La prestigiosa editorial de viajes Lonely Planet la califica como “la iglesia más bonita de Bucarest”, y eso que la capital de Rumanía, especialmente en su centro histórico, cuenta con una pléyade de iglesias de primera magnitud.

Stavropoleos, en realidad, es diminuta, hasta el punto que cuesta entender cómo se puede condensar allí tanto arte y tanta belleza.

Su nombre es una derivación rumana del griego stauropolis, que significa “la ciudad de la cruz”.

La iglesia original data del año 1724, pero a finales del siglo XIX estaba en una condición tan lamentable que se llegó a proponer su demolición. Afortunadamente no se llegó a tanto: Ion Mincu, famoso arquitecto rumano que había estudiado en Francia y compartía las ideas de Violet-le-Duc (quien también inspiró la restauración de San Martín de Frómista), inició unas labores de restauración y reconstrucción que dieron como resultado la iglesia que conocemos hoy.

En el diminuto espacio adyacente a la iglesia, Mincu añadió un pequeño pero bellísimo patio, que a modo de claustro abierto por uno de sus lados –el que da a la calle– se integra armónicamente con el resto del edificio.

Stavropoleos, por fusion-of-horizons. Fuente
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Interior de Stavropoleos, por fusion-of-horizons. Fuente
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Patio de Stavropoleos, por fusion-of-horizons. Fuente
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Patio de Stavropoleos, por fusion-of-horizons. Fuente
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Patio de Stavropoleos, por fusion-of-horizons. Fuente
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Las ricas decoraciones talladas en piedra, que adornan tanto los pilares como los marcos de la ventanas, la finísima fachada, los coloridos murales exteriores son un testimonio impresionante de el estilo brâncovenesc que floreció el Rumanía en el siglo XVIII, una mezcla ecléctica con influencias renacentistas, barrocas, bizantinas e islámicas (durante su construcción Rumanía pertenecía políticamente al Imperio Otomano).

Junto a la iglesia permanece un edificio construido también a comienzos del siglo XX en que alberga una librería, una sala de conferencias y una rica colección de objetos eclesiásticos e iconos, así como murales y obras recuperadas de iglesias que fueron demolidas durante el régimen comunista.

Música

En las últimas décadas Stavropoleos se ha beneficiado del impulso del primer hieromonje de la iglesia del último siglo, Iustin Marchiş, y de una comunidad monástica que además de a la oración se ha dedicado a la restauración de libros antiguos, iconos y ropas.

La librería conserva 8000 libros de teología, arte, historia y música bizantina, y está en pleno proceso de digitalización.

Tiene también un coro conocido por sus cantos neo-bizantinos, así llamados por algunos especialistas en un simple intento de diferenciarlos de la música bizantina tradicional, que es la que ellos defienden estar cantando.

Son cantos para acompañar la oración y tienen una tradición casi milenaria, pues pertenecen a la tradición musical bizantina y ésta a su vez sentó sus bases sobre la griega.

El coro, o kliros, ha crecido notablemente desde 1992, en cantidad y en calidad, y desde 1994 se conoce agrupado como el Grupo Salmódico de Stavropoleos, que ha dado conciertos en Jerusalén, en Austria, Chipre, Francia, Polonia, Ucrania e incluso en los Estados Unidos y Japón.