Acerca de Ruta Cultural

Esa forma de mirar afuera, a distancia, en otro lugar y poder así ver la realidad más allá del velo de los hábitos, de las costumbres. Paradójicamente es al mismo tiempo la mirada del turista, pero también, en última instancia, la mirada del filósofo (Ricardo Piglia, Respiración artificial).

En Ruta Cultural nos dedicamos a diseñar viajes culturales. Nos inspiramos en el buen turismo cultural, en el turismo creativo y en el turismo lento. Nos gusta diseñar itinerarios diferentes, temáticos, inspiradores. Huimos de los viajes “maratón”, donde lo único que importa es la acumulación de destinos y visitas a “grandes atractivos turísticos” (y el precio, siempre subrayado, siempre engañoso). Preferimos centrarnos en unos pocos lugares y conocerlos bien. Seleccionamos, para ello, buenos guías, que nos enseñen esos lugares sin simplificarlos ni vanalizarlos, que no tengan miedo en adentrarnos en su complejidad. Buscamos experiencias que sean auténticas, no sucedáneos. Prestamos mucha atención a los pequeños detalles, y privilegiamos, como norma, la calidad y la coherencia sobre la cantidad y la acumulación.

Los viajeros empiezan a darse cuenta de que tienen que elegir. Una semana en un pequeño pueblo de la Provenza puede decir mucho más sobre Francia que un día en siete de sus grandes capitales (Slow Travel Europe, Manifiesto por el turismo lento)

Procedemos del mundo de las humanidades, no del turismo. No pretendemos ser una agencia de viajes al uso. No nos dedicamos a vender billetes de avión o habitaciones de hotel (de hecho, creemos que en la era de booking, tripadvisor, kayak y ryanair cualquiera puede hacer eso por su cuenta: es más rápido, más cómodo, más barato y mejor para todos). Entendemos que lo que debe aportar el agente de viajes es conocimiento y experiencia: de los destinos con los que trabaja, pero también de los temas que intervienen en el viaje. Lamentablemente esto pasa muy poco: en España hay miles de agencias de viaje pero un vistazo a cualquier escaparate o sitio web enseguida evidencia que todas son la misma: los mismos circuitos, las mismas estancias, las mismas ofertas, la misma letra pequeña.

Estamos inundados de consejos que nos dicen dónde viajar, pero oímos poco sobre por qué y cómo hacerlo; y eso que el arte de viajar puede inspirar un número de preguntas no simples, ni triviales, y su estudio podría contribuir al entendimiento de lo que los filósofos griegos llamaban hermosamente eudaimonia, o “florecimiento humano” (Alain de Botton, El arte de viajar).

Viajar es una experiencia placentera y lo es por sí misma, más allá de los lugares que se visitan. Queremos recuperar eso. Eliminar colas, prisas, horas de autobús. Queremos viajar con tranquilidad y buen humor, y aprovechar la estancia en lugares especiales para aprender y crecer. Creemos que es el momento adecuado: que los fundamentos de la arquitectura gótica se aprenden mejor bajo una columna del siglo XIV; que la pincelada de Cézanne se capta con más fuerza cuando se observan con tranquilidad los paisajes que pintaba; que sobre el legado de las civilizaciones antiguas se charla mejor en unas ruinas bien conservadas y en compañía de expertos. Son estas experiencias las que buscamos, las que hacen que viajar y aprender conjuguen tan bien juntos.