Es una región bendecida por la naturaleza y adornada por los siglos. Tiene ciudades que son el sueño de muchos. Florencia, Siena, Pisa, Lucca, Arezzo. Tiene también un conjunto de pueblos cuya belleza se empieza a revelar desde lejos, cuando uno se aproxima a ellos por los caminos, y desde dentro, cuando los pasea y conoce.

Pueblos con siglos a cuestas, cuyo pasado llega en algunos casos al tiempo de los etruscos, primera gran civilización que gobernó esta región que luego fue romana y más tarde se enzarzó en guerras y competencias entre ciudades orgullosas. El Renacimiento trajo prosperidad y riqueza y sus efectos aun se notan en las calles de los muchos pueblos que adornan las colinas toscanas, en sus palacios, iglesias, fortalezas y murallas.

Hay muchos más de diez pueblos que merecen una visita en la Toscana. Hemos elegido diez de ellos, desde la diminuta Montefioralle a la orgullosa Montepulciano, desde la antiquísima Cortona a la “moderna” Pienza, como diez ejemplos de lo mucho que hay que ver en la Toscana infinita.

Montefioralle
Montefioralle. Fuente

Montefioralle

Montefioralle fue una fortaleza de gran importancia en la época en la que Siena y Florencia guerreaban por la supremacía en la Toscana. Cuando perdió su importancia militar prácticamente se vació, y hoy sus calles permanecen intactas, como recuerdos de aquella época. Sus vinos tienen fama de estar entre los mejores de la región del Chianti, y sus vistas son impresionantes.

Como curiosidad, en la calle principal de Montefioralle se conserva una casa antigua sobre cuyo pórtico puede verse un viejo escudo nobiliario que muestra una “V” y el dibujo de una vespa (avispa). Muchos dicen que se trata de la casa natal del célebre Américo Vespucci, el hombre que corrigió a Colón y terminó bautizando un continente.

Pitigliano
Pitigliano. Fuente

Pitigliano

Pitigliano, de sobrenombre “La pequeña Jerusalén” por la importante presencia de su comunidad judía, es uno de esos pueblos que, elevados sobre una colina de piedra conocida localmente como tufa, se aparece al viajero como una continuación de la propia piedra, indistinguible de aquella.

Es un pueblo muy pequeño pero no carente de importantes monumentos: los principales son la catedral de San Pedro San Pablo y la Sinagoga. En esa categoría podrían entrar también sus calles medievales y sus vistas. Pitigliano forma parte de los borghi più belli d’Italia. En las cercanías está el también encantador pueblo de Sorano y las célebres termas de Saturnia.

Sansepolcro
Sansepolcro. Fuente

Sansepolcro

Piero della Francesca, “figura esencial en el avance de la representación relacionada con la perspectiva, la proporción, la simplificación de las formas y la representación de la luz”, grande entre los grandes del Renacimiento, vivió en Sansepolcro la mayor parte de su vida. Hoy, esta pequeña localidad, no especialmente monumental, rinde pleitesía al pintor y es el punto de partida de la ruta de Piero della Francesca, un viaje verdaderamente placentero entre la Las Marcas, la Umbria y la Toscana que detallamos en este otro artículo.

El Museo Cívico de Sansepolcro conserva cuatro obras de Piero, entre ellas el fantástico Políptico de la Misericordia. Para amantes del arte esto es motivo más que suficiente para visitar esta bonita localidad.

Portoferraio
Portoferraio. Fuente

Portoferraio

En la isla de Elba, la más grande del archipiélago toscano, se encuentra Portoferraio, cuyo descriptivo topónimo define la que fue su principal actividad económica hasta los años 70 del siglo XX. Aunque su historia es más antigua, se considera que su fundador fue Cosimo de Medici, que la bautizó con el fantástico nombre de Cosmopoli y la fortaleció con varias fortalezas para combatir la presencia española en Porto Azzurro.

Portoferraio es un lugar idílico, el traslado de un pueblo típicamente toscano a una hermosa isla mediterránea. Napoleón Bonaparte “sufrió” aquí su primer destierro. La casa que habitó es uno de los más curiosos atractivos locales, que se completan con las varias fortalezas aún existentes, iglesias y un buen número de restaurantes de gran fama.

Cortona
Cortona. Fuente

Cortona

Como Volterra, Cortona formó parte de la antiquísima confederación etrusca, pero su historia, o mito, llega aún más lejos. La leyenda local atribuye la fundación de Cortona a Dárdano, el hijo de Zeus que luego fundaría Troya. Cortona es por tanto madre de Troya y abuela de Roma. Nada menos.

Más allá del tiempo de los etruscos, Cortona fue también importante durante el Renacimiento, y conserva excelentes obras de Luca Signorelli y del exitoso Pietro Berettini, conocido como Pietro da Cortona. La película Bajo el sol de la Toscana se rodó aquí, y ha contribuido a crear un cierto boom turístico en un lugar antes olvidado por el turismo.

Montepulciano
Montepulciano. Fuente

Montepulciano

Entre los abundantes pueblos con encanto del sur de la Toscana destaca con luz propia Montepulciano, situado sobre la ladera de una colina a cuyos pies se encuentra la bellísima iglesia de San Biagio, uno de las maravillas del Renacimiento italiano. La ciudad es un belleza llena de callejuelas medievales y punteada con monumentos renacentistas, como la iglesia de San Agnese o Santa Maria delle Grazie, donde no es difícil encontrar obras de algunos de los grandes maestros del trecento y el quattrocento.

Sus habitantes se llaman poliziani, pues ese, Poliziano, era el nombre romano de la ciudad. Como curiosidad, también era el nombre de uno de los grandes poetas del Renacimiento, Angelo Poliziano, que desde Montepulciano llegó a la corte de los Medici e inspiró los más famosos cuadros de Botticelli.

Pienza
Pienza. Fuente

Pienza

En medio del bellísimo Valle de Orcia, al sur de la Toscana, se encuentra esta ciudad que es un verdadero monumento del Renacimiento, que le debe todo, incluso su nombre, al ego de uno de los primeros grandes personajes del Renacimiento.

Enneas Silvio Piccolomini, natural de Corsignano, hijo de una familia sienesa de nobles venidos a menos, se convirtió en papa en 1458 con el nombre Pio II. Decidió entonces reconstruir a lo grande su ciudad natal, y lo hizo al estilo entonces moderno de la arquitectura renacentista. La rebautizó Pienza y la llenó de monumentos, y como ese auge fue cosa arbitraria, que no tuvo continuidad, Pienza se quedó como Silvio la había dejado, y así sigue, maravillosamente intacta. En 2004 fue nombrada Patrimonio de la Humanidad.

Massa Maritima
Massa Maritima. Fuente

Massa Maritima

En la provincia de Grosseto, cerca del mar, en una zona rica en metales que se conoce como colinas metalíferas, se sitúa este pueblo histórico y bellísimo, ignorado por el turismo de masas por razones difíciles de explicar, que quizá recaigan en la abundancia de maravillas en esta región de la Toscana.

Massa Marítima despegó en la Alta Edad Media gracias a la riqueza de su minería, que la catapultó a la abundancia y llegó a erigirse en república autónoma hasta que Siena la conquistó en el siglo XIV. De aquellos siglos conserva varios monumentos, y entre todos destaca su formidable Duomo románico, en cuyo interior puede verse una *Madonna con bambino* de Duccio di Buoninsegna.

Volterra
Volterra. Fuente

Volterra

Fue una de las principales ciudades de la confederación etrusca, una potencia regional hace algo más de veinticinco siglos. De aquella época conserva todavía varias ruinas visitables, partes de sus recias murallas, algunas necrópolis. También una actividad que ha marcado su historia desde entonces: la extracción y trabajo del alabastro.

En la Edad Media y en el Renacimiento también fue Volterra plaza importante. En sus calles de trazado tortuoso se conservan iglesias, palacios, grandes casas nobiliarias del interior de las cuales aún se alzan algunas torres semejantes a las de la cercana San Gimignano. Y tiene también, desde sus 500 metros sobre el nivel del mar, fantásticos miradores a dos valles, el del Cecina y del Era.

San Gimignano
San Gimignano. Fuente

San Gimignano

Es el más conocido y el más visitado de los pueblos de la Toscana, gracias a su emplazamiento, sobreelevado en medio de un bonito paisaje típicamente toscano de colinas onduladas, a su urbanismo medieval perfectamente conservado y, sobre todo, a sus llamativas y abundantes torres, que le han otorgado el –nada original– sobrenombre de “la Manhattan medieval”. Hoy apenas quedan una decena pero entre los siglos XIV y XV las casas más pudientes de la ciudad se enfrascaron en una competición vertical –en esto el mundo no ha cambiado– y llegaron a levantar más de setenta. Imponente skyline.

San Gimignano es una auténtica meca turística, así que los amantes del turismo lento y de la tranquilidad preferirán visitarla en temporada baja, o bien ir en coche y poder quedarse más allá del atardecer, cuando se van los grandes grupos.