La capital de Aragón tiene una buena selección de monumentos de todas las épocas: barrocos, como la muy conocida Basílica del Pilar, renacentistas, como la Lonja, gótico-mudéjares, como la Seo o el formidable Palacio de la Aljafería, y cómo no, también romanos.

Décimos “cómo no” porque su propio nombre se lo dio en primer emperador de Roma: como Colonia Cesaraugusta fue bautizada en el año 15 a.C., poco después de la victoria en las Guerras Centrabas con tropas dirigidas por el propio Augusto (fue la única campaña militar en la que participó) y por Marco Vipsanio Agripa, que sería luego el encargado, como tantas otras veces, de dirigir el diseño de la nueva colonia.

Hasta qué punto aquella ciudad fue creada ex-novo o se levantó sobre la base –ya romanizada– de la ciudad íbera de Salduie es cuestión de discusión entre los arqueólogos. A los interesados les recomendamos la lectura de la Guía Histórico-Artística de Zaragoza, recientemente reeditada con información actualizada sobre los últimos hallazgos arqueológicos.

Donde no hay discusión es en la valía y el interés de los restos conservados de la Zaragoza romana, en la buena conservación y puesta en valor de los mismos, con numerosos museos y centros de interpretación, ni en la ruta a seguir para disfrutar de todos ellos.

Las murallas de Cesaragusta y la copia del Prima Porta

La actual avenida de César Augusto delimita la parte más occidental de la antigua colonia. Allí, muy cerca del río y de la Basílica del Pilar, encontramos el primero de nuestros restos (y seguramente el más prominente): un excelente lienzo de la antigua muralla, ancha, maciza y erizada de defensivos torreones semicirculares. Dicen los expertos que en su día alcanzaron los veinte metros de altura.

Murallas romanas de Cesaraugusta y Torre de la Zuda
Murallas romanas de Cesaraugusta y Torre de la Zuda. Fuente

Alejándonos del río y justo donde la muralla empieza a esconderse nos topamos una estatua de Augusto que parece dar la bienvenida al visitante que se adentra en la ciudad, como estamos a punto de hacer. Se trata de una copia en bronce del célebre Augusto de Prima Porta, cuyo original en mármol se conserva en los Museos Vaticanos.

Copia del Augusto de Prima Porta en Zaragoza
Copia del Augusto de Prima Porta en Zaragoza. Fuente

La estatua llegó a Zaragoza en 1940 como regalo de Benito Mussolini a Francisco Franco. Conocemos el entusiasmo que sentía el fascismo italiano por la grandeza de la Roma imperial, pero el pasado de esta estatua no deja de parecernos un afilado recordatorio del ambiguo legado de Augusto, con su culto a la paz y su dedicación a la guerra, con su retórica cívica y republicana y su decidido fortalecimiento de la dictadura. Recordamos ahora, contemplando la fantástica escultura, que el pasado romano ha inspirado todo tipo de ideas políticas, desde el republicanismo cívico de los nacientes Estados Unidos de América al expansionismo militar del fascismo beligerante.

El Museo del Teatro de Cesaraugusta

Dejamos atrás nuestras reflexiones sobre la naturaleza del legado augusteo y nos dirigimos a un edificio muy distinto, destinado al recreo: el antiguo teatro romano. Está a sólo diez minutos a pie de las murallas, si es que no nos desviamos para ver alguna otra cosa… como la Basílica del Pilar.

Museo del Teatro de Cesaraugusta
Museo del Teatro de Cesaraugusta. Fuente

Hoy nos cuesta imaginar su antigua grandeza. Los teatros romanos se han conservado generalmente mal. La mayoría de las veces sólo se salva la zona del graderío, pero estos edificios, incluso aquellos que apoyaban dichas gradas en colinas o elevaciones naturales, contaban con fachadas monumentales, de gran altura, realmente impresionantes, normalmente aprovechadas para la propaganda de los emperadores o de las familias locales más poderosas.

En los casos en que el teatro se elevaba sin apoyos, como este de Cesaraugusta, la impresión debía ser aún más fuerte. Así ocurre aún hoy con el Teatro de Marcelo en Roma. Tristemente no es así en Zaragoza. Aquí el teatro dejó pronto de usarse y no se le encontró uso alternativo, de modo que fue arruinándose, sus materiales se fueron empleando para otros menesteres y finalmente fue sustituido por otros edificios.

Su recuperación es muy reciente y ha venido acompañada de la habilitación de un museo-centro de interpretación (el primero de la serie de museos que veremos hoy) que permite al visitante pasear sobre sus gradas, conocer algunas piezas de valor encontradas durante las excavaciones y adentrarse en la vida social y recreativa de la antigua Roma.

El Museo de las Termas Públicas de Caesaraugusta

Las termas de Cesaraugusta se conocen, como el teatro, desde finales de los años ochenta, y pese a que debieron tener un tamaño notable, se conservan únicamente dos elementos: los restos de unas letrinas del siglo I a.C., y una bonita piscina porticada (conocida como natatio) del siglo I d.C.

Natatio
Natatio. Viator Imperi

Esta natatio es especialmente interesante. Estaba completamente rodeada de columnas y decorada con motivos geométricos y florales, al estilo habitual de la época julio-claudia. Tenía nada menos que dieciséis metros de largo, aunque sólo se conservan nueve. Tenía paredes estaban recubiertas de mármol y de dicho recubrimiento se han conservado –y se pueden ver in-situ– varias placas.

 Revestimiento original de la piscina de las termas de Zaragoza
Revestimiento original de la piscina de las termas de Zaragoza. Fuente

Lamentablemente es poco lo que se sabe del circuito termal y del resto de las estancias, de modo que el pequeño museo pone el foco en la divulgación e incluye recreaciones tridimensionales y paneles que explican el uso de objetos cotidianos relacionados con la higiene y el baño, como toallas, peines, ungüentarios, agujas o pinzas.

El Museo del Foro de Caesaraugusta

El foro de Cesaraugusta no ocupa en el centro geométrico de la ciudad, como era teoréticamente deseable, sino un lugar excéntrico, junto al río y el puerto. Una evidencia de la naturaleza comercial de la ciudad en la época romana.

Su primer impulso constructivo coincidió con el reinado de Augusto, aunque se terminó en época de su sucesor Tiberio. Hoy no se conserva nada a pie de calle: el Museo del Foro se visita íntegramente bajo la Plaza de la Seo y alterna, como los demás, la exposición de piezas originales , varias de ellas conservadas in situ (se pueden ver grandes losas de pavimento, cloacas, tuberías y cimentaciones), con varios paneles explicativos (en este caso sobre el funcionamiento político de la ciudad) y un audiovisual centrado en la historia primitiva y la romanización de Cesaraugusta.

Entrada al Museo del Foro
Entrada al Museo del Foro. Fuente
Tuberias romanas de plomo para la conducción de agua a una fuente del foro de Caesaraugusta.
Tuberias romanas de plomo para la conducción de agua a una fuente del foro de Caesaraugusta.. Fuente
Maqueta del foro de Caesaraugusta.
Maqueta del foro de Caesaraugusta.. Fuente

Hay que aplaudir el esfuerzo por dejar claro al visitante la diferencia entre las épocas augustea y tiberiana, por darle una imagen completa de lo que fue esta importante plaza y por compararla con el actual trazado urbano de la ciudad, una ayuda crucial a la hora de imaginar las dimensiones del antigua foro, que fueron considerables.

Museo del Puerto Fluvial de Cesaraugusta

Directamente conectado con el foro estaba el puerto fluvial de Cesaragusta, que hoy es el último de los museos de nuestra ruta. En época romana, el Ebro era navegable desde Logroño, y constituía la principal vía de comunicación de la ciudad, que importaba cerámicas, mármoles, vino, salazones y joyas desde Tortosa y exportaba los principales productos del valle: lana, pieles, hierro, trigo y madera.

Museo Puerto Fluvial
Museo Puerto Fluvial. Fuente

La musealización es, de nuevo, muy divulgativa, y en este caso especialmente inspirada. Se ofrece al visitante información sobre los barcos de época romana, las ánforas utilizadas para el transporte de mercancías (los auténticos containers de la antigüedad), mientras una excelente maqueta reconstruye el edificio que comunicaba directamente el puerto con el foro.

La sección de arqueología del Museo de Zaragoza

La última parada debería ser el Museo de Zaragoza, que excede el tema romano pero que cuenta con una excelente sección de arqueología. Allí se pueden ver piezas de todos los lugares visitados además de otras muchas aparecidas en diversas casas o yacimientos de la ciudad y los alrededores. Destacan los bronces de Botorrita, el impresionante Mosaico de Orfeo, la reconstrucción del triclinium de la Calle Añón o el busto de nuestro querido Augusto.

Mosaico de Orfeo, siglos II y III d. C. Polícromo. Pertenece a la llamada
Mosaico de Orfeo, siglos II y III d. C. Polícromo. Pertenece a la llamada “Casa de Orfeo”, que estaba situada junto a las murallas romanas cercanas al mercado central de Caesaraugusta. Museo de Zaragoza.. Fuente
Mosaico de Orfeo, siglos II y III d. C. Polícromo. Pertenece a la llamada Casa de Orfeo de Caesaraugusta. Museo de Zaragoza.
Mosaico de Orfeo, siglos II y III d. C. Polícromo. Pertenece a la llamada Casa de Orfeo de Caesaraugusta. Museo de Zaragoza. Fuente
Estatua varonil (siglo I adC). Marmol blanco
Estatua varonil (siglo I adC). Marmol blanco. Fuente
Triclinio de la calle Añón (siglo I ddC). Caesaraugusta
Triclinio de la calle Añón (siglo I ddC). Caesaraugusta. Fuente
 Retrato de Divus Augustus (98-103 d.C). Turiaso. Carneola
Retrato de Divus Augustus (98-103 d.C). Turiaso. Carneola. Fuente

En conclusión, Zaragoza ofrece al interesado en la arqueología ruinas romanas en abundancia, quizá poco espectaculares a primera visita, pero bien puestas en valor gracias a de una serie de pequeños y bien diseñados museos y a una ruta coherente, cómoda y paseable.