Karl Friedrich Schinkel fue uno de los más notables representantes de la arquitectura neoclásica y neogótica, estilos a los que aplicó sugerentes novedades y que supo llevar a sus mayores cotas de originalidad y elegancia. El aspecto de Berlín (como el de Roma con Bernini, como el de Florencia con Brunelleschi) cambió notablemente gracias a sus edificios y a su influencia en los arquitectos posteriores.

En la capital alemana se mantienen en pie muchos de sus edificios, intactos o reconstruidos, y la mayoría de ellos se pueden ver en un agradable paseo que nos llevará desde la Gendarmenmarkt hasta el Dorotheenstädtischer Friedhof, donde descansan los restos mortales de Schinkel, pasando por Unter der Linden y por la Isla de los Museos.

Schauspielhaus

El lugar ideal para comenzar el paseo es la célebre plaza de la Gendarmenmarkt, o “Mercado de los Gendarmes”, en el corazón del Berlín Oriental. La plaza nació en 1688 como parte del Friedrichstadt de Federico I de Prusia (una re-urbanización de la zona para dar cabida a los hugonotes huidos de Francia), y se fue embelleciendo en los siglos siguientes con tres edificios monumentales. A ambos lados se alzan dos elegantes iglesias casi gemelas: la Französischer Dom (Catedral Francesa) y la Deutscher Dom (Catedral Alemana), construidas a finales del XVII para los luteranos alemanes y los reformistas franceses. A finales del XVIII, Carl von Gontard añadió a ambos templos sus torres de cúpulas gemelas, inspiradas en la romana Piazza del Popolo.

Imagen frontal de la Schauspielhaus
Imagen frontal de la Schauspielhaus

En el centro de la plaza, entre ambas iglesias, se construyó primero un pequeño teatro francés, que a principios del XIX, al tiempo que Gontard levantaba sus cúpulas, fue sustituido por un monumental teatro nacional obra de Carl Gotthard Langhans.

Schinkel entra en escena en 1818, tras un incendio que deja destruido este teatro de Langhans, y recibe el encargo de diseñar la nueva Schauspielhaus, que termina tres años más tarde. El nuevo teatro que responde a los cánones del neoclasicismo y muestra ya de forma clara la preferencia de Schinkel por la arquitectura griega sobre la romana, que es también la forma en que Prusia se distancia estéticamente del neoclasicismo francés, inspirado en el estilo imperial romano, y muy desprestigiado en Alemania tras la ocupación napoleónica.

Como todas las obras de Schinkel, la Schauspielhaus guarda una relación muy calculada con su entorno: el teatro invade la plaza y actúa de enlace entre las dos iglesias gemelas de los extremos.

El modelo de Schinkel fue griego, pero no el canon dórico del Partenón, sino un templo mucho menos lustroso de la Acrópolis de Atenas: el monumento corégico de Trasilo (a la sazón destruido poco después por los turcos), que simplificaba aún más el ya austero orden dórico prescindiendo de los triglifos. Así, las tenias que bordean el arquitrabe incorporan una única linea de gotas (guttae) que ya no tiene metopas con las que alinearse. El resultado final es un friso libre de ornamiento, sobrio y sencillo hasta el extremo.

Guttae en el monumento corégico de Trasilo
Guttae en el monumento corégico de Trasilo
Guttae en la Schauspielhaus de Schinkel
Guttae en la Schauspielhaus de Schinkel

Prácticamente destruido en la Segunda Guerra Mundial, la Schauspielhaus se restauró en los años setenta preservando su aspecto exterior, sin añadir una coma a los planos originales. El interior en cambio se remodeló por completo para convertirlo en la nueva Konzerthaus, una excelente sala de conciertos que acoge hoy las actuaciones de la Sinfónica de Berlín.

Friedrichswerder

Construida entre 1821 y 1830, la Friedrichswerder fue el primer edificio neogótico de Berlín. Schinkel presentó dos proyectos al emperador Federico Guillermo, uno de estilo neoclásico y otro neogótico, que rememoraba la espiritualidad medieval y la grandiosidad del gótico germano; “el verdadero arte alemán”, que diría Goethe. Finalmente fue este último el que se impuso, aunque la pátina de Schinkel es evidente incluso a primera vista: la Friedrichswerder es pura forma, especialmente en su exterior. Reducida a una sencillez casi minimalista que recupera –a su manera– el espiritualismo del gótico alemán, el esbelto templo carece casi de elementos decorativos y recibe su personalidad y su fuerza de su principal material, un ladrillo rojo similar al de las antiguas iglesias berlinesas de Santa María y San Nicolás.

Exterior de la Friedrichswerder
Exterior de la Friedrichswerder

La Friedrichswerder fue también duramente dañada durante la Segunda Guerra Mundial, pero su proceso de restauración pudo terminarse sin problemas y hoy tanto el exterior como el interior son un fiel reflejo del original. Lo que sí se perdió fue su carácter sagrado, ya que hoy día la Iglesia sólo rinde culto a su propio creador: el edificio forma parte de los Museos Nacionales de Berlín y su exposición permanente está dedicada a la vida y obra de Schinkel. Visita, pues, ineludible.

Interior de la Friedrichswerder
Interior de la Friedrichswerder

Neue Wache

El Cuartel de la Nueva Guardia, construido entre 1816 y 1818, fue el primer gran proyecto de Schinkel en Berlín, el que le abrió la puerta a todos los demás. Hoy parece empequeñecido entre los colosos que ocupan el extremo oriental de la gran avenida Unter den Linden, pero que su tamaño no nos engañe: esta Neue Wache –una versión cúbica del Panteón de Roma, en palabras de Hermann G. Pundt– impresionó a todos por su capacidad para aunar la monumentalidad del estilo neoclásico con un carácter grácil y armónico.

Edificio de la Neue Wache
Edificio de la Neue Wache

Aunque no lograra del emperador todo el espacio abierto que hubiera querido para los alrededores del edificio, en los bocetos originales Schinkel ha había incluido una profusa vegetación rodeando toda su planta, en un intento de enfrentar la abstracción formal de las formas humanas con la irregularidad natural de los árboles circundantes. No es difícil entender cómo la Neue Wache destacó a Schinkel sobre los repetitivos y poco imaginativos arquitectos neoclásicos de su tiempo.

La Neue Wache perdió su función original en 1931, pasando a ser, durante la República de Weimar, un edificio votivo dedicado a los caídos en la Primera Guerra Mundial. Se le añadió entonces un óculo y una escultura conmemorativa, obra de Käthe Kollwitz. La “Madre con su hijo muerto” descansa justo debajo del óculo, expuesta a los elementos, como emotivo recuerdo a las víctimas berlinesas.

Interior de la Neue Wache. Por Andreas Levers
Interior de la Neue Wache. Por Andreas Levers

El edificio pasó a ser un Memorial de las víctimas del fascismo durante la era soviética; y tras la caída del muro, un Memorial de las víctimas de la guerra y la tiranía.

Altes Museum

A pocos pasos de la Neue Wache, cruzamos el puente que une Unter den Linden con la Isla de los museos, el Schloßbrücke, cuyo diseño y ornamentación escultórica responden al intento de Schinkel de integrar orgánicamente isla y avenida. Después se llega, por fin, al Altes Museum, la obra maestra del arquitecto prusiano.

Altes Museu,. Por Michael Berlin
Altes Museu,. Por Michael Berlin

Erigido para albergar la colección de arte de la familia real, hoy es sede de la colección antigua de los Museos Estatales de Berlín, y su diseño interior, extremadamente funcional y avanzado a su tiempo, sigue siendo alabado por museólogos y comisarios de exposiciones.

De todos los edificios neoclásicos construidos por Schinkel en Berlín, éste es el más grande, y sin embargo el menos pesado, el más volátil y elegante. No es de extrañar que fuera uno de los favoritos de Mies van der Rohe: el museo es un prodigio de sencillez, armonía y monumentalidad, y lo era aún más antes de que la Batalla de Berlín destruyera para siempre sus edificios vecinos, que formaban con él un todo unitario nacido de la cuidadosa planificación de Schinkel para toda la isla. Con el Altes Museum y la Bauakademi Schinkel no diseñó sólo un edificio, sino todo un espacio urbano que hoy, tristemente, es imposible apreciar en su totalidad.

Dorotheenstädtischer Friedhof

Aunque no sea ya para admirar otra obra de Schinkel, una buena forma de acabar la ruta es acercarse al Dorotheenstädtischer Friedhof, el cementerio situado al norte de la isla de los museos. Schinkel descansa allí junto a Friedrich Hegel, Heinrich Mann y otros ilustres nombres alemanes de las artes y de las ciencias.