La Villa Farnesina es un monumento que condensa toda la belleza del Renacimiento italiano, todo el interés que las grandes personalidades de aquella época fijaron en el mundo antiguo, y también toda su corrupción y su hipocresía.

Es una residencia suburbana, construida según el modelo de las antiguas villas campestres que construían los patricios romanos para su descanso. Pero está bien cerca de la ciudad. Ocupa un amplio solar en la margen derecha del Tíber, como el Vaticano, del que sólo la separan unos pocos cientos de metros. Y la rodea uno de los barrios con más solera de Roma, el Trastévere.

Igual que la Villa Borguese, la Farnesina se llama así porque perteneció durante siglos a la ilustre familia de los Farnesio, pero su construcción fue obra de Agostino Chigi, banquero de los papas.

Agostino Chigi, el hombre más rico y poderoso de Roma

Chigi era el hombre más rico de Roma y, según muchas fuentes, el hombre más rico de Europa. Nació en Siena, en una familia de banqueros. Siendo joven trabajó con Pio II, el papa Piccolomini, y con él aprendió las provechosas condiciones que podían obtenerse de buena relación con el Vaticano.

Se asoció primero al papa Alejandro VI, el ínclito Rodrigo Borgia, que, a cambio de sus oportunos préstamos, le concedió lucrativos monopolios en los Estados Papales. En agradecimiento, fue Chigi quien pagó la mayoría de las empresas militares de César Borgia por la Romagna.

La caída de la familia valenciana y el ascenso al Papado de su gran rival, el cardenal Della Rovere, no trajo consigo ningún cambio para Agostino Chigi. Fue él quien financió el ascenso de Della Rovere, y con Julio II en el poder fue de hecho cuando más brilló la figura del banquero sienés. Fue entonces cuando comenzó la construcción de la fastuosa villa en el Trastévere, y cuando hizo prácticamente pública su relación con la cortesana Ordeaschi, a quien iba dedicada.

Era el momento más apropiado. Era el tiempo de los Borgia, de Maquiavelo, de los neoplatónicos, del Humanismo, de la concordatio entre los valores cristianos y paganos. América acababa de ser descubierta y cada día llegaban aromas nuevos que alejaban los límites del mundo. El indignado Savonarola había dejado de hacer hogueras de vanidades para convertirse en hoguera él mismo, y aún no había llegado ese otro indignado alemán que lo cambiará todo.

El Papado lo ocupaba la figura arrolladora y mundana de Julio II, capaz de liderar a sus ejércitos en la batalla y de encargar para una de las estancias del Vaticano una obra como la Escuela de Atenas.

Rafael pinta vírgenes un día y al siguiente ninfas clásicas con el pecho descubierto; la curia celebra ambas. En la Villa Farnesina, donde el Papa acudía con frecuencia al solaz de representaciones y danzas y tertulias varias, la decoración no tiene ni una sola referencia al cristianismo. Sus paredes son un canto a los mitos clásicos y al amor. En su decoración participaron los mejores artistas, y entre ellos el entonces más afamado, Rafael de Urbino, que pintó aquí una de sus obras más sobresalientes. Medio siglo después tales excesos ya no serán posibles, al menos a cielo descubierto.

A esa época irrepetible pertenece la Villa Farnesina de Agostino Chigi, que se conserva hoy, más de quinientos años después, casi totalmente intacta.

¿Qué hay que ver en la Villa Farnesina?

Para la decoración de su Villa llamó Chigi a los mejores artistas de su tiempo. Estos siguieron un programa iconográfico inspirado íntegramente en la Antigüedad que convierte cada una de sus salas en una maravilla, una pequeña "Capilla Sixtina" llena de belleza y narraciones de mitos clásicos.

La Logia de Cupido y Psique

El visitante accede por un atrio de construcción posterior que lleva directamente al primero de los grandes espacios: la Logia de Psique. Inspirada en la narración de la historia de Cupido y Psique que hace Apuleyo en su Asno de Oro, los frescos son obra de Rafael y varios de sus ayudantes, como Raffaelino del Colle, Giovan Francesco Penni y Giulio Romano. Muchos han querido ver en ellos un paralelismo entre las peripecias de Psique y la propia biografía de Francesca Ordeaschi, que pasó de cortesana a esposa legítima de Agostino Chigi.

Entre sus escenas se insertaron decoraciones vegetales, obra de Giovanni da Udine, entre las que se encuentran las primeras representaciones europeas de frutas y plantas llegadas del Nuevo Mundo americano. Algunas de aquellas especies se cultibaban en un jardín al que la Logia hacía en cierto modo de espejo, el Viridario.

La Sala del Fregio

Saliendo de la Logia de Psique nos encontramos la Sala del Fregio, que quizá fue en su día un studiolo, un lugar dedicado a la razón en contraste con lo pasional de la sala anterior.

En el techo encontramos frescos de Baldassare Peruzzi (son sus primeras obras romanas) que representan los Trabajos de Hércules y otras escenas mitológicas inspiradas en las Metamorfosis de Ovidio.

La sala de Galatea

La joya de la corona, desde el punto de vista artístico, es la preciosa Sala de Galatea, que alberga dos obras maestras de la pintura: el monumental Polifemo de Sebastiano del Piombo, y el Triunfo de Galatea, de Rafael Sanzio, que responden en realidad a una misma composición.

Merece la pena detenerse y mirar bien esta obra magna, uno de los mejores trabajos del pintor de Urbino. El prestigioso historiador del arte E.H. Gombrich la describe así:

Por mucho que se mire esta amable y deliciosa pintura, siempre se descubrirán nuevas bellezas en su rica e intrincada composición. Cada figura parece corresponder a alguna otra, y cada movimiento responde a un contramovimiento […] Pero lo más admirable de todo es que todos estos diversos movimientos se reflejan y coinciden en la figura de Galatea. Su carroza ha sido conducida de izquierda a derecha ondeando hacia atrás el manto de la ninfa, pero ésta, al escuchar la extraña canción de amor, se vuelve sonriendo, y todas las líneas del cuadro, desde las flechas de las amorcillos hasta las riendas que ella sostiene en sus manos, convergen en su hermoso rostro, en el centro mismo de la composición.

Del Piombo pintó también ocho de las diez lunetas con imágenes mitológicas, con los tonos airosos y coloristas típicos de la escuela veneciana.

La Sala de las Perspectivas

En el piso superior se encuentra la sala de las perspectivas, pintada entre 1518-19, cuando ya algunos artistas jugaban con las ideas del ilusionismo manierista. Obra de Baldassare Peruzzi, la sala, completamente cerrada, hace creer al visitante que se tratase de una logia, con unas columnas abiertas desde las cuales se pudiese ver el Trastévere.

Sala de las Perspectivas
Sala de las Perspectivas

En 1527, durante el Saco de Roma de las tropas de Carlos V, algunos vándalos entraron en la Villa y realizaron incisiones y dibujos que dañaron los preciados pinturas. Algunos de ellos todavía se pueden ver.

La Sala de las Bodas

La sala de bodas era la "camera da letto", el dormitorio de Chigi y su amante -y luego esposa- Odelaschi. La decoró el Sodoma con escenas que emparentaban a Chigi nada menos que con Alejandro Magno.

Sala de las Bodas
Sala de las Bodas

La más famosa es la escena de las Bodas de Alejandro y Roxana, con frescos que ocupan todo el lado norte de la sala, y que tenían por objeto recuperar una misma escena pintada por el griego Aeción, y descrita por Luciano de Samosata.

Por qué visitar la Villa Farnesina

Para el turista, la Villa Farnesina tiene muchas ventajas:

  • es una preciosidad en su totalidad, no hay espacio que no merezca pena;
  • es pequeña, no exige dedicarle una mañana entera ni una tarde sino un pequeño ratito;
  • está en el Trastévere, junto al Tíber, lo que la hace compatible con una visita a este precioso barrio de Roma y a sus muchos atractivos monumentales: San Pietro in Montorio, construido poco después, las iglesias antiquísimas de Santa Cecilia y Santo Spirito; incluso San Pedro del Vaticano, del que la separa un agradabilísimo paseo junto al Tíber o, mejor aún, por los miradores del Gianícolo.