Desde las primeras representaciones cristianas encontramos unos personajes que según el evangelio de San Mateo llegaron a Belén siguiendo una estrella para rendirle homenaje al nuevo rey nacido para cambiar la vida religiosa de millones de personas.

San Mateo será el que recoja el hecho cuando narra: …Y cuando Jesús nació en Belén de Judea en los días del rey Herodes, he aquí, unos magos vinieron del oriente a Jerusalén. Y cuando entraron en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, le adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, e incienso y mirra” (Mt, 2: 1, 11)

Si bien en el evangelio no se describe el número exacto, se ha asumido que fueron tres por los presentes entregados, tampoco aparecen ni sus nombres, ni razas, ni edades. Hay que buscar en los evangelios Apócrifos, concretamente en el Evangelio Armenio de la Infancia (s.IV), en su capítulo XII, donde describe los nombres de los magos y su procedencia: “El primero era Melkon, rey de los persas; el segundo, Gaspar, rey de los indios; y el tercero, Baltasar, rey de los árabes. Y los jefes de su ejército, investidos del mando general, eran en número de doce. Las tropas de caballería que los acompañaban, sumaban doce mil hombres, cuatro mil de cada reino”.

Interpretaciones diversas que cambiaron a lo largo de los tiempos, entendieron que los tres reyes eran la representación de las tres edades del hombre, con lo que se simbolizaba que Cristo vino a salvar a los hombres de todos los tiempos, y al final de la Edad Media, se reafirma esta idea convirtiéndolos en la representación de las tres razas conocidas entonces que se correspondían con los tres continentes conocidos: el más anciano por Europa, el de mediana edad por Asia y el más joven por África, al que habitualmente se identifica con Baltasar.

En la noche del cinco de enero desde el siglo XIX, los tres Reyes llegan en vistosas cabalgatas a las ciudades españolas, andorranas, checas y polacas, y a algunas mexicanas del estado de Guanajuato, o a la localidad portuguesa de Monção, abriendo los cofres de la ilusión y cerrando una semanas de celebraciones que se repiten cada año como vimos hace unos días en el post de la Navidad en 10 obras de arte

Hoy nos vamos a parar en diez ejemplos que nos acercarán a las raíces de esta tradición que el arte ha reflejado desde las catacumbas de Roma. Diez miradas que cambian a lo largo de la historia, en función de las costumbres y la intelectualidad de cada momento, y claro de la sensibilidad de cada artista.

La Adoración de los Reyes Magos. Gentile da Fabriano. 1423. Temple sobre madera. Galería de los Uffizi. Florencia
La Adoración de los Reyes Magos. Gentile da Fabriano. 1423. Temple sobre madera. Galería de los Uffizi. Florencia

Adoración de los Magos. Gentile da Fabriano.

Este magnífico retablo fue encargado por Palla Strozzi, uno de los hombres más ricos de la Florencia de su tiempo, para su capilla familiar en la iglesia de la Santa Trinidad. Y el motivo pincipal de la tabla que narra la Adoración de los Magos, es una excusa para manifestar el poder de su dinastía.

Gentile da Fabriano, el representante más importante del Gótico Internacional, deja en esta tabla que es su obra más conocida, una auténtica obra maestra del final del gótico, en la que se mezclan sus influencias sienesas y lombardas, el detallismo de los libros miniados, con algunos síntomas del quatrocento que aparecen en las escenas del fondo. En cuanto a la Iconografía hay que pensar que Gentile conocía el Evangelio Armenio de la Infancia, al que hacemos referencia al principio de esta lista.

Alejada de la humilde escena que narran las Escrituras, tenemos ante nosotros un despligue de materiales carísimos con los que el pintor se recrea en los detalles mostrando la riqueza y suntuosidad de los tejidos, vistiendo a los reyes y a los personajes que les siguen al modo de la alta sociedad florentina. De hecho hay dos retratos de los Strozzi, y algunos de sus clientes.

Aparecen en la escena animales exóticos, dromedarios, monos, guepardos, halcones, que no tienen intención simbólica alguna. Son una demostración más del poder económico de la familia donante, que tenía este tipo de animales en sus jardines.

Panel central del tríptico del altar de Santa Columba. Retablo pintado al óleo sobre tabla. 1455 . Rogier van der Weyden.  Pinacoteca Antigua de Múnich
Panel central del tríptico del altar de Santa Columba. Retablo pintado al óleo sobre tabla. 1455 . Rogier van der Weyden. Pinacoteca Antigua de Múnich

Adoración de los Magos. Rogier van der Weyden.

Esta es la tabla central del Tríptico del altar de Santa Columba en la que aparece la Adoración de los Reyes Magos. La escena está enmarcada por un fondo arquitectónico, infuido por un viaje de Van der Weyden que le había llevado a Italia, donde conoció la pintura del Renacimiento meridional, especialmente en la obra de Gentile da Fabriano.

El pilar central del portal de Belén es el eje de la composición, y en él vemos un crucifijo, detalle anacrónico, bajo el que se escenifica la ofrenda de los tres Reyes Magos que representan las tres edades del hombre, ya que como vemos aún no aparece Baltasar de raza negra.

En los paneles laterales se representan la Anunciación a la izquierda y la Presentación de Jesús en el Templo a la derecha.

El vivo cromatismo de la pintura de Van der Weyden, los rasgos de los personajes y la minuciosidad de los objetos son la muestra de que estamos ante una obra de la escuela flamenca de pintura, que tiene ya como decimos la influencia de Italia.

Palacio Médici-Riccardi. Benozzo Gozzoli. Frescos. 1459/61. Florencia
Palacio Médici-Riccardi. Benozzo Gozzoli. Frescos. 1459/61. Florencia

Cortejo de los Magos. Benozzo Gozzoli.

La imagen es un detalle de los frescos que decoran la Capilla de los Magos del que entonces era el palacio de los Medici. Es una obra que nace de la competencia con los Strozzi, la otra familia poderosa de aquella época en Florencia. Aunque era de uso privado, en esta sala recibían a los representantes de las firmas comerciales y a los gobernantes extranjeros. La obra tiene al menos dos lecturas: la religiosa, que narra de manera pomposa el Nacimiento de Cristo, y la política, que exalta el poder de esta familia florentina que fueron los anfitriones de la celebración del Concilio Ecuménico de 1439 en el que se consiguió la unificación de la Iglesia católica y la Ortodoxa, separadas desde hacía cuatro siglos, después de que fracasara en Ferrara en 1438.

Las pinturas ocupan la totalidad de los muros y están orientadas hacia el ábside donde hoy hay una copia del cuadro de la Adoración del Niño Jesús de Filippo Lippi. El episodio desarrollado en tres de sus muros es La Cabalgata o Cortejo de los Reyes Magos camino de Belén y en los muros del ábside además se representa La Anunciación a los Pastores del Nacimiento de Cristo y la Adoración de los ángeles.

Realizada por Benozzo Gozzoli, artista de transición entre el Gótico y el Renacimiento, está inspirada claramente en la Adoración de los Magos de Gentile da Fabriano. Aquí los Magos son recibidos en Belén,en realidad en Florencia, por miembros de la familia Medici, que regalaba al pueblo una cabalgata similar en la noche de Reyes.

La Adoración de los Magos, de Leonardo da Vinci. Óleo sobre lienzo (inacabado). 1481/82. Galería de los Uffizi. Florencia
La Adoración de los Magos, de Leonardo da Vinci. Óleo sobre lienzo (inacabado). 1481/82. Galería de los Uffizi. Florencia

Adoración de los Magos. Leonardo da Vinci.

Esta tabla incabada, pintada al óleo por el maestro da Vinci en 1481, surgió por un encargo de los monjes del monasterio de San Donato en Scopeto, cerca de Florencia. Su traslado a Milán parece ser el motivo de que la dejara sin acabar, quedando la tabla en casa de su amigo Amerigo Benci.La obra pasó sucesivamente a la colección de la familia Médici para llegar a la Galería de los Uffizi en 1794.

De composición compleja e inusual para el tema, por lo agitado de la escena, el grupo protagonista está construido en la pirámide central formada por María, Jesús, y los reyes, todos ancianos, que le ofrecen sus regalos al Niño. A los lados de este grupo, en los extremos derecho e izquierdo del cuadro, dos personajes, uno viejo y otro joven, considerados como la Filosofía (en actitud contemplativa) y la Acción.

Tras ellos, una multitud de personajes forman un arco de diferentes acciones. Son el séquito de los Reyes Magos, los pastores, los ángeles, todos ellos sacudidos por la emoción de la llegada del Mesías.

Sobre las escenas de lucha al fondo no ha habido acuerdo. Se han mirado desde distintos puntos de vista: la lucha del mundo del pecado, la caída de la civilización hebrea y la descomposición de su cultura (simbolizada en los edificios en ruinas) o un episodio concreto de la historia de la Orden monacal que encargó la obra.

Adoración de los Magos. EL Bosco. Óleo sobre tabla. 1494. Museo del Prado, Madrid.
Adoración de los Magos. EL Bosco. Óleo sobre tabla. 1494. Museo del Prado, Madrid.

Adoración de los Magos. El Bosco.

Una obra maestra de El Bosco. Representación más templada y dulce que otras del maestro neerlandés, en la aparecen personajes ajenos a la costumbre iconográfica de esta temática. La reinterpreta, infundiendo por ejemplo, a los pastores que trepan por el árbol lateral de la cabaña, y a los que están sobre ella, una expresión de curiosidad chismosa, alejada de la ternura e ingenuidad que en general representan los pastores.

Introduce en el tema central un anticristo que asoma descarado por la puerta desvencejada de la casa, rodeado de personajes siniestros. Saca a San José del motivo central y lo lleva a una de las tablas laterales (izquierda) donde parece secar en una hoguera las ropas del niño, y despliega en los detalles de ropajes y regalos, todo un monumento simbólico, del que el Museo del Prado, hace una completa descripción, tanto del tríptico abierto como cerrado.

El tema de esta obra es la llegada de la salvación al mundo, y El Bosco trae a los Reyes Magos como representantes de las razas del mundo entonces conocido, y habla de la Redención de los pecados representando un burdel que aparece tras uno de los ejércitos, al que se dirige un caminante que tira de un burro sobre el que aparece un mono (símbolo de la lujuria).

Cada vez que se mira con atención un cuadro de El Bosco, se encuentra algo nuevo. En esta joya hay mucho que leer.

Adoración de los Reyes. Brueghel el Viejo. Óleo sobre tabla. 1564. National Gallery. Londres
Adoración de los Reyes. Brueghel el Viejo. Óleo sobre tabla. 1564. National Gallery. Londres

Adoración de los Magos. Brueghel el Viejo.

Si El Bosco innovó en su Adoración de los Magos, Brueghel el Viejo consigue darle un aire nuevo a su interpretación de esta arquetípica escena y la dota de un aire nuevo.

Es antitradicional, imaginativa y atrevida. Sólo María y el Niño se salvan de la fealdad. Los rasgos del resto de los personajes son cómicos o grotescos. El Rey que ofrece el incienso, o los personajes que hay tras la Virgen, como el personaje de las gafas, son todos digamos que poco agraciados.

Y como otros artistas del Renacimiento italiano habían trasladado la escena a sus ciudades y ataviado a los personajes con sus propias modas, Brueghel viste a Sus Majestades con atuendos llenos de imaginación y alejados de cualquier boato. Con Baltasar hace un cambio de continente y lo viste al modo de los indios americanos.

Del buey y la vaca ni rastro, en su lugar hay una especie de cabra que parece estar molesta con tanta concurrencia.

Toda la escena es pura innovación, una variante burlesca del tema por parte de este gran maestro de la pintura flamenca del siglo XVI que junto con Jan Van Eyck, el Bosco y Pedro Pablo Rubens, está considerado como una de las cuatro grandes figuras de la historia de la pintura flamenca.

La Adoración de los Magos. Peter Paul Rubens. 1609. Museo del Prado.
La Adoración de los Magos. Peter Paul Rubens. 1609. Museo del Prado.

Adoración de los Magos. Rubens.

Otra versión de la famosa visita de los Magos es esta obra maestra de Rubens. Un encargo del Ayuntamiento de Amberes para decorar la Cámara de los Estados, para una ocasión histórica: la firma del Tratado de Amberes. El tema se eligió como símbolo de los beneficios que la ciudad esperaba obtener con la firma de aquel Tratado.

El cuadro lo repintó y lo amplió Rubens, ya en España entre 1628 y 1629, modificando numerosos detalles y ajustándolo al estilo que desarrollaba en aquella época, añadió su autorretrato (el hombre de la casaca morada sobre el caballo de la derecha). Son evidentes las influencias de Miguel Ángel y Caravaggio, (los dos porteadores del principio), y de Tiziano, y los restos de arquitectura clásica que sirve de Portal. Todo el lujo y el boato que se le supone a una reunión política de la importancia de aquel Tratado están reflejados en esta escena nocturna que se ilumina desde la luz que emana del Niño.

La obra aunque algo deteriorada se salvó del incendio del Alcázar de Madrid en 1734. Fue restaurado en 2004.

La Adoración de los Magos. Velázquez. Óleo sobre tabla. 1619. Museo del Prado, Madrid.
La Adoración de los Magos. Velázquez. Óleo sobre tabla. 1619. Museo del Prado, Madrid.

Adoración de los Magos. Diego de Silva y Velázquez.

Sin estar comprobado, parece ser que Velázquez pintó este cuadro para el noviciado jesuita de San Luis de los Franceses de Sevilla, apoyándose en el espino que aparece en el ángulo inferior derecho, alusivo a la Pasión de Cristo, que podría hacer referencia a la reliquia de la corona de espinas que poseía el santo rey de Francia.

Velázquez tenía en esta fecha, 1619, veinte años, y representa la Adoración de los Reyes Magos según la tradición cristiana: en número de tres, Baltasar de color negro (desde el siglo XIV), ofreciendo tres regalos al Niño Jesús: oro como rey, incienso como Dios y mirra como hombre, tras haber seguido el camino hasta Belén gracias a la estrella de oriente.

La composición se completa con la Virgen y el Niño, san José y un paje, con los que llena prácticamente toda la superficie del lienzo y deja solo una pequeña abertura a un paisaje crepuscular en el ángulo superior izquierdo. Todo es serenidad en esta escena.

Los modelos parecen ser miembros de la familia de Velázquez. Así su suegro Francisco Pacheco sería el rey Melchor, el de barba blanca, la Virgen sería la esposa de Velázquez, Juana Pacheco, con la que había casado un año antes, el Niño Jesús sería su hija mayor, y él mismo o su hermano Juan, daría rostro a Gaspar. Tales identificaciones, sin embargo, en opinión de Julián Gállego y otros críticos, no están probadas, y ciertamente es raro que su suegro Pacheco no lo refiera en su Arte de la Pintura, donde si menciona un autorretrato suyo.

Aún le quedaba mucho recorrido al principiante pintor que deja en esta abigarrada escena una sensación de proximidad e íntimo recogimiento.

La obra tiene un sentido profundamente devoto, que se acrecienta por su aparente cotidianidad. Parece realmente una escena familiar que recibe con total naturalidad una visita nocturna en la que se iluminan las formas con una luz que despejando las sombras se dirige al Niño, el centro de toda meditación, dándole volumen y forma.

La Adoración de los Magos. Zurbarán. 1638. Óleo sobre lienzo. Museo de Bellas Artes deGrenoble
La Adoración de los Magos. Zurbarán. 1638. Óleo sobre lienzo. Museo de Bellas Artes de Grenoble.

Adoración de los Magos.Zurbarán

Zurbarán, contemporáneo y amigo de Velázquez pintó esta Adoración para la Cartuja de Nuestra Señora de la Defensión, en Jerez de la Frontera.

Guarda en las figuras de la Sagrada Familia y en el abigarramiento de la composición, cierta similitud con el cuadro anterior de Velázquez, pero muestra la influencia de Caravaggio en el tratamiento de la luz, y a diferencia de la velazqueña, la escena del extremeño está cargada de lujo en los ropajes de los Magos.

Zurbarán combina con gran efectismo el tenebrismo habitual en su paleta con dos focos de luz: la diurna al fondo, con la que crea un espacio abierto, y una luz artificial lateral que llega desde la cabeza de Melchor, el Niño y su Madre.

La composición resulta algo forzada, pues la Sagrada Familia parece un poco relegada a un lateral, desplazada por la imponente presencia de los lujosos personajes y su séquito.

La Adoracion de los Magos de Alberto Durero. Óleo sobre tabla. 1504. Galeria de los Uffizi
La Adoracion de los Magos de Alberto Durero. Óleo sobre tabla. 1504. Galeria de los Uffizi

Adoración de los Magos. Alberto Durero

Y terminamos este recorrido pictórico por la representación de la Adoración de los Magos con un cuadro que pintó Durero después de un viaje a Italia.

Es evidente la influencia del Renacimiento italiano en esta obra de madurez del pintor alemán que realizó por encargo de Federico el Sabio y que es parte de un retablo desmenbrado en la actualidad.

Tiene la tabla el vivo cromatismo y la luz veneciana, en la figura de la Virgen se observan influencias de Giovanni Bellini y la arquitectura de los fondos nos lleva a la pintura de Andrea Mantegna.

Es muy interesante el tratamiento de la perspectiva, pues la dirección del punto de fuga es diagonaly hay una gran precisión entre la perspectiva y las proporciones.

La escena no necesita más que las cuatro figuras monumentales que rodean al niño, una de las cuales, Gaspar es un autorretrado del pintor, para conseguir un diálogo natural con el entorno en el que los sitúa, en eso miró Durero a Leonardo.

El paisaje, que recuerda algo a la pintura flamenca, al igual que el detallismo de los insectos del primer plano o las pedrerías del vestido de Melchor.

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