La famosa Torre de Belém es un precioso icono de Lisboa, uno de esos edificios que reciben miles de visitantes de todo el mundo que no quieren pasar por Lisboa sin recorrer sus cinco pisos llenos de historia. Carismática, pequeña y de apariencia delicada, la Torre de Belém es una construcción defensiva, un edificio militar levantado hacia 1516 para defender la entrada a la ciudad por el Tajo de los barcos enemigos. Se llevó a cabo por orden Manuel I de Portugal, como el cercano Monasterio de los Jerónimos. Sus arquitectos fueron Francisco de Arruda y Diogo de Boitaca.

Siendo como era una defensa de la ciudad, fue revestida de una decoración tan profusa como hermosa que más que a defender, si no fuera por los baluartes que la rodean, parece estar destinada a dar la bienvenida a quienes llegan a Lisboa por el Tajo. Una bienvenida que comienza desde la fachada sur, la que da al río. Un estandarte de piedra que presenta en el segundo piso un gran escudo del reino entre los dos balcones, y a ambos lados, dos esferas armilares (emblema de Manuel I). Las Cruces de la Orden Militar de Cristo (divisa de Portugal) recorren, presentadas en escudos, todo el perímetro del cuarto piso, donde se encuentra el Oratorio.

Y al frente de este estandarte, en un claro homenaje a Manuel I, situada en el centro de la terraza del baluarte, hay una Virgen coronada; conocida como Nuestra Señora del Buen éxito o de las uvas, que bendice a los navegantes.

Se accede al edificio a través de una pasarela sobre el agua a salvo de las mareas. Los grabados antiguos atestiguan que antes del terremoto de 1755, la Torre de Belém estaba casi en el centro del estuario, pero aquel tremendo movimiento cambió los márgenes de las aguas, y desde entonces está muy cerca de la orilla.

Fue bautizada como la Torre de San Vicente, en honor de San Vicente Mártir, co-patrono de Lisboa. Por eso en su fachada Norte, la que mira a las escaleras del jardín, aparece una imagen del santo celebrando la esquina derecha, mientras en la izquierda lo hace una imagen del Arcángel San Miguel, que es el Ángel Custodio de Portugal.

A lo largo de los años perdió su función defensiva y ha sido faro, aduana y prisión.

La Torre de Belém desde el Tajo
La Torre de Belém desde el Tajo.Fuente

La Torre de Belém es un bello ejemplo de lenguaje Manuelino

Con ecos medievales de origen árabe y detalles góticos, sobresale en esta construcción el testimonio de la época dichosa de Manuel I de Portugal.

La ornamentación mural de la Torre de Belém es un muestrario feliz de motivos manuelinos. Se pueden ver cuerdas, como las que utilizaban en los buques que partían a la aventura de los descubrimientos, que abrazan el edificio y terminan en la entrada. También lucen escudos a modo de almenas con la Cruz de la Orden Militar de Cristo, esferas armilares o animales fantásticos bajo las garitas, típicos de la Edad Media.

En una de las garitas, la última del baluarte que se puede ver desde las escaleras del jardín, orientada al oeste, aparece la cabeza de un rinoceronte que guarda una leyenda. Dicen que Alfonso de Albuquerque (gobernador de la India en 1514), le envió a Manuel I un elefante y un rinoceronte, regalos de un zar indú. Aquel rinoceronte fue el primero que llegó a Europa desde el siglo III antes de nuestra era. El animal sembró de admiración las cortes europeas.

Tal fama adquirió el rinoceronte que el Papa León X quiso conocerlo y Manuel I lo envió al Vaticano, con tan mala suerte que pereció en un naufragio. Para no olvidarlo nunca se esculpió su cabeza en este edificio, como testimonio de los contactos de Portugal con culturas lejanas.

Los vanos que reciben la luz son un diseño que mira a la Edad Media, ventanas geminadas con arcos de medio punto bajo los que aparecen balcones de sabor oriental. Las barandillas de estos balcones están decoradas con calados góticos entre los que se ve de nuevo la Cruz de la Orden Militar de Cristo.

Detalle de la Torre de Belém
Detalle de la Torre de Belém.Fuente

El interior de la Torre de Belém

El interior del edificio acerca a la realidad de su primera función, la defensiva. Se acaba aquí la exuberancia decorativa del exterior y comienza la austera realidad para la que fue construida.

En este esquema se puede ver con claridad cual es la distribución de las distintas plantas del edificio.

Planta de la Torre de Belém
Planta de la Torre de Belém.Fuente

En el baluarte se encuentran los cañones que asoman a las bocas que dan al río. Esta sala tiene un desnivel hacia lo zona de los cañones, con idea de asegurar la posición de los mismos. Bajo el baluarte estaban los almacenes de la pólvora y la despensa de alimentos. A otro lado estaban las mazmorras. Cuentan que, cuando subían las mareas, los prisioneros quedaban hundidos en el agua hasta media pierna.

La terraza de este baluarte es un respiro abierto al espectáculo del Tajo. Desde ella y frente a la Torre de Belém, en la orilla izquierda del río, se ven las ruinas de otra torre defensiva. La Torre Vieja, de época de Juan II. Cuando se atacaba a un invasor el fuego de ambas torres se cruzaba contra los barcos enemigos. En esta terraza, como vimos antes, hay una imagen de la Virgen conocida como “Nuestra Señora del Buen Éxito” o “Nuestra Señora de las Uvas”. Coronada como reina, su iconografía la marca el racimo de uvas y una hoja de parra que lleva en sus manos. Orientada al Tajo, a esta imagen le pedían buena suerte todos los que partían para los grandes viajes de los descubrimientos.

Terraza del baluarte de la Torre de Belém
Terraza del baluarte de la Torre de Belém.Fuente

Desde esta terraza se puede disfrutar de la belleza decorativa de la fachada sur de la Torre de Belém, la principal. Como hemos visto, un homenaje fastuoso al rey Manuel I de Portugal.

En la primera planta de la Torre de Belém se encuentra la Sala del Gobernador con sus bóvedas blancas, en cuyas esquinas estaban los accesos a las garitas de vigilancia. En esta sala hay una cisterna; el depósito que servía para recoger y guardar el agua de las lluvias con la que se abastecían los usuarios de la Torre.

A través de una escalera de caracol se accede a la Sala de los Reyes situada en la segunda planta, que tiene un precioso balcón con vistas al Tajo. Desde aquí los soberanos despedían o recibían a los marineros que transitaban los océanos para gloria de Portugal.

Balcón de la Sala de los Reyes. Torre de Belém
Balcón de la Sala de los Reyes. Torre de Belém.Fuente

En el tercer piso estaba la Sala de Audiencias, con sus bancos de piedra bajo las ventanas para celebrar las reuniones. Y en la cuarta planta estaba la Capilla de la Torre de Belém. Su ambiente era recogido y propicio para la oración. Sólo dos ventanas reciben la luz exterior. El techo es una bóveda de piedra cuyas nervaduras se recogen en las claves decoradas con esferas armilares, cruces de cristo y escudos reales.

Y el último tramo de la escalera conduce a una terraza. Este es uno de esos lugares que no se olvidan. Desde aquí la vista se pierde por El Tajo y sus márgenes: la zona de Belém y sus principales monumentos: el Monasterio de los Jerónimos, el Centro Cultural de Belém, el Puente 25 de Abril y el Cristo Rey, el Palacio Nacional de la Ayuda y el Fuerte de San Lorenzo, en cuyo centro se alza el faro de Bugio, herramienta clave para la marina de toda Europa desde hace más de tres siglos.

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