En la ciudad de París las iglesias son abundantes. Muchas de ellas son góticas y las que no lo son, aunque fueron construidas en épocas posteriores y en base a gustos diferentes, nunca se alejaron del todo de aquel estilo. El apego al Gótico está presente siempre, incluso en templos sin vidrieras ni arcos ojivales, y se nota en la altura, en la monumentalidad de las columnas, en las amplias naves y en los espaciosos deambulatorios.

El interés de estas iglesias no se reduce a su arquitectura o a su significación religiosa. Son un recuerdo vivo de la historia de París y, por extensión, de Francia; un lugar donde comprobar el inmenso poder de monarcas como Luis XIV, la devastación que causaron las guerras de religión o incluso las consecuencias del reformismo laico de la Revolución. Y son también, cómo no, verdaderos museos, que conservan vidrieras góticas, grandiosas esculturas de autores anónimos, mobiliarios suntuosos y excelentes lienzos y frescos de artistas de renombre.

En París, decíamos, las iglesias son abundantes. Pero en todo viaje el tiempo apremia y nos obliga a ser selectivos en nuestras visitas, de modo que estas son las diez que, en nuestra opinión, por sus valores históricos y artísticos, más merecen la pena.

Interior de Saint-Séverin de París
Interior de Saint-Séverin de París. Fuente

10. Saint-Séverin.

En honor de San Severino, un ermitaño que en el siglo XV llevó una vida de contemplación y meditación en la orilla izquierda del Sena, se construyó un pequeño oratorio que en el siglo XI se convirtió en una iglesia románica. Durante los siglos siguientes la ciudad experimentó un gran crecimiento demográfico que impulsó muchas construcciones, y entre ellas una nueva iglesia en honor de Saint-Severin, más grande, de estilo gótico. En 1448 un incendio le ocasionó importantes daños y en 1489 fue de nuevo reconstruida en el estilo gótico tardío que ha conservado hasta hoy, con los únicos añadidos de una sacristía de 1643 y una capilla que el célebre Jules Hardouin-Mansart le añadió en 1673.

En consecuencia, Saint-Severin es una de las iglesias más antiguas de París, y una de las que conserva un gótico más reconocible y homogéneo. Como curiosidad, la iglesia cuenta con la campana más antigua de las conservadas en París: lleva sonando nada menos que desde 1412.

Cúpula de Saint Paul-Saint Louis
Cúpula de Saint Paul-Saint Louis. Fuente

9. Saint-Paul-Saint-Louis.

El camino abierto en Roma por Vignola con la espléndida iglesia jesuítica del Gesù tuvo su eco en toda Europa, y en París se tradujo en la construcción de esta iglesia, originalmente dedicada San Luis (Saint-Louis de la maison professe des Jésuites). Más adelante, tras la destrucción de una capilla dedicada a San Pablo que se encontraba en la misma calle, adquirió su denominación actual.

Es una iglesia de dimensiones colosales, mayores que las del Gesù de Roma; un intento de fusionar ese nuevo estilo barroco con la tradición francesa de las enormes iglesias góticas. El interior conserva las tres naves en lugar de la nave única que había contemplado Vignola. La fachada principal, con sus tres órdenes de columnas, es tan alta que casi impide ver la cúpula desde el exterior.

Fachada y cúpula del Val-de-Grâce
Fachada y cúpula del Val-de-Grâce. Fuente

8. El Val-de-Grâce.

La iglesia del Val-de-Grâce está directamente relacionada con Ana de Austria, la esposa de Luis XIII. Ana fue durante años apartada, marginada y atacada por su incapacidad para proporcionar al Rey un heredero varón, hasta que uno de sus embarazos llegó por fin a buen puerto y en 1638 dio a luz al delfín Luis-Diudoné, el futuro Luis XIV. Unos años después, cuando la muerte de su marido la convirtió en Regenta de Francia, aprovechó para cumplir una promesa hecha años antes y consistente en levantar un “templo magnífico” si Dios tenía a bien darle un hijo. El proyecto consistió en la completa reconstrucción de la iglesia y el monasterio del Val-de-Grâce, que es donde había pasado sus peores años.

La nueva iglesia se adecuó a los preceptos de la Contrarreforma y se inspiró en las iglesias romanas de Madonna dei Monti y Sant’Andrea della Valle. Se construyó con planta de cruz latina y, como empezaba a ser tradición en París, con una enorme y altísima cúpula, bajo la cual se situó un altar mayor con un baldaquino inspirado directamente en el que diseñó Bernini para el Vaticano.

Fachada de Saint-Etienne du Mont
Fachada de Saint-Etienne du Mont. Fuente

7. Saint Etienne du Mont.

En el Barrio Latino, muy cerca del Panteón, se encuentra Saint Étienne du Mont, la iglesia que alberga los restos y el santuario de la patrona de París, Santa Genoveva. Igual que Saint-Estache, es una curiosa mezcla entre el Gótico tardío y el Renacimiento, pues la iglesia se empezó a construir en 1492 pero los principales impulsos constructivos correspondieron ya al siglo XVI, y la mayor parte de la fachada, al XVII.

Tanto la fachada principal, con su pórtico clásico y su pináculo gótico del piso superior, como el interior, con sus arcos ojivales y sus altas columnas rodeadas de escaleras de caracol y decoradas al gusto renacentista, muestran, a pasear de la –en principio antitética– mezcla de estilos, una notable unidad visual.

Es recomendable detenerse a admirar el coro, de estilo gótico radiante, así como las tumbas de varios literatos franceses –entre ellos Pascal y Racine– que se suceden a lo largo del deambulatorio.

Exterior del Panteón
Exterior del Panteón. Fuente

6. El Panteón.

Iba a ser la gran iglesia de Francia. Un templo monumental dedicado a la patrona de París, Santa Genoveva. El equivalente parisino de San Pablo de Londres y San Pedro de Roma. Pero cuando estaba a punto de consagrarse estalló la Revolución: entre 1791 y 1793 la Asamblea Nacional debatió qué hacer con él y decidió asignarle la función de panteón: el lugar en el que habrían de reposar los cuerpos de los hombres ilustres de la patria.

El aspecto clásico de la fachada principal, indisimuladamente inspirada en el Panteón de Roma, facilitó sin duda el cambio, y algunas reformas cosméticas (en el interior se tapiaron varias ventanas que le daban un aspecto demasiado similar a las iglesias góticas) impulsaron una conversión que no alteró demasiado el proyecto original.

El vaivén de cambios políticos que sufrió Francia durante el siglo XIX fue alternando el uso del edificio: ora religioso, ora laico, hasta que, en 1885, con motivo del funeral de Víctor Hugo, quedó para siempre designado como Panteón.

Interior de Saint-Sulpice
Interior de Saint-Sulpice. Fuente

5. Saint-Sulpice.

La hermosa Saint-Sulpice tardó más de un siglo en construirse –mitad del XVII y mitad del XVIII– el siglo de la Guerra de los 30 años y el declinar del barroco. Tiene una fachada italianizante formada por dos columnatas clásicas que van a dar en cada extremo a sendas torres que son como continuaciones verticales de los pisos inferiores. Curiosamente, no son iguales.

El monumental espacio interior, que reproduce el espacio de las iglesias medievales –con su gran altura, sus cinco naves y su espacioso deambulatorio– llama la atención por la luz, que se precipita abundante y copiosa desde los grandes arcos de los ventanales. Hay en una de las capillas laterales un par de frescos de Delacroix, Jacob luchando con el ángel y Heliodoro expulsado del templo, y en el centro un gnomon de la meridiana solar, una columna que marca la hora del día proyectando una sombra en el suelo y que permite identificar con precisión los solsticios. Este rasgo científico sirvió para salvar el templo de la ira de los revolucionarios, que lo convirtieron en Templo de la Victoria antes de que en 1800 recuperara su tradicional culto católico..

Iglesia de Saint-Eustache
Iglesia de Saint-Eustache. Fuente

4. Saint-Eustache.

En el barrio de Les Halles se alza la sorprendente y colosal iglesia de Saint Eustache, un templo de estilo gótico que rivaliza en grandeza con Notre-Dame (de hecho muchos la llaman “la casi-Catedral de Saint-Eustache”) y que ilustra de forma ejemplar, igual que Saint-Etienne-du-Mont, el paso del Gótico al Renacimiento.

Se empezó a construir en 1462 con planta, estructura y proporciones góticas, pero su construcción se alargó durante más de cien años y en ese período no dejaron de llegar desde Italia influencias del nuevo estilo renacentista. Al final, los arcos de las naves interiores se hicieron de medio punto, las pilastras y la decoración se ajustaron al nuevo gusto renacentista, incluso se abandonó la antigua magia de las vidrieras por el nuevo uso racional de luz natural que había impulsado Brunelleschi en Florencia. El resultado es un híbrido curioso, único y bellísimo que conviene admirar con calma y detenimiento.

Iglesia de Saint-Louis des Invalides
Iglesia de Saint-Louis des Invalides. Fuente

3. Saint-Louis des Invalides.

Si el gran legado de su madre había sido la reconstrucción del Val-de-Grace, el gran Palacio de los Inválidos fue uno de los grandes proyecto de Luis XIV. Sede de una institución dedicada a acoger a los numerosos veteranos de guerra que, heridos, inválidos o empobrecidos, quedaban marginados de la sociedad y cuidados, mal que bien, por diferentes órdenes religiosas, el monumental proyecto tuvo por guinda la construcción de una iglesia dedicada a San Luis, pero pronto conocida, simplemente, como Iglesia del Dome, por la enorme y altísima cúpula que la preside y distingue.

La iglesia completaba a la iglesia de los soldados, ya construida, y estaba reservada únicamente a Luis XIV. Se articula en torno a la grandiosa cúpula, y algunos han querido ver parecidos con el proyecto original de San Pedro del Vaticano. Es verdaderamente colosal, sobre-elevada por el arquitecto Mansard merced a la novedosa aplicación de un doble tambor: en la actualidad sigue siendo uno de los elementos más reconocibles del skyline parisino.

En el interior suele visitarse la famosa tumba de Napoleón, pero lo más llamativo y valioso es la decoración interna de las paredes de la cúpula, dedicadas la Gloria Celestial e iluminadas con criterios casi escenográficos por los vanos del segundo cuerpo del tambor.

Interior de la Sainte-Chapelle
Interior de la Sainte-Chapelle. Fuente

2. La Sainte-Chapelle.

Fue característica común de todas las iglesias góticas la elevada altura, la delgadez de los muros para dejar pasar la luz y el uso generalizado de las vidrieras. Pero en ningún lugar se llevó la iluminación a tal extremo como en la Sainte-Chapelle de París. Aquí, especialmente en la Capilla Alta, la reservada a los reyes, los vidrieristas contaron en cristal la historia del Génesis y los arquitectos tradujeron el “Hágase la luz” al lenguaje de la piedra y el cristal. El resultado es una sala que cuyos sólidos muros parecen invisibles.

La Sainte-Chapelle se encuentra en la Île de la Cité, a poca distancia de Notre-Dame y junto al Palacio de la Cité, del que formaba parte como capilla destinada al uso privado de los monarcas de Francia. Se construyó en sólo seis años, entre 1242 y 1248, y a ello se debe su aspecto tan unitario y coherente. Normalmente se la considerada como la mayor obra maestra del Gótico radiante.

Notre-Dame al amanecer
Notre-Dame al amanecer. Fuente

1. Notre-Dame.

Desde que el papa Alejandro III pusiera la primera piedra en 1163, hasta que las obras se completaron 170 años más tarde, pasaron por Notre-Dame los mejores canteros, artesanos, vidrieristas y escultores de la época, que legaron a París su iglesia más preciada. Situada en la céntrica Île de la Cité, junto al Sena, Notre-Dame es la Catedral de la ciudad y es también uno de sus más reconocibles símbolos.

Conviene admirarla detenidamente por fuera, y no sólo la magnífica fachada principal sino también sus pórticos y fachadas laterales –el magnífico acceso del lado sur, la extraordinariamente adornada Porte Rouge– así como los monumentales arbotantes que la rodean.

También, cómo no, el interior, sobrecogedor en su purísimo estilo gótico, luminoso y coloreado por las abundantes vidrieras. Subiendo a los pisos superiores se pueden admirar también las famosas gárgolas, los campanarios llenos de leyendas y unas magníficas vistas de París.