masaccio. El colorido le viene de su maestro en Florencia, Domenico Veneziano, y la perspectiva, que consigue en el panel central con el manto de la Virgen, del gran Brunelleschi.

Si bien los de San Julián y San Ludovico son consideras obras menores en la producción de Piero, el de la Resurrección es uno de sus más importantes trabajos, Datado entre 1463 y 1465 y pintado para la Sala dell’Udienza de Sansepolcro, tiene una trabajada iconografía que mezcla el poder civil y el divino.

Hay que fijarse en los paisajes, que sirven para simbolizar la exuberancia de la vida, a la izquierda de Cristo, y la tristeza de la muerte, a su derecha. Si atendemos al lugar para el que fue realizada, estos paisajes se pueden entender como una alegoría del buen y el mal gobierno, al estilo de los célebres frescos de Lorenzetti en Siena.

Su factura es una prueba del manejo extraordinario de la perspectiva por este geómetra apasionado, que da una lección con la utilización de la luz para resaltar la poderosa figura de un Cristo que triunfa ante la muerte.

Aldous Huxley calificó el fresco de la Resurrección como “la pintura más grande del mundo”. Lo dejó escrito en su libro de viajes A lo largo del camino y curiosamente, en 1944, un lector suyo llamado Anthony Clarke se encontró al mando de un destacamento de las fuerzas aliadas que se abría paso en Sansepolcro. Era una tarea ardua, con los nazis atrincherados y decididos a utilizar cada ciudad y cada edificio como una fortaleza. Clarke recibió la orden de bombardear, de arrasar el pueblo, pero jugándose un consejo de guerra decidió no hacerlo. Luego se supo que los nazis ya se habían retirado y que un bombardeo no habría servido de nada.

El Museo Aboca

Después del atracón de arte en el Museo Cívico toca cambiar de aires, y visitar otro museo muy distinto. El Aboca está dedicado a las hierbas medicinales, lo que lo hace sumamente original.

Contiene una enorme colección de morteros, objetos de cerámica y de vidrio, herramientas de laboratorio y, por supuesto, todo tipo de hierbas utilizadas en la cocina y en la farmacia.

Contiene también una joya histórica: la Bibliotheca Antiqua, una colección extremadamente valiosa de libros antiguos dedicados a las plantas medicinales.

La Iglesia de San Lorenzo

Es un pueblo, Sansepolcro, de muchas iglesias, pero la de San Lorenzo es la más destacada. Y lo es sobre todo porque conserva una obra maestra del manierismo, un Descendimiento del pintor Rosso Fiorentino, datada de 1528. Es menos conocido que el de Volterra, pero igualmente magistral.

Descendimiento, de Rosso Fiorentino

Además de esta joya, el propio edificio es un notable ejemplo de su época y conserva una elegante fachada del siglo XVI.

El Convento de Montecasale

A las afueras del pueblo, en un precioso emplazamiento desde el que se pueden disfrutar grandes vistas, está el convento que albergó hace ochocientos años a San Francisco de Asís.

En toda la zona es venerado el líder de los franciscanos, y aquí, donde vivió varios años, se puede visitar su habitación, donde vivió rodeado de naturaleza y de tranquilidad. Es un lugar sencillo, como mandaban los cánones de los franciscanos, pero lleno de encanto y espiritualidad.

El Palio della Ballestra

El segundo domingo de septiembre es el día grande de Sansepolcro. El Palio, tradición típicamente toscana, tiene aquí un toque particular, pues en lugar de consistir en una carrera de caballos, como en Siena, lo que se celebra es un concurso de tiro con ballesta que enfrenta a los ballesteros de Sansepolcro contra los vecinos de Gubbio.

Antes del concurso hay un espectacular desfile de banderas que parece un viaje en el tiempo a la Edad Media. Es un evento que los locales se toman muy en serio y lleva celebrándose ininterrumpidamente casi cuatrocientos años. Y aunque atrae a cada vez más visitantes, no es comparable en masificación al Palio de Siena. En suma: es muy recomendable visitarlo.

Las múltiples excursiones por la Toscana, la Umbria y Las Marcas

Si te gusta la naturaleza, muy cerca de Sansepolcro se encuentra la Reserva Natural del Alpe della Luna, una zona boscosa famosa por su casi total aislamiento. No la atraviesan carreras ni grandes caminos, solo pequeños caminos forestales para senderistas y ciclistas de montaña.

Por supuesto, si estás por la zona no te puedes perder el capoluogo, Arezzo, la ciudad que hizo famosa Roberto Benigni cuando estrenó La vida es bella. Como hace tiempo publicamos una guía detallada, no profundizamos más.

Y si has llegado a Sansepolcro buscando las huellas de Piero della Francesca, has de saber que hay mucho más por la Toscana, la Romagna, la Umbria y las Marcas, y que visitar Perugia, Arezzo, Florencia o Urbino es además una experiencia muy satisfactoria. Te remitimos a nuestra guía para hacer la ruta completa.

Si te ha gustado este post, te interesará suscribirte a nuestro boletín. Mandamos un correo a la semana, los domingos, con todas nuestras novedades y toda la información que te interesa.