En la Villa de Bomarzo, antiguo asentamiento etrusco y hogar de la poderosa familia de los Orsini, se encuentra una de las creaciones más fabulosas del Renacimiento italiano. El Parque de los Monstruos es una experiencia estética y sensitiva y un misterioso camino de iniciación, flanqueado por fuentes, estatuas y arquitecturas que surgen de la piedra, hacia significados esquivos, quizá ilusorios, pero siempre estimulantes.

Su originalidad es absoluta, y así lo hizo saber su principal responsable. Pier Francesco Orsini quería un parque “que no se pareciese a otro más que a sí mismo”. Hasta qué punto Bomarzo pueda ser un reflejo de los fantasmas y las obsesiones de su creador o un juego de puzzles y adivinanzas es un misterio para nosotros, pero merece –y mucho– la pena explorarlo.

Como no se trata de un examen, ni parece haber una única respuesta correcta a los enigmas de Bomarzo, lo haremos ayudados por varios guías. Entre ellos, uno de los intérpretes más notables que ha tenido el Parque de los Monstruos, el argentino Manuel Mújica Laínez, autor de la novela que lleva por nombre Bomarzo y que reconstruye la vida de Pier Francesco –Vicino– Orsini. Una novela fantástica que alimentará las ganas de visitar este precioso rincón del Lazio.

Templo de Giulia Farnese
Templo de Giulia Farnese. Fuente

El Parque se encuentra en un terreno irregular, surcado de pequeños riachuelos y saltos de agua. De su suelo surgen grandes moles de una piedra volcánica llamada peperino que fue aprovechada magistralmente para esculpir las abundantes obras que lo decoran.

Se construyó en la época final del Renacimiento, un tiempo de sofisticación, de exploración y de juego que en el ámbito artístico se conoce como manierismo. El Papado ya no era tan sagrado, el idealismo clasicista del pleno Renacimiento estaba agotado, y por doquier surgían propuestas nuevas y exuberantes como la Villa d’Este de Tívoli, la Villa Demidof de Pratolino o el Palacio Farnese de Caprarola. El Parque de Bomarzo es quizá la más radical de todas estas obras radicalmente originales. Citamos a Mújica Laínez:

El arquitecto escultor vislumbraba las decoraciones de mi castillo de acuerdo con los principios caros a los manieristas, que daban primacía al diseño sobre el colorido y que exaltaban el concepto neoplatónico de la idea, de la imagen interior, por encima de las trabas del naturalismo esclavizante. Era el suyo un arte sabio, refinado, afirmado en las singularidades fantásticas y en el encadenamiento insólito, casi burlón, de los detalles realistas minuciosos dentro de un ambiente de esencia irreal.

Abandonado durante siglos tras la muerte del duque y la decadencia de los Orsini, el Parque fue redescubierto a principios del siglo XX en un estado de plena simbiosis entre arquitectura y naturaleza. La vegetación había invadido las estatuas y las había decorado de una manera desordenada y salvaje, dibujando un aspecto irreal y romántico. Sin un recorrido fijo o una lógica clara, el Parque es un espacio donde deambular sin rumbo en busca de nuevas sorpresas.

Un ambiente de esencia irreal, eso es Bomarzo y así merece ser visto. Hay que dejarse llevar y concentrarse en disfrutarlo, pero saber mantener una distancia crítica, una cierta sprezzatura, para no tomárselo demasiado en serio, pues la broma y el equívoco le son consustanciales .

El bosque sería el Sacro Bosque de Bomarzo, el bosque de las alegorías, de los monstruos. Cada piedra encerraría un símbolo y, juntas, escalonadas en las elevaciones donde las habían arrojado y afirmado milenarios cataclismos, formarían el inmenso monumento arcano de Pier Francesco Orsini. Nadie, ningún pontífice, ningún emperador, tendría un monumento semejante. Mi pobre existencia se redimiría así, y yo la redimiría a ella, mudado en un ejemplo de gloria.

Pier Francesco Orsini había heredado el Ducado de Bomarzo del condottiero Gian Conrado Orsini. Lo que no heredó fue el oficio ni el gusto por la guerra. Fue un mecenas culto y sensible vivió rodeado de humanistas –como Aníbal Caro– y cultivó la poesía, las artes y el pensamiento. La muerte prematura tanto de su mujer (Giulia Farnese) como de su primogénito le sumió en una profunda tristeza y se subrayó su carácter solitario. Desde entonces se refugió, aún más, en Bomarzo, y dio rienda suelta a sus sueños y pesadillas.

Aquí y allá, las rocas de Bomarzo emergían de la broza, como los restos de un naufragio que zozobraban en un oleaje de ramas turbulentas. Esas rocas grises encerraban la materialización de mis sueños. Era a ellas a quienes habría que atacar una a una, como si fuesen endriagos, hasta vencerlas. Pero no; no se trataba de vencer; no se trataba de dragones. Cada roca representaba para mí y para mis recuerdos un personaje encantado. El personaje permanecía prisionero bajo la costra. Había que liberarlo y ganar su amistad. Sería un trabajo bello y duro, este que consistiría en devolverle a Bomarzo sus desusados custodios, la guardia del duque Pier Francesco Orsini.

Las grandes obras del Parque de los Monstruos

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El Parque es una suerte de teatro de piedra, compuesto por personajes silenciosos, extraños, fabulosos, que actúan entre arquitecturas singulares y en un paisaje húmedo y boscoso. Dioses, genios, faunos, héroes y figuras de difícil interpretación se alternan en el recorrido con mensajes dirigidos al caminante. La visita parece una suerte de acertijo, anunciado ya por la esfinge de la entrada, y es sin duda un disfrute para los sentidos. Darle sentido puede ser una tarea fútil, pero también divertida y enriquecedora.

Hasta los acontecimientos más pequeños cobrarían la trascendencia de testimonios inmortales, cuando los descifrasen las generaciones por venir. El amor, el arte, la guerra la amistad, las esperanzas y desesperanzas… todo brotaría de esas rocas en las que mis antecesores, por siglos y siglos, no habían visto más que desórdenes de la naturaleza. Rodeado por ellas, no podría morir, no moriría. Habría escrito un libro de piedra y yo sería la materia de ese libro impar.

La esfinge

Esfinge de Bomarzo
Esfinge de Bomarzo. Fuente

Tras entrar al Parque por una puerta de aspecto fortificado, el visitante se encuentra ante este animal mitológico, mitad león, mitad mujer. A la esfinge se le atribuían en la antigua Grecia diversas leyendas, siempre relacionadas con el misterio, la adivinación y la muerte. La más conocida es la que la enfrenta con Edipo.

“¿Cuál es el ser que con una sola voz tiene cuatro patas, dos patas y tres patas?”, pregunta el terrible demonio al héroe, a su entrada en Tebas. Éste responde:

Escucha, aun cuando no quieras, Musa de mal agüero de los muertos, mi voz, que es el fin de tu locura. Te has referido al hombre, que cuando se arrastra por tierra, al principio, nace del vientre de la madre como indefenso cuadrúpedo y, al ser viejo, apoya su bastón como un tercer pie, cargando el cuello doblado por la vejez.

¿Nos está advirtiendo Pier Francesco Orsini que debemos desvelar un misterio mientras nos arrastramos por la tierra de Bomarzo? ¿Serán las siguientes obras, en realidad, partes de un acertijo que debemos responder?

La cabeza de Proteo, o de Glauco

Proteo Glauco
Proteo Glauco. Fuente

Entre las primeras grandes obras del Sacro Bosque se nos presenta esta cabeza espeluznante, que se ha identificado como Proteo y también como Glauco, el pescador que comió una hierba mágica y se convirtió en un horrible monstruo del mar.

Proteo era un dios marino (“primero”, “primordial”) entre cuyas habilidades destacaba la de predecir el futuro. Pero, para que lo hiciera, el interesado debía antes capturarlo, y Proteo cambiaba de forma para intentar evitarlo.

La figura, que es por fuera horrible, agresiva, feroz, alberga en su interior un cómodo banco para el descanso y la contemplación. Y en su cabeza porta una bola del mundo, tradicional símbolo del dominio –en este caso– de los Orsini, que sobre la esfera colocan su castillo.

Ya decíamos que la interpretación no iba a ser fácil.

Hércules y Caco

Hércules y Caco
Hércules y Caco. Fuente

La lucha colosal del Bien contra el Mal es uno de los temas recurrentes del Parque, aunque muchas veces se oculte tras un tupido velo de misterios. Este grupo escultórico, quizá el más dramático de todo el programa, parece inspirado en los Trabajos de Hércules, aunque también se ha apuntado como posible fuente el Orlando Furioso de Ariosto.

Al pie, una inscripción compara Bomarzo con la antigua ciudad de Rodas, conocida como “la de los cien colosos”. ¿Será el Sacro Bosque la nueva capital de los gigantes?

Aquellas titánicas fantasías encendían mi imaginación desde la infancia. Por ser pequeño y contrahecho, anhelaba lo desmesurado, la abrumadora belleza formidable que triunfa sobre las mezquinas proporciones corrientes y cuya sombra, a semejanza de la de una grandiosa nube, anula lo demás. Entre esos colosos, yo desaparecería; no me advertiría nadie, porque seríamos iguales todos, extraviados en su magnitud: he ahí lo que barruntaba mi niñez.

En todo caso, ¿qué sacamos del grupo de Hércules? ¿Debe el visitante enfrentarse al dolor, contemplar el sufrimiento de la figura que, casi al nivel del suelo, sufre la ira del Atlante? ¿O acaso debe, como Hércules, luchar contra todo mal para continuar por el camino de la sabiduría? Caco, en la mitología, era un antiguo dios del fuego que se complacía en robar el ganado de los inocentes, cuando no en asesinarlos y colgar sus cabezas a la entrada de su cueva en el Esquilino. Hércules lo asesinó y se puede decir que con justicia.

La tortuga, la ballena y la fuente del Pegaso

La Tortuga
La Tortuga. Fuente

Un gran grupo de estatuas aparece dominado por un galápago gigantesco, que porta una vasija invertida y una figura femenina a la manera de la Victoria. Los ropajes de ésta, al vuelo, dan una sensación de movimiento que contrasta con la lentitud del colosal animal que la soporta. El conjunto parece recordar aquél lema augusteo y también renacentista de Festina Lente: reflexiona lentamente, pero actúa deprisa.

Una enorme ballena, animal siempre peligroso en la simbología (desde el relato de Jasón a Moby Dick), amenaza al galápago con las fauces abiertas y actitud hostil. Y junto a ellos, una fuente en cuyo centro se eleva otro animal, el Pegaso, símbolo platónico del alma que emprende el viaje al mundo de las ideas. ¿Recuerdo alado del verdadero objetivo del caminante que pasea por Bomarzo?

La Casa inclinada

Casa inclinada
Casa inclinada. Fuente

Entre estatuas, ninfeos y pequeños templetes aparece una alta casa que descansa en una roca inclinada, llamando la atención de todos y añadiendo más preguntas.

En uno de sus muros leemos: “para que el alma gane prudencia hay que buscar tranquilidad”. En otro: “intenta tranquilizarte en esta morada, entra, ¡a ver si encuentras la paz!”.

El Parque se puede recorrer por varios itinerarios, pero esta casa inclinada se encuentra siempre a mitad del recorrido. El visitante lleva ya un buen rato de pie y un buen trecho a sus espaldas. A buen seguro su primera reacción será entrar y sentarse un rato a descansar, pues aún queda mucho que ver.

Sin embargo, ¿no es esta casa es otra prueba?. El que entre, como ya anunciaban sus muros, ¿hallará descanso y paz, o más bien mareos, desorientación y locura?

Hay que seguir. Aún quedan pruebas.

La fuente de Neptuno

Neptuno
Neptuno. Fuente

Superada la prueba anterior, el esquivo Orsini, contento, nos da nuevas instrucciones y valiosos consejos. En esta Fuente de la Sabiduría, custodiada por una formidable estatua de Neptuno, encontramos esta hermética inscripción:

La fuente no se da a quien guarda en jaulas a las fieras más terribles.

A Bomarzo no se puede venir en busca de mensajes claros, pues ya decíamos que este es un lugar manierista y misterioso. Era común, sobre todo entre el círculo de los neoplatónicos florentinos (con los que Pier Francesco Orsini mantuvo estrecha relación), la preferencia por ocultar las grandes verdades bajo un velo de misterio, preferencia poética y también filosófica.

En cualquier caso, tal vez podamos inferir, habiendo llegado hasta aquí y aprendido algo, que para vencer al mal de nada vale esconderse o mirar para otro lado. Como Hércules (que no sólo se enfrentó a Caco sino a muchos peligros más, venciéndolos todos para morir y sólo entonces resucitar como Dios), las dificultades hay que enfrentarlas.

Bomarzo es, como los oráculos antiguos, una guía para hacer mejores preguntas, y para encontrar las únicas respuestas que sirven de algo: las nuestras.

El dragón y los molosos

El Dragón
El Dragón. Fuente

Mejor armado y con confianza plena en su labor, el caminante puede ya enfrentarse al dragón, una de las esculturas más amenazadoras de todo el Parque de los Monstruos.

Atacado por un perro, un león y un lobo, a los que que algunos adjudican los símbolos del pasado, el presente y el futuro, el dragón representa claramente la amenaza del mal, perenne, invencible, que siempre estuvo y siempre estará con nosotros, y ante la que nunca debemos bajar la guardia. Pues incluso alcanzada la sabiduría nada habría más peligroso que creerse a salvo.

Ariadna

Ariadna
Ariadna. Fuente

Para recordárnoslo está la estatua de Ariadna, representada como bella durmiente (el mito cuenta que Teseo la abandonó así, dormida, en la isla de Naxos).

La mítica hija del rey de Creta nos recuerda estos nuevos peligros, los de la placidez y el sueño, y a la vez nos transporta a ese estado dominado por la irracionalidad, los monstruos, las sorpresas, la fantasía y las arquitecturas imprevistas. ¿No es acaso el propio Sacro Bosque un sueño nacido de la piedra? ¿No estamos aprendiendo sino a cuestionarlo todo?

Sí, había alcanzado la altura de mi existencia en que, para vivir yo, era menester que mis sueños viviesen.

La Sirena híbrida

La Sirena híbrida
La Sirena híbrida. Fuente

Extraída de un mundo de maravillas medievales nos encontramos entonces ante una suerte de monstruo con cuerpo de mujer, alas de murciélago y cola de sirena, una nueva representación del mal, de desbordante imaginación, que aparece querer arrastrarnos con ella.

Pero a estas alturas ya podemos enfrentarlo con decisión. Ya no somos el timorato caminante impresionado por el la cabeza de Proteo o la fuerza de Hércules y el sufrimiento de Caco. Ya estamos casi graduados en la apreciación de la ambigüedad y de los misterios. Ya podemos acercarnos, sin miedo, a apreciar la apabullante belleza de lo maléfico sin sentirnos en nada amenazados.

El Elefante

El Elefante
El Elefante. Fuente

Y así, con confianza, llegamos a la penúltima prueba, la del elefante, escultura tan genial como desconcertante.

El enorme animal lleva sobre sí una fortaleza almenada del mismo tipo que la que encontramos a la entrada del Parque, y agarra (¿estrangula?) con su trompa a un legionario caído.

El tema de la guerra es nuevo, pero tenía que aparecer, pues aunque Pier Francesco Orsini fuera un erudito y un amante de la paz, provenía de una familia de condottieri.. Además, el elefante esconde, especialmente en estas tierras, una referencia clara a los ejércitos de Aníbal, que armado con estos amenazantes paquidermos asaltó Italia y a punto estuvo de poner Roma bajo asedio.

¿Nos está advirtiendo Pier Francesco Orsini sobre los peligros de todo conflicto, que nos estrangula como al legionario caído en las manos de la bestia? ¿O es de otro el mensaje?

La ambigüedad nos asalta, pues el elefante es también símbolo de sabiduría, y aquí aparece representado como una segura fortaleza que custodia una suerte de torre de marfil. Aparece quieto, no al asalto, y ¿estrangula al legionario, o más bien lo recoge?

Nuevamente los significados son esquivos, pero ¿no es la figura del legionario un símbolo del propio caminante, que después de superar todas las pruebas se transmuta en sabio y sube a lomos de la más poderosa máquina de guerra, que lo ensalza para afrontar así, bien armado, la última de las pruebas?

La Boca del Infierno

La Boca del Infierno
La Boca del Infierno. Fuente

Con esta confianza llegamos a la última de las esculturas pétreas de Bomarzo, la más alejada,también la más famosa e impresionante. La boca del Ogro parece adentrarnos en el mismísimo infierno y en su labio superior leemos:

todo pensamiento es fugitivo

Armados de valor, penetramos en su interior y entonces descubrimos, como ya pasó con la cabeza de Proteo, que aquí no hay ningún infierno, sino un banco circular con una mesa en su centro. Un lugar de descanso o incluso de recreo.

Todo pensamiento es fugitivo. Estamos en el Sacro Parque de los Monstruos de Bomarzo y aquí las reglas son distintas, si es que acaso existen. Al fin y al cabo, parece decirnos Pier Francesco Orsini que en su bosque no hay nada que temer. Es arte. O, como decía Gep Gambardella en La Gran Belleza, es sólo un truco.

El Templo de Giulia Farnese

El Templo de Giulia Farnese
El Templo de Giulia Farnese. Fuente

Apartado del itinerario, pero sin alejarse de los temas del Parque, está el hermoso Templo de Giulia Farnese, dedicado a la esposa de Pier Francesco Orsini que, como decíamos antes, falleció prematuramente.

Es un edificio radicalmente manierista, de orden toscano, con una doble fila de columnas interiores que hacen de pronaos y con su cella ortogonal que simboliza la resurrección.

La de Giulia, sin duda, y quizá también la del caminante que ha logrado llegar hasta aquí. El que sale de Bomarzo convencido de que la verdadera inmortalidad se logra en la vida terrenal, mediante el ejercicio de la virtú y la superación de las dificultades.

Cómo llegar al Parque de los Monstruos

Bomarzo se encuentra en la provincia de Viterbo, cerca de la frontera entre las regiones del Lazio y la Toscana. Es un pueblecito muy pequeño y el transporte público es limitado: sin coche, la única manera de llegar es tomar el bus desde Viterbo, que sí dispone de buenas comunicaciones con Roma (a una hora de tren) y otras ciudades. El Parque se encuentra, como el Castello Orsini, ligeramente apartado del pueblo, por lo que es necesario llegar en coche (hay servicio de taxis, la distancia es corta y la tarifa barata).

El Parque abre todos los días del año. El precio de la entrada es de 10€ e incluye una pequeña cartina con la localización de todas las estatuas. El tiempo que cada uno decida estar por allí es libre, pero es posible verlo en media mañana y visitar también el Castello Orsini y, quizá, acercarse por la tarde a la pirámide etrusca, un misterioso monolito a veinte minutos a pie de la ciudad.

Mas allá de sus monumentos, Bomarzo es un sitio encantador. Con un coche de alquiler puede servir como base para pasar unos días en la bellísima provincia de Viterbo, rica en maravillas. Una opción perfecta es alojarse en Il Giardino e la Dimora, una villa histórica situada junto al Castello Orsini y frente al Parque de los Monstruos.

Qué más leer sobre el Parque de los Monstruos

El interesado disfrutará enormemente la lectura de Bomarzo, la novela de Mújica Laínez que reconstruye de manera ficcionada la vida de Pier Francisco Orsini. Las descripciones del Parque de los Monstruos son, como esperamos haber dejado claro con los contados extractos incluidos en este artículo, más inspiradoras y en el fondo también mucho más precisas que las que pueda ofrecer cualquier guía de viajes.

Portada de Bomarzo

Sin estar directamente relacionado con el Parque, recomendamos también la lectura de Los misterios paganos del Renacimiento, obra de Edgar Wind que arroja luz sobre la interpretación de estos conocimientos velados y esquivos que tan frecuentemente encontramos en el Parque. Y sobre otros muchos temas, desde las grandes obras de Botticelli a la interpretación que hicieron los humanistas de los mitos clásicos; todas especialmente útiles para sacar pizcas de luz de las piedras de Bomarzo.

Más breves son estos artículos de Fernando Martín Martín (profesor de Historia del Arte que vistió el parque inspirado por la lectura de Mújica Laínez), y esta completa guía de Denice Marroquín Fuentes.

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