Corfú es una pequeña y hermosa isla situada en el extremo noroccidental de Grecia, frente a las costas de este país y a las de Albania. Tiene, vista en perspectiva cenital, una forma que recuerda a la de Italia, sin el tacón de Sicilia. A lo largo de sus costas se elevan, aquí y allá, otras islitas diminutas que adornan vistas privilegiadas desde sus playas y desde sus montes. Una de ellas, Pontikonisi, es tan pequeña que sólo tiene espacio para una casa y unos cuantos cipreses. Dicen que su aspecto misterioso e irreal inspiró la Isla de los Muertos de Arnold Böcklin.

Pontikonisi,
Pontikonisi, “la isla de los ratones”. Fuente
Corfú
Corfú. Fuente

El nombre de Corfú, en griego, es Korkyra. Korkyra era una figura mitológica: una náyade hija de Asopos, dios fluvial, y la ninfa Metope. Cuenta cierta leyenda que Poseidón, prendado de su hermosura, la raptó y se la llevó a una isla aún sin habitar en los confines del mundo conocido, a la que puso su nombre. Poseidón y Korkyra tuvieron un hijo al que llamaron Phaix y este Phaix dio origen al pueblo de los feacios, que más adelante se haría famoso por su intrepidez en la exploración de los mares.

Los feacios. En la Odisea este es un pueblo protagonista, que acoge y atiende al héroe errante en una de sus últimas aventuras, y lo agasaja, tras escuchar su relato, con uno de sus formidables barcos “dotados de inteligencia”. Corfú, la mítica Esqueria de los feacios (pongamos siempre un asterisco pero, prudentemente, pensemos que así es), resulta para Odiseo un destino reparador. No sería mala idea utilizar en la promoción turística aquellas palabras que le dirige el rey Alcinoo:

Dime también tu tierra, tu pueblo y tu ciudad para que te acompañen allí las naves dotadas de inteligencia. Pues entre los feacios no hay pilotos ni timones en sus naves, cosas que otras naves tienen. Ellas conocen las intenciones y los pensamientos de los hombres y conocen las ciudades y los fértiles campos de todos los hombres. Recorren velozmente el abismo del mar aunque estén cubiertas por la oscuridad y la niebla, y nunca tienen miedo de sufrir daño ni de ser destruidas.

Así emprende Odiseo camino a casa, a la vecina Ítaca, otra de las hermosas Islas Jónicas. Pudiendo, por fin, descansar:

Y la nave… como los cuadrúpedos caballos se arrancan todos a la vez en la llanura a los golpes del látigo y elevándose velozmente apresuran su marcha, así se elevaba su proa y un gran oleaje de púrpura rompía en el resonante mar. Corría ésta con firmeza, sin estorbos; ni un halcón la habría alcanzado, la más rápida de las aves. Y en su carrera cortaba veloz las olas del mar portando a un hombre de pensamientos semejantes a los de los dioses que había sufrido muchos dolores en su ánimo al probar batallas y dolorosas olas, pero que ya dormía imperturbable, olvidado de todas sus penas.

Así reflejaba Claude Lorrain, en 1646, la partida de Ulises del hogar de los feacios
Así reflejaba Claude Lorrain, en 1646, la partida de Ulises del hogar de los feacios. Fuente

Cuenta Tucídides que la primera batalla naval que tuvo lugar jamás entre dos ciudades griegas ocurrió en el año 664 a.C. y que las combatientes fueron Corinto y Corfú. Corfú pudo entonces desembarazarse del yugo de su metrópoli e iniciar una especie de edad dorada: a pesar de su tamaño llegó a ser una respetable potencia naval que mandó sesenta trirremes a las Guerras Médicas. Hoy quedan de aquellos tiempos pocas huellas, porque unos siglos después, durante las guerras civiles entre Augusto y Marco Antonio, Corfú tomó partido por el bando equivocado y como castigo fue totalmente destruida (destino similar al de Pula, aunque ésta fue luego perdonada y reconstruida).

Frontón de la Gorgona
Frontón de la Gorgona. Fuente

Una huella de aquellos tiempos sí se ha salvado. Corfú construyó, a principios del siglo VI a.C., un templo verdaderamente colosal: seguramente uno de los más grandes de su tiempo y uno de los primeros en aplicar el canon dórico. Estaba dedicado a la diosa Artemisa y de aquella obra maestra se conserva hoy, en el Museo Arqueológico de Corfú, el famoso Frontón de la Gorgona. Es una de las grandes maravillas que se conservan del arte griego antiguo y una excusa más que suficiente para animarse a conocer Corfú.

Su figura central es una impresionante Gorgona que lleva en brazos a Pegaso y Crisaor; a su lado se acuestan dos leones o panteras que incrementan el efecto terrorífico de la figura mayor y llenan con sus cuerpos de eje horizontal el espacio de techo descendente. Pero he aquí que el artista, agotados todos sus recursos, abandona la escala del grupo central y añade como relleno de los ángulos unas escenas en miniatura: a) una diosa sentada frente a un guerrero; b) la pelea de Zeus con un gigante. No conforme todavía, incrusta materialmente, de cabeza, en cada vértice, una figura yacente sin relación visible con todo lo demás.

Antonio Blanco Freijero, El Arte Griego.

iglesia suburbana de San Jasón y San Sosípatro
Iglesia bizantina de San Jasón y San Sosípatro. Fuente

La isla fue en épocas posteriores romana y bizantina. De las grandes culturas que han dominado el Mediterráneo sólo la islámica no puso nunca pie en Corfú, convertida durante siglos en inexpugnable fortaleza del imperio veneciano. En buena medida, de ahí le viene su aspecto actual, verde y ocre más que azul, más semejante a Dubrovnik que a Mykonos.

Ciudad de Corfú
Ciudad de Corfú. Fuente
Ciudad de Corfú
Ciudad de Corfú. Fuente
Ciudad de Corfú
Ciudad de Corfú. Fuente
Ciudad de Corfú
Ciudad de Corfú. Fuente
Ciudad de Corfú
Ciudad de Corfú. Fuente
Ciudad de Corfú
Ciudad de Corfú. Fuente
Ciudad de Corfú. Vieja Fortaleza
Ciudad de Corfú. Vieja Fortaleza. Fuente

Después de la Guerras Napoleónicas la isla pasó a manos de los franceses –y el viajero que dedique un rato a pasear por la Spianada verá que tiene esa zona un inconfundible aire parisino– y luego de los ingleses, hasta que en 1864 se incorporó a la Grecia independiente.

Jardín del Pueblo, Corfú
Jardín del Pueblo, Corfú. Fuente
Palacio de San Miguel y San Jorge
Palacio de San Miguel y San Jorge, construido durante el dominio inglés. Fuente

A finales de ese siglo la emperatriz Sisí, enamorada de la isla igual que el pintor Edward Lear o el escritor Lawrence Durrell, se construyó en ella un palacio romántico que es un homenaje a los mitos de la Antigua Grecia. Lo nombró Achilleion en honor al gran héroe de la Ilíada y lo llenó –literalmente– de estatuas y pinturas. Hace tiempo le dedicamos un artículo en Ruta Cultural.

El Achilleion, la Gorgona, el Monte Pantokrator con sus vistas de las colinas albanesas, las playas, los rincones que parecen concebidos para el retiro y la reflexión, las noches, la elegante mezcla helénica, veneciana y parisina de sus ciudades, las islas diminutas de su litoral, el patrimonio milenario… Corfú es una verdadera maravilla.

Playa en Palaiokastritsa
Playa en Palaiokastritsa. Fuente

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