“Cuando el sol brilla y perfila de oro las almenas, aún parece que se ven tremolar los estandartes y lanzar chispas de fuego los acerados almetes; cuando el crepúsculo baña las ruinas en un tinte violado y misterioso, aún parece que la brisa de la tarde murmura una canción gimiendo entre los ángulos de la torre de los trovadores, y en alguna gótica ventana, en cuyo alféizar se balancea al soplo del aire la campanilla azul de una enredadera silvestre, se cree ver asomarse un instante y desaparecer una forma blanca y ligera”. (Gustavo Adolfo Bécquer. Notas de un viaje por Navarra.)

La mirada sentida de Bécquer arranca, de un entonces ruinoso edificio, los ecos de vida de un lugar habitado por el lujo de una corte, que brilló con luz propia en la Europa Medieval, emergiendo poderoso entre el caserío de Olite que se puede contemplar desde los espectaculares miradores de sus torres.

Olite es una histórica villa navarra situada a orillas del rio Zidacos, a poco más de cuarenta kilómetros de Pamplona. Restos arqueológicos del siglo I. d.C. atestiguan la existencia de un fuerte amurallado donde más tarde se levantaría una ciudad medieval.

Caserío de Olite
Caserío de Olite

La primera referencia escrita sobre Olite la encontramos en la Historia de regibus gothorumsu de San Isidoro, donde el obispo de Sevilla, habla de la fundación de Oligicus u Ologite en el 621 por el rey godo Suintila.

Fue en la Baja Edad Media cuando Olite entró en una etapa de esplendor gracias a la elección de la ciudad como uno de los lugares preferidos por los reyes de Navarra. Metidos en el siglo XV Carlos III “el Noble” y su esposa Leonor de Trastámara, levantaron en la ciudad el Palacio Real de Navarra, conocido como el Castillo de Olite.

El Castillo de Olite, es un lujoso palacio medieval, que guarda un laberinto de murallas, torres y pináculos

La construcción del Palacio, que está dividido en dos partes; el Palacio Viejo, levantado por Sancho VII en el siglo XII sobre los cimientos de una fortificación romana, que hoy forma parte del Parador de Olite, y el Palacio Nuevo, que desde principios del siglo XV levantó Carlos III el Noble.

Castillo de Olite
Castillo de Olite

Hay un aparente desorden en la construcción del Palacio Nuevo, es su principal característica. Estancias, jardines y fosos, altas murallas rematadas por espléndidas torres se distribuyen sin orden ni concierto, diferenciándose claramente dos partes, el Palacio de la Reina, donde empezó todo, con una función más cortesana que defensiva. Surgió por iniciativa de la reina Leonor que comenzó a hacer realidad su sueño a partir de la capilla de San Jorge y de sus propios aposentos, situados junto a la iglesia de Santa María.

Detalle de la Galería de la Reina
Detalle de la Galería de la Reina. Fuente
Detalle de la Galería de la Reina
Detalle de la Galería de la Reina. Fuente
Jardines de la Reina
Jardines de la Reina. Fuente

Su esposo Carlos continuó la construcción en busca de poseer el palacio más grande y más lujoso del momento. Se cuenta que tenía tantas estancias como días del año. Los mejores arquitectos y artistas trabajaron para conseguirlo inspirándose en los grandes palacios y castillos de Francia, dejando para la historia de Navarra una construcción del gótico-civil que se encontraba entre las más importantes de Europa.

Interior del palacio
Interior del palacio. Fuente

Tres elementos que llaman la atención sobre los demás; los preciosos jardines colgantes, donde los monarcas cultivaban plantas traídas de todo el mundo, evocando los famosos jardines de Babilonia; la Torre del Homenaje con 40 metros de altura, que guarda en su corazón una bellísima escalera de caracol y desde la que se disfrutan vistas espectaculares, siendo la única concesión militar del palacio; y la Torre de los Cuatro Vientos, con sus tres hermosos miradores.

Palacio Nuevo. Galería del rey
Palacio Nuevo. Galería del rey
La Torre del Homenaje emerge entre el conjunto
La Torre del Homenaje emerge entre el conjunto

Un zoo y una nevera real

No faltó en el suntuoso palacio una buena representación de la fauna, tradición de las cortes europeas del momento, que el Príncipe de Viana, nieto de Carlos III, llevó a su punto álgido al incluir animales tan exóticos en estos lares como jirafas, leones, camellos y todo tipo de aves. Hoy se pueden ver en el Patio de la Pajarera los restos del aviario.

Para la conservación de los alimentos contaba el palacio con una nevera, en realidad un pozo de hielo que se puede ver desde la torre Ochavada conocido popularmente como “el huevo”. Se trata del lugar donde se almacenaban capas de nieve que era la forma de la época de tener un “frigorífico”. La tapa con forma de huevo cubre un pozo de unos ocho metros de profundidad.

La nevera real. El Huevo
La nevera real. “El Huevo”

Carlos III murió en Olite el 8 de septiembre de 1425, pero hasta el último año de su vida siguió interesado por las mejoras del Palacio. En junio había ordenado su último deseo: la construcción de una fuente por la que pagó 1.000 libras. El conjunto que edificó era magnífico: “seguro estoy que no hay rey que tenga palacio ni castillo más hermoso, de tantas habitaciones doradas (…). No se podría decir ni aun se podría siquiera imaginar cuán magnífico y suntuoso es dicho palacio”, contaba un viajero alemán años después de la muerte del rey Noble.

El Palacio y las vidas de Carlos de Viana y su hermana Blanca II

Carlos de Viana, era nieto de Carlos III, sus mejores años los vivió en este Palacio. Bajo la atenta mirada de su abuelo creció y fue educado entre sus muros, recibió una esmerada educación en la que alternaba la vida al aire libre practicando remo, caza y monta, con estudios literarios y política de estado. Fueron tiempos de fiestas, lecturas, música, excursiones y viajes por el Reino de Navarra. Era amante de la pintura, actividad que también practicaba. Esta etapa hizo de él un joven tranquilo y amante de la paz. En vida de su abuelo, se convirtió en heredero de la Corona Navarra y de él recibió el título de Príncipe de Viana.

A don Carlos se le atribuyen varias obras como “Crónica de Navarra”, “Tratado de los milagros del famoso Santuario de San Miguel de Excelsis”,y la “Epístola literaria” entre otros. Tradujo la “Etica” de Aristóteles, publicada en Zaragoza en 1502.

En el Castillo de Olite se casó con Inés de Clèves, quien falleció a los nueve años de casados sin tener descendencia. Tuvo algunos amores, varias amantes, y varios hijos ilegítimos, pero no se volvió a casar. Estuvo prometido a la que sería Isabel la Católica, pero al morir su madre, Blanca I y contraer nuevas nupcias su padre Juan II de Aragón, su suerte cambiaría para siempre.

Tuvo un hermanastro, el futuro Fernando el Católico, sobre el que su padre volcaría todo su interés. Juan encarceló a su hijo, con quien mantuvo una imposible relación por la disputa de los reinos, y Carlos murió poco después de los cuarenta años, enfermo y sólo. Dicen que pudo ser envenenado, pero la verdad es que tenía una naturaleza débil, con tendencia a la depresión y al parecer murió de tuberculosis.

El príncipe don Carlos de Viana. Museo_del_Prado
El príncipe don Carlos de Viana. Museo del Prado

En una de las salas del Museo del Prado, cuelga un cuadro de historia nacido de los pinceles de Jose Moreno Carbonero en 1881, titulado el Príncipe don Carlos de Viana. Cada pincelada de esta obra es un retrato sin palabras de la personalidad, la desolación y la angustia de éste príncipe sin paz.

No tuvo mejor suerte su hermana Blanca II de Navarra, a la que también rememoró Moreno Carbonero, que a la muerte de Carlos se convirtió en la heredera del trono, y para evitar que lo reclamara, fue encerrada en el castillo de Olite, desde donde fue trasladada al castillo de Orthez (Francia). Allí murió, al parecer envenenada. Juan II de Aragón ejerció de rey pero no de padre, con los hijos que tuvo con Blanca I de Navarra.

Blanca II de Navarra en su encierro en Olite. Museo del Prado
Blanca II de Navarra en su encierro en Olite. Museo del Prado Fuente

El Palacio resurge de sus cenizas

La incorporación de Navarra a la corona de Castilla en 1513 significó el comienzo de un decliveque llevaría las suntuosas salas del Palacio de Carlos el Noble al más absoluto desamparo. El silencio reinó en ellas, salvo en las contadas ocasiones en que fue habitado por alguna visita principesca o como morada de algún virrey representante del rey de Castilla en Navarra.

Fue cuartel general durante la Guerra de la Convención en 1794, sufriendo un incendio sin mayores consecuencias, pero en 1813 acabó siendo pasto de las llamas por orden del general Espoz y Mina para evitar que los franceses se hicieran fuertes en él. Las hermosas techumbres de madera ayudaron a que el incendio devorara tan magnífico edificio quedando como testigo sólo parte de los muros. Después, el saqueo de sus piedras fue constante.

Estado del Palacio en 1866
Estado del Palacio en 1866. Fuente

Desde el siglo XIX hubo un interés, por parte de algunos historiadores, de no dejar perder el hermoso símbolo navarro que representaban las nobles ruinas que a duras penas permanecían en pie. En 1913 la Diputación Foral de Navarra se hizo cargo de él, y a mediados del siglo XX se realizó una minuciosa restauración que reprodujo algunas zonas imprescindibles para conseguir una imagen lo más fiel posible a aquel noble Alcázar. Desgraciadamente se perdieron para siempre los ornamentos murales interiores, que a juzgar por los testimonios como el que referimos unas líneas antes, eran auténticas joyas.

Al mantenimiento del edificio colaboró de manera decisiva la construcción del Parador Nacional, y la adecuación del Palacio Nuevo como monumento visitable que se mantiene en la actualidad. La creación de la Institución Príncipe de Viana en 1940, cuya finalidad cultural implica entre otras actividades la restauración del patrimonio navarro, es otro puntal imprescindible para el mantenimiento de este importante edificio.

Una fiesta medieval que vuelve al pasado

Cada mes de agosto y solo durante dos días, Olite celebra su mercado medieval. La cita revive todos los veranos los años de esplendor del Palacio. Durante la fiesta, se venden todo tipo de productos artesanales y se organizan actividades que rememoran la Edad Media, recorren sus calles buhoneros, titiriteros y juglares.

Fiesta Medieval en Olite
Fiesta Medieval en Olite

Fantasmas en el Castillo de Olite

Atardecer en Olite
Atardecer en Olite

En la zona que hoy es el Parador Príncipe de Viana, vive una leyenda de un fantasma noble y medieval. “Se escuchan ruidos, lamentos y, sobre todo, melodías de otros tiempos que los espíritus que pueblan el castillo trasladan cada noche a su paseo por las torres y las salas, especialmente a la Galería Dorada”. Esto cuenta el periodista Felipe Alonso en ‘Leyendas de Paradores’. El libro recoge noventa y tres relatos ligados a los edificios de la Red Nacional de Paradores de Turismo.

Entre todos los espectros del palacio, está el del rey Carlos III el Noble, no lo iba a abandonar después de dedicarle tanto empeño, que acompañado de su león Marzot, pasea escuchando una música extraña. Según cuenta la leyenda, se tocaba en la época del rey empleando láminas de cobre que pendían de cadenas colgadas del techo y que vibraban con el viento.

A estos fantasmas se unen los que aparecen en la webserie The Becquer’s Guide. Es la primera webserie española de terror que sólo puede verse de noche y con un particular estilo de rodaje en el que ni siquiera los actores saben qué va a suceder. La serie se ha convertido ya en un referente en este género, y está rodada en el Castillo de Olite.

En Navarra con Ruta Cultural

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