El progreso de una sociedad se puede medir de muchas maneras, pero una de las más llamativas es con sus comunicaciones ferroviarias. Un Estado que financia la construcción de vías férreas es un Estado que mejora la red de intercambio de mercancías (y por tanto mejora la economía) y que hace el mapa más pequeño para sus ciudadanos. Con el ferrocarril se comunica a personas de lugares distantes y convierte sus tortuosos viajes de varios días en tranquilos trayectos con el constante pero agradable traqueteo del tren.

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Un tren llega a la estación central de Berlín Foto

El ferrocarril es un ejemplo de eterno progreso, tanto a mediados del XIX, como a principios del XX y en nuestros días los viajes en tren siguen avanzando al compás que dictan los avances tecnológicos. Las estaciones y las máquinas son el ejemplo visible de esto y, tanto hace un siglo como ahora, dejan sin habla al visitante. Una ciudad con una buena estación central es una ciudad que saluda con los brazos abiertos a los viajeros, los acompaña durante su estancia y al marchar les recuerda que siempre serán bienvenidos. Una estación de tren bien organizada y agradable deja un recuerdo imborrable en quien la pisa.

Una historia marcada por las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial

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La estación Lehrter Bahnhof en 1879 Foto

Sin embargo Berlín no tuvo una estructura ferroviaria a la altura durante buena parte del siglo pasado. Aunque el Imperio Alemán había invertido en una buena red de comunicaciones para su capital, con varias estaciones terminal y una línea soterrada llamada Stadtbahn (hoy usada por el metro), el progreso de la sociedad alemana, y especialmente la berlinesa, se vio truncada durante la Segunda Guerra Mundial.

La devastación de los bombardeos sobre Berlín, la separación en cuatro zonas y la construcción del muro estrangularon las articulaciones de lo que hasta entonces habían sido unas sanas comunicaciones. Los trayectos entre las dos partes de la capital separadas por el muro se redujeron al mínimo, y la única línea que mantuvo buena parte de su funcionamiento fue la Stadtbahn.

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“Atención pasajeros, última estación antes del sector soviético” Foto

Tras la caída del muro y la reunificación la capital alemana volvió a Berlín, que en 1989 no contaba con unas comunicaciones ferroviarias adecuadas ni siquiera a nivel urbano. La nueva Alemania necesitaba remodelar todo tipo de infraestructuras, como el Reichstag o la Puerta de Brandenburgo, pero necesitaba tender vías férreas, renovar las antiguas y levantar estaciones.

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La nueva estación en construcción Foto

Terminando el siglo XX se gesta la nueva estación que será inaugurada empezando el XXI

Un Estado había despertado tras décadas de letargo y uno de los medios para recuperarse estaba precisamente sobre los raíles. Y además de una espléndida red de carreteras estatales, la red ferroviaria germana era una de las necesidades más importantes. En Berlín proyectaron una nueva estación central que sustituyera el entramado anterior a la Segunda Guerra Mundial. La “Berlin-Hauptbahnhofestaba en marcha.

Para la nueva estación se escogió el lugar de la antigua Lehrter Bahnhof, que se mantuvo en funcionamiento hasta 2002. Junto al río Spree y sobre la antigua estación, el arquitecto alemán Meinhard von Gerkan del estudio de Gerkan, Marg & Partners, ganó el concurso para la nueva estructura. Un edificio de 70.000 metros cuadrados de acero y cristal con un tono añejo en la línea de las estaciones del XIX mezclado con lo más avanzado de nuestros días. La construcción comenzó en 1995 y se inauguró en 2006, a tiempo para el mundial de fútbol.

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La estación central de Berlín de noche Foto

Un edificio que une belleza, efectividad y respeto al medio ambiente

Este gigante de la arquitectura es la estación central más grande de la Unión Europea. Conecta diferentes barrios berlineses, las poblaciones de alrededor, Alemania y Europa. Es la arteria principal de la capital alemana y por tanto, uno de los principales nervios comunicadores del continente europeo. Los paneles solares del techo cubren cerca del 50% de la energía que necesita, mientras que la luz natural que pasa por los cristales resta la necesidad de iluminación artificial en gran parte del complejo.

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Parte de la bóveda de la estación Foto

Berlín es una ciudad de estaciones de tren y metro bonitas. Antiguas y modernas, usar el metro o el tren siempre es una experiencia agradable. Uno puede disfrutar de la mayoría de estas estructuras, pero ir a la estación central es como entrar a otro mundo. Mientras uno llega a bordo del transporte ve entrar y salir trenes en diferentes pisos en una perfecta coordinación que parece mágica.

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Acceso a la estación central de Berlín Foto

Frente a la apariencia rectilínea que tiene por fuera, la joya del edificio es la bóveda central de cristal y acero en curva que se asoma hasta el río Spree. Frente a su cara sur se puede distinguir la cúpula del Reichstag, y ver Berlín desde los cristales de la estación es algo que ningún visitante debería perderse, así como contemplar el ir y venir de los trenes.

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El cielo berlinés desde la estación Foto

Si para un Estado es esencial ofrecer a propios y extraños una oferta cultural tan impresionante como la de Berlín, entre la que se encuentran sus extraordinarios museos, lo es también restaurar y remodelar símbolos como la Puerta de Brandenburgo o el Reichstag, y desde luego es absolutamente necesario contar con una buena red ferroviaria. Sin duda, la Berlin-Hauptbahnhof es uno de los mayores logros de la Alemania moderna y uno de sus símbolos de progreso más destacados.