Novi Pazar significa Nuevo Bazar. La toponimia dice mucho de un lugar, así que empecemos por ahí. Es, obviamente, una ciudad mercantil, un lugar nacido, como tantos otros, del asentamiento de comerciantes en un cruce de caminos a finales de la Edad Media. Un burgo. Lo curioso es que las dos palabras que componen el nombre provienen de dos lenguas distintas:

  • Pazar significa, literalmente, bazar o mercado, en turco.
  • Novi significa nuevo, en serbio.

Y ahí lo tenemos. Una ciudad mercantil con una profunda mezcla de culturas a sus espaldas. Se podría haber llamado, simplemente, Novi Trgovište, en serbio. O Yeni Pazar, en turco. Pero se llama Novi Pazar y resulta que en ella viven, sobre todo, bosnios. También serbios, turcos, montenegrinos y albaneses.

Novi Pazar

Novi Pazar está en el sur de Serbia, muy cerca de la frontera con Montenegro. Es una antigua kasbah otomana emplazada junto al río Raška. Un enclave antiguo y, como todo en los Balcanes, diverso, ocupado sobre todo por musulmanes y cristianos ortodoxos. Con un patrimonio amplio y valioso y en medio de montañas, bosques y valles.

No está entre los lugares más visitados de Serbia, si lees este artículo hasta el final verás por qué es una buenísima idea visitarlo.

Qué ver en Novi Pazar

Es muy difícil encontrar una mezcla de arquitecturas como la que se da en las calles de Novi Pazar con naturalidad. Tiene un centro histórico de indiscutible sabor otomano, con callejuelas que recuerdan a barrios de Estambul, y de pronto, sin solución de continuidad, aparece un edificio como el del Hotel Vrbak, que parece salido de Battlestar Galáctica. Levanta uno la mirada y ve un skyline erizado de alminares y lleno de edificios grises, de aire soviético. Bizarro, sin duda, pero con un encanto muy particular.

Para degustarlo bien, lo más recomendable es pasear por la calle 28 de Noviembre, tomar un café turco en alguna de sus múltiples cafeterías y llevarse algún recuerdo de cobre, especialidad de la ciudad.

Iglesia de San Pedro
Iglesia de San Pedro. Foto.

A las afueras hay un pequeño milagro, llamado iglesia de San Pedro y situado en la carretera de Kraljevo. Es una iglesia pequeña, hecha de piedra, que resulta ser la más antigua de Serbia. Algunas de sus partes datan nada menos que del siglo VIII. En un país como este, donde la capital ha sido destruída y reconstruida más de cuarenta veces, encontrar algo así es un poco menos que milagroso.

Ante algo así da igual el credo o la confesión. Esas piedras son trozos de historia que han resistido ante la destrucción y la barbarie. Hay que venerarlas.

Y a tres kilómetros de San Pedro se encuentra el monasterio de San Jorge, o Durdevi Stupovi, en serbio. Está peor conservado, pero merece la pena igualmente. Se construyó en el siglo XII, lo que lo convierte en el monasterio más antiguo de Serbia.

Lo impulsó Stefan Nemanja, el gran župan de Raška, que una vez, tras haber sido capturado por los turcos, prometió dedicar una iglesia a San Jorge si alguna vez era liberado. Llegado el momento no sólo cumplió su promesa sino que dejó el gobierno, abdicó y se dedicó a extender el cristianismo. Fundó innumerables iglesias y monasterios y terminó siendo canonizado como San Simón. Hoy es el padre de la Iglesia Ortodoxa Serbia.

La iglesia de San Jorge fue después dañada por los turcos, y se mantuvo en muy mal estado hasta que fue restaurada a principios del siglo XX. Pero luego vinieron los nazis, que la desvalijaron para utilizar sus piedras en la construcción de varias defensas militares. Hoy solo queda la parte occidental y la septentrional, pero merece la pena acercarse.

Hotel Vrbek

Pero además de las iglesias antiguas, en Novi Pazar llama poderosamente la atención el indescriptible Hotel Vrbak. Muchos critican su estética, pero en su día fue elogiado como una obra maestra de la arquitectura y como el hotel más impresionante de la antigua Yugoslavia.

Tiene elementos tanto de nave espacial como de arquitectura oriental, y en su interior reúne –o intentó reunir; hoy es más modesto– todas las comunidades del viejo mundo otomano. Es una rareza, y un sitio muy especial donde pasar la noche.

En la época comunista, cuando los arquitectos recibían estrictas órdenes en casi todos los ámbitos para que todos los edificios parecieran iguales, había una excepción: los hoteles. El Vrbak es prueba de ello.

Sopocani y Studenica, dos maravillas al alcance de una excursión

La zona en la que se asienta Novi Pazar es una maravilla a nivel patrimonial. Tiene paisajes espléndidos y un par de lugares que engrosan la lista de Patrimonio Mundial de la UNESCO.

El primero y más cercano es el monasterio de Sopocani, situado en uno de los enclaves más bonitos de los Balcanes. La UNESCO lo incluyó junto a las ruinas de la antigua capital de Stari Ras, y a las iglesias de San Jorge y San Pedro, de las que ya hemos hablado.

Monasterio de Sopocani
Monasterio de Sopocani. Foto.

Lo construyó el rey Uros a mediados del siglo XIII, y aunque fue quemado por los otomanos tiempo después, y dejado a la intemperie durante siglos, muchos de los frescos que decoran sus paredes sobrevivieron. Contemplarlos hoy es verdaderamente emocionante.

El segundo es el monasterio de Studenica, en el camino de Kraljevo. Sagrado para los serbios, allí se encuentra la tumba de Stefan Nemanja, San Simón. Y la antiquísima iglesia de Bugorodicina crkva, término impronunciable en español que significa simplemente Iglesia de Nuesta Señora. Es realmente monumental, con un llamativo recinto circular amurallado. Está hecha enteramente de mármol y en su interior conserva maravillosamente decoradas ventanas y frescos.

Monasterio Studenica
Monasterio de Studenica

Los mejores de esos frescos, y también los mejor conservados, están en la iglesia de Kraljeva crkva (la Iglesia del Rey). Es especialmente destacable El nacimiento de la Virgen, un testigo del alto nivel que alcanzaron los artistas serbios de la época.

Varios libros para completar el viaje

Serbia es la gran desconocida de los Balcanes, a pesar de ser, históricamente, la principal potencia de la región. Al no tener costa carece de grandes resorts y destinos de veraneo, pero esto tiene sus ventajas: hay menos aglomeración, todo es más tranquilo. Es, en suma, buen momento para conocerla, antes de que se ponga de moda.

Las guías de Serbia en español, como la bibliografía en general, no abundan. La mejor es esta de Eladi Romero.

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Mayor es el número de libros que se adentran en el conflicto que ha marcado las fronteras y la actualidad de esta zona del mundo, las Guerras de Yugoslavia de los 90.

De entre todos, nuestro favorito es este viaje histórico y literario de Peter Handke por cuatro ríos de Serbia. Falta el pequeño Raška, pero el libro arroja muchas ideas para viajar al tiempo que proporciona una visión radicalmente distinta a la descrita por los medios.

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