Jerez de los Caballeros es un mosaico de calles empedradas, fachadas de cal y estuco, vanos con rejerías, cubiertas rojas de teja árabe y altos campanarios. Está en el sudoeste extremeño, en las estribaciones más occidentales de Sierra Morena, algo apartada de la vía de la Plata y a poco más de 50 kilómetros de la frontera portuguesa.

Los dólmenes de La Granja y el Toruñuelo, con estupendas pinturas rupestres, son testigos de su poblamiento más que temprano. Dicen que su origen fue tartesio o fenicio. Luego la moraron los romanos y los visigodos y en el 711 pasó a manos de los árabes, que edificaron una alcazaba y trazaron la línea hoy conocida de la muralla. En el año 1238 pasó a manos castellanas y en las postrimerías de ese mismo siglo Alfonso X la entregó a la poderosa Orden del Temple, que había sido de gran ayuda en su conquista. Fue entonces cuando Jerez, que había sido Ceret y Xerixa, adoptó el apellido “de los Caballeros”.

La ciudad de los templarios

Los caballeros templarios la tuvieron durante unas pocas décadas, durante las cuales fortalecieron la muralla y construyeron sobre la antigua alcazaba un castillo que hoy se conoce como la Fortaleza de los Templarios. Fue suficiente para dejar una huella imborrable en la localidad, huella que hoy sigue siendo reclamo de turistas, inspiración para el nombre de calles, hoteles y restaurantes, o caldo de cultivo para las abundantes teorías paranormales que giran en torno a la Orden. El interesado en tales misterios disfrutará la lectura de este post sobre la presencia de los templarios en la Península Ibérica.

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En el año 1312 el papa Clemente V disolvió la Orden del Temple, pero los señores de Jerez se opusieron a la orden papal y se parapetaron en su fortaleza, de donde hubieron de ser expulsados a sangre y fuego. La leyenda cuenta que fueron derrotados en la Torre del Homenaje y arrojados desde allí al vacío: desde entonces a esta torre se la conoce como Torre Sangrienta.

Jerez pasó a manos de otros caballeros, los de Santiago, y aproximadamente siglo y medio después inició una época de crecimiento de la mano de la conquista de América, a la que proveyó importantes recursos humanos. Núñez de Balboa, descubridor del Pacífico; Hernando de Soto, conquistador de Florida; Diego de Albitez, Gonzalo Núñez o Francisco Ocampo eran jerezanos.

La ciudad de las torres

A los Caballeros de Santiago debe la ciudad su engrandecimiento y señorío, sobre todo en el plano urbanístico, artístico y monumental. Durante los siglos XV, XVI y XVII la ciudad desborda la muralla. En los nuevos barrios se construyen iglesias, casas solariegas, conventos, beateríos, hospitales, ermitas, fuentes, plazas, etc., edificios e infraestructura que hoy conforman su patrimonio artístico, ofreciendo junto con su fortaleza un un bello y completo conjunto urbano.

Se construyeron desde entonces y hasta finales del Barroco numerosas iglesias, cuyos altos campanarios siguen dominando sus calles y han hecho que se conozca a Jerez como “la ciudad de las torres”. Los más importantes son los de Santa María de la Encarnación, San Bartolomé, San Miguel y Santa Catalina. Son torres todas ellas barrocas, inspiradas en el estilo que irradiaba entonces desde Sevilla y que se expandió por Andalucía y Extremadura gracias a las numerosas reconstrucciones que siguieron al terremoto de Lisboa de 1755. Un estilo alegre y colorido, gustoso de mezclar y combinar paramentos enfoscados, ladrillo visto, piedra blanca y cerámica vidriada. Las nuevas torres de Jerez, hermosas y estilísticamente homogéneas, fueron capaces de eclipsar la ascendencia medieval de la ciudad y darle a Jerez el epíteto de ciudad barroca.

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De todas ellas, la más llamativa y graciosa es la de la iglesia de San Bartolomé. El templo se había construido durante la segunda mitad del siglo XV y primeros años del XVI, en estilo aún gótico tardío. En el XVIII, a la vez que engalanaba su torre, remodeló su fachada del Evangelio con una variada y preciosa decoración cerámica.

Jerez de los Caballeros en la actualidad

Un paseo por Jerez descubrirá también numerosos palacios nobiliarios, casi todos construidos en los siglos XV y XVI en un estilo más austero (el más destacado es el palacio del Marqués de Rianzuela, en la calle de San Agustín), así como buenas partes de la antigua muralla, que llegó a tener 26 torreones, y dos de las seis puertas que en su día tuvo: la de la Villa y la de Burgos (que no hace referencia a la ciudad norteña sino a las pequeñas aldeas o “burgos” de las cercanías), muy desfiguradas por obras posteriores. También, por supuesto, la fortaleza, que mantiene la planta romboidal que diseñaron los templarios.

Vista de Jerez
Vista de Jerez. Fuente

Ofrece también Jerez una variada y excelente oferta gastronómica. El cocido extremeño, la caldereta, el gazpacho o el ajoblanco son algunos de sus más célebres platos, a los que hay que añadir sus embutidos: lomos, jamones, morcones. El Salón del Jamón Ibérico, que se celebra cada primavera, atrae cada año a miles de turistas y es un momento perfecto para acercarse a conocer este bonito, acogedor e histórico rincón de Extremadura.

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