A algo más tres horas en coche desde Marrakech, en medio de la cordillera del Alto Atlas, se extiende un paisaje único y espectacular, que mezcla la belleza atávica de aquellas montañas y una ocupación humana tradicional que más que alterar el paisaje se funde con él.

Es el extenso y llano valle del Aït Bouguemez, habitado por la tribu del mismo nombre, uno de esos lugares cuya lejanía de los grandes circuitos y las dificultades de su acceso no deberían ser excusa, pues la visita recompensa con creces todos los esfuerzos.

Los Aït Bouguemez, granjeros y campesinos, de etnia beréber, han ido punteado sus dominios de un elaborado mosaico de parcelas y cultivos de cebada y de maíz, que contrastan con el color más árido de las tierras circundantes mientras dibuja hermosas sucesiones de colores.

En las colinas más secas se yerguen las pequeñas aldeas del valle, sucesiones de casas de adobe que son como pequeñas fortalezas que protegen sus cultivos circundantes. En total, 28 de ellas, de variados tamaños, puntean los 30 kilómetros de valle, desde Agouti a Zaouïa Oulemsi, entre ondulantes colinas e imponentes montañas que se asoman en la distancia.

Valle de Ait Bouguemez. Fuente
Valle de Ait Bouguemez. Fuente
Valle de Ait Bouguemez. Fuente
Valle de Ait Bouguemez. Fuente
Valle de Ait Bouguemez. Fuente
Valle de Ait Bouguemez. Fuente
Valle de Ait Bouguemez. Fuente
Valle de Ait Bouguemez. Fuente
Valle de Ait Bouguemez. Fuente
Valle de Ait Bouguemez. Fuente

Agouti

El primero de los pueblos del valle, siguiendo la ruta desde Marrakech, es Agouti, que ha cumplido desde siempre la labor de avanzadilla defensiva de las tribus del valle frente a las incursiones de otras tribus rivales.

La aparente sencillez, incluso pobreza, del entorno, no debe llevar a engaño. El visitante que se adentre en Agouti y en otros pueblos del valle, como Tabant, podrá ver hermosos techos de madera en las casas de las familias más ricas, y una elaborada artesanía que se deja ver en las puertas, en las paredes y en los muebles, con infinitas variedades de patrones geométricos.

Y un paisaje que ya empieza a impresionar.

En las cercanías de Agouti. Fuente
En las cercanías de Agouti. Fuente
En las cercanías de Agouti. Fuente
En las cercanías de Agouti. Fuente
En las cercanías de Agouti. Fuente
En las cercanías de Agouti. Fuente
En las cercanías de Agouti. Fuente
En las cercanías de Agouti. Fuente
Agouti. Fuente
Agouti. Fuente

Tabant

Tabant es el centro administrativo del valle y uno de sus pueblos más escénicos. Está justo al pie de una serie de impresionantes colinas y alberga ejemplos de la arquitectura tradicional de los Aït Bouguemez en toda su riqueza de detalles: puertas decoradas, talladas y pintadas en brillantes colores, ventanas decoradas con tracerías de hierro o de madera.

Muy cerca está El-Had, donde cada domingo se celebra un zoco en el que los habitantes del valle compran lo que no pueden encontrar en otro sitio: té, café, azúcar, combustible y utensilios.

El paisaje alrededor de Tabant es de una belleza sobrecogedora.

Vista desde un granero comunal cerca de Tabant. Fuente
Vista desde un granero comunal cerca de Tabant. Fuente
Cercanías de Tabant. Fuente
Cercanías de Tabant. Fuente
Cercanías de Tabant. Fuente
Cercanías de Tabant. Fuente
Cercanías de Tabant. Fuente
Cercanías de Tabant. Fuente
Cercanías de Tabant. Fuente
Cercanías de Tabant. Fuente
Cercanías de Tabant. Fuente
Cercanías de Tabant. Fuente
Cercanías de Tabant. Fuente
Cercanías de Tabant. Fuente
Cercanías de Tabant. Fuente
Cercanías de Tabant. Fuente
Tabant. Fuente
Tabant. Fuente
Tabant. Fuente
Tabant. Fuente
Tabant. Fuente
Tabant. Fuente
Tabant. Fuente
Tabant. Fuente
Tabant. Fuente
Tabant. Fuente
Tabant. Fuente
Tabant. Fuente

Llamadas tabut en Marruecos, estas viviendas tan abundantes en Tabant son un tipo de construcción sostenible y perfectamente fundida con el paisaje.

Muchas de ellas se superponen con las siguiente formando bloques, con el tejado de una casa sirviendo de terraza para los habitantes de la otra. Son construcciones que capturan de maravilla el calor del sol y que se adaptan bien a los rigores del clima de montaña.

La mayoría están hechas de lo que en francés se denomina pisé, una mezcla de tierra, agua y arcilla, excepto cuando la altura supera los 2.200 metros; entonces las casas deben ser, al menos en parte, de piedra, pues el pisé no aguanta temperaturas demasiado bajas.

Sidi Mousa

Entre los lugares más espectaculares del valle está el granero de Sidi Moussa, colgado en la alto de una colina perfectamente triangular en uno de esos paisajes que parecen imposibles. No en vano Sidi Moussa es Patrimonio Mundial de la UNESCO.

Sidi Moussa. Fuente
Sidi Moussa. Fuente
Sidi Moussa. Fuente
Sidi Moussa. Fuente

Graneros colectivos como estos, fortificados a veces con torres de observación, sirvieron tradicionalmente como protección, frente a los frecuentes ataques de tribus rivales.

El nombre proviene de un hombre santo local, renombrado por sus buenas obras y sus capacidades curativas, que permanece enterrado en este icónico lugar. Una creencia local hace a las mujeres infértiles acudir hasta Sidi Moussa, pasar allí una noche y sacrificar una gallina en honor del santo.

Imilchil

En el extremo oriental del valle las montañas del Atlas descienden bruscamente y forman un altiplano desértico aislado y rodeado de altas cumbres. En en medio de ese paisaje casi abandonado se encuentra Imilchil, la tierra de los Aït Haddidou.

Poblado bereber en las cercanías de Imilchil. Fuente
Poblado bereber en las cercanías de Imilchil. Fuente
Cercanías de Imilchil. Fuente
Cercanías de Imilchil. Fuente
Cercanías de Imilchil. Fuente
Cercanías de Imilchil. Fuente

Imilchil es un símbolo de la cultura beréber de la zona y tiene un famoso festival inspirado en una leyenda que recuerda a Rome y Julieta.

Se dice que dos jóvenes de diferentes tribus se enamoraron, pero que su unión fue prohibida por sus familias enfrentadas. Los jóvenes, rechazados, murieron de pena, y de su llanto nacieron los dos lagos de la región, el de Isli y el de Tislit, ambos muy cerca de Imilchil.

Las familias decidieron entonces establecer un día para celebrar el aniversario de su muerte de y desde entonces se celebra el Festival del Matrimonio de Imilchil, donde jóvenes de todas las tribus locales acuden a casarse.

El evento ha llegado a atraer a grandes grupos de turistas y ha perdido cierta autenticidad, pero sigue siendo una tradición digna de ver, con desfiles, canciones y danzas y toda la población de la zona congregada en un mismo lugar.

Los lagos

La zona de los lagos sólo es accesible por carreteras que cruzan profundas gargantas y pasos ondulados, y está en los confines del valle. A una altura de casi tres mil metros, allí se encuentran casas fortificadas en pleno aislamiento y un paisaje bellísimo adornado por las aguas esmeraldas de los lagos. En el verano los pastores de la zona acuden con su ganado.

Lago Tislit. Fuente
Lago Tislit. Fuente

Al valle de Aït Buguemez se llega tomando la carretera N8 desde Marrakech, luego la R208 hacia Azilal, tomando el desvío a la derecha antes de Aït Mahmed y girando luego a la izquierda hacia Agouti. Hasta Tabant hay carretera asfaltada, pero se puede llegar hasta Zaouïa Ahansal, al final del valle, con vehículos 4×4. En Tabant y otras aldeas se pueden contratar guías con mulas y organizar expediciones de senderismo por las montañas.

(Y, si visitas el Alto Atlas, te interesará también acercarte a Tinmel para conocer su histórica mezquita).