El Conjunto de la Alhambra y el Generalife necesitaba para satisfacer sus necesidades funcionales la presencia del agua. Pero más allá de su utilidad en la vida diaria, el agua es en el mundo musulmán un requisito imprescindible que permite cumplir los preceptos religiosos en busca del estado de pureza. Procedente de desiertos y oasis, el musulmán busca habitar lugares donde ríos y arboledas le acerquen a la idea del Jardín Celestial. En la cultura islámica, al igual que en la mitología hebrea, el paraíso perdido es un jardín donde la naturaleza ofrece al hombre toda clase de bienes. El agua helada de Sierra Nevada y la fuente del cercano río Darro hicieron de la Sabika –o Colina de la Alhambra– el lugar ideal donde forjar un paisaje idílico.

Ingeniería y diseño se dieron la mano de manera magistral para crear imágenes cargadas de poesía y fantasías estéticas, donde la arquitectura no termina en el levantamiento mural, sino que continúa, sutil y delicada, sobre los espejos de agua en los que se unen el universo celeste y el terrenal. Gracias al agua, en la Alhambra se ramifica una insólita red en la que se funden los espacios interiores y exteriores, una suerte de unión espiritual entre arquitectura y naturaleza que recrea el soñado Paraiso del Corán.

En la imagen que reproducimos a continuación, una palmera, reflejada en los arcos del muro exterior, entra en el edificio para salir convertida en un elemento más del ornamento, y mirarse en las aguas quietas del estanque formando parte allí de un todo en el que se une con la cúpula celeste.

El espejo del Partal
El espejo del Partal. Fuente

El caserío granadino se asoma por los vanos del pórtico del Partal para dejarse mecer por la brisa que desdibuja juguetona las delicadas columnas que sustentan los arcos.

El espejo del Partal
El espejo del Partal. Fuente

Parte de la magia de estos espejos es lo efímero de sus composiciones. Para lograr el hechizo, el agua necesita la complicidad de la luz, del viento o de la lluvia. En el patio de los Arrayanes, la imagen proyectada a pleno sol en el estanque tiembla ligeramente desenfocando los atauriques y las loas a Alá, que parecen sostener la imponente Torre de Comares, la más grande de los Palacios de la Alhambra, que guarda tras sus muros el magnífico Salón de Embajadores o del Trono.

El tamaño del estanque, para nada casual, está medido para reflejar la arquitectura completa, utilizando la simbología del agua en la tradición islámica: abundancia, poder, riqueza y eternidad, subrayando así que tras los muros de la torre está presente en el Salón del Trono, símbolo supremo de la majestad del sultán.

Espejos de agua. Patio de los Arrayanes.
Espejos de agua.Patio de los Arrayanes. Fuente

Pero llegada la noche la brisa se marchó junto a la luz del día, que suplantada por focos artificiales se pierde un espectáculo único: un espejo nítido, dorado e inmóvil, que se adueña de esta arquitectura hecha de versos y encajes.

Espejos de agua
Espejos de agua. Fuente

La ingeniería hace tangible la unión de lo simbólico y lo real.

Detrás de todo este juego de luces y espejos hay un estudiado sitema hidráulico. El primer asentamiento en la Sabika fue una fortificación del siglo IX, en el mismo lugar en el que hoy está la Alcazaba. Los testimonios arqueológicos cuentan que el abastecimiento de agua se conseguía de manera manual, subiendo desde la puerta de las Compuertas (Bab al-Difaf) junto al río Darro, a través de una coracha (muralla), almacenándola en los aljibes. Este sistema se mantuvo hasta el siglo XIII.

El primer sultán nazarí, Muhammad I, procedente de Arjona (Jaén), elige Granada como capital del nuevo reino y decide construir su residencia y corte en la colina de la Alhambra, en una ubicación parecida a la Alcazaba de Jaén, hoy parte del Castillo de Santa Catalina.

Para satisfacer las necesidades de agua se diseña un sistema hidrahúlico a partir de 1238: un auténtico prodigio de ingeniería medieval. Se construye un azuz (presa) desde el Darro, que desvía el agua almacenada hacia una acequia (canal) excavada en la roca a media ladera, la Acequia Real. Desde esta acequia y su ramal, la Acequia del Tercio, el agua, en un recorrido descendente de aproximadamente 6 kilómetros, llega a la Alhambra. La Acequia del Tercio nutre el Albercón de las damas , depósito que garantiza el suministro de las huertas. Mientras la Acequia Real sigue y se extiende en una red de depósitos, aljibes, fuentes, albercas y pilares llevando el agua a los jardines, a la medina, a los palacios y a la Alcazaba.

Acueducto desde la Acequia Real
Acueducto desde la Acequia Real. Fuente
Acequia
Acequia. Fuente

La danza del agua en la Alhambra

Gracias a ese estudiado sistema hidráulico el agua del Darro, que entra por la huerta Real (Generalife), protagoniza un juego de saltos y remansos conformando una estudiada coreografía de movimientos y sonidos, capaz de estimular nuestros sentidos.

Al abandonar los espacios agrestes de las acequias el agua entra en el Patio de la Sultana a través de un pequeño canal, y desde el remanso de los estanques salta por los surtidores para caer de nuevo, ocultarse y subir hasta la taza del centro, llenarla y volver a caer perdiéndose definitivamente. Esta danza se repite en escenarios distintos por toda la Alhambra.

Patio del Ciprés de la Sultana.
Patio del Ciprés de la Sultana. Fuente

Este patio, conocido también como el del Ciprés de la Sultana, guarda un secreto convertido en leyenda sobre los amores de Morayma, esposa y único amor de Boabdil, con un apuesto caballero de la saga de los Abencerrajes, que trajo la desgracia a esta saga, pues fueron decapitados en la sala que lleva su nombre en el Patio de los Leones. Como leyenda sin mucho fundamento la traemos, pues la historia de amor entre Morayma y Boabdil si se refleja en los documentos, aunque historia es también el largo tiempo que vivieron separados a causa de las guerras. Nosotros por si acaso, os contamos que existe la costumbre de pasar la mano por lo que queda del ciprés, para pedirle un encuentro con un amor apasionado.

 Generalife
Saltando en el aire. Fuente
De nuevo un remanso
De nuevo un remanso. Fuente
Volviendo a la danza
Volviendo a la danza. Fuente

Desde lo más alto del Generalife podemos escuchar el agua en la Alhambra al descender por la Escalera del Agua, un rincón lleno de magia. Bajo una bóveda de laureles encontramos en las mesetas intermedias de la bajada, fuentes a ras de suelo con surtidores, mientras dos canales de tejas vidriadas en sus laterales, como una suerte de pasamanos, encauzan el alegre descenso del agua del Darro. El sonido de esta escalera es un recuerdo evocador en las noches de insomnio.

Escalera del agua
Escalera del agua. Fuente
Escalera del agua
Escalera del agua. Fuente

Hay muchas leyendas en la Alhambra, pero hay una referente a esta escalera que dice que si metes la mano en la última fuente circular y pides un deseo…te será concedido. Volver es más que un deseo, una súplica. Si al visitarla cuesta decirle adiós, entenderemos las lágrimas de Boabdil como las entendió Borges que le dejó en el aire un poema titulado Alhambra, publicado en su libro Historia de la noche en 1977:

Grata la voz del agua / a quien abrumaron negras arenas / grato a la mano cóncava / el mármol circular de la columna / gratos los finos laberintos del agua / entre los limoneros / grata la música del zéjel / grato el amor y grata la plegaria / dirigida a un Dios que está solo / grato el jazmín/Vano el alfanje / ante las largas lanzas de los muchos / vano ser el mejor/Grato sentir o presentir, rey doliente / que tus dulzuras son adioses / que te será negada la llav / que la cruz del infiel borrará la luna / que la tarde que miras es la última.

El agua como artífice de este museo vivo de fuentes y jardines

El paisaje de la Alhambra está envuelto en un bosque y una amplia variedad de jardines que se comenzaron a añadir a los nazaríes a partir del siglo XIII, y han seguido creciendo y transformándose hasta la actualidad.

A pesar de esos cambios en el Generalife, una almunia de recreo para la familia real nazarí, se encuentran los jardines ornamentales más antiguos del planeta, nos referimos al Patio de la Acequia que se ha mantenido vivo desde el siglo XIII. Del siglo XIV es el monumental Patio de los Arrayanes cuyos reflejos especulares vimos al principio, conservado con la misma estructura y el mismo sistema vegetal con el que fue creado; el mirto o arrayán podado en forma de mesa, tal cual lo vemos ahora. Esta estructura llamada tripartita, está compuesta por una superficie de agua y dos de vegetación, y la encontramos repetida en otros patios del conjunto.

Patio de la Acequia Generalife
Patio de la Acequia Generalife. Fuente

Además de los jardines medievales se añadieron otros por los sucesivos habitantes a lo largo de los siglos; manieristas como el de los Adarves, románticos como el de Lindaraja, al que nos asomamos en ruta desde el mirador al que debe su nombre, o los que hizo Torres Balbás en el Partal, en el siglo XX.

Lindaraja
Lindaraja. Fuente
Fuente rehundida.
Fuente rehundida.. Fuente

Hemos visto fuentes o pilas a ras de suelo, rehundidas, elevadas, gallonadas simulando las olas del mar; la de Lindaraja es de este último tipo y está ricamente decorada. En su borde hay tallado un poema de Ibn Zamrak, cuya exquisita sensibilidad la describe como la más bella de Oriente y Occidente, os dejamos un fragmento que lo explica todo:

…Yo soy un orbe de agua que se muestra a las criaturas diáfano y transparente / un gran Océano cuyas riberas son labores selectas de mármol escogido / y cuyas aguas, en forma de perlas, corren sobre un inmenso hielo primorosamente labrado/ Me llega a inundar el agua, pero yo, de tiempo en tiempo/voy desprendiéndome del transparente velo con que me cubre /…Pero, cuando mana con mucha abundancia, somos sólo comparables a un cielo tachonado / de estrellas…

Fuente de la Lindaraja, inspiración de Washington Irving en sus famosos Cuentos de la Alhambra
Jardin. Fuente de la Lindaraja, inspiración de Washington Irving en sus famosos Cuentos de la Alhambra

Pero sin duda es la fuente de los Leones, en el patio central del palacio del Riyad que construyó Muhammmad V, la más admirada y original. La gran taza dodecagonal que se apoya en las figuras de doce leones distribuidos en círculo, forma parte de un conjunto hidráulico al que se suman otras diez fuentes secundarias, y dos canales perpendiculares que entran y salen de las estancias porticadas y las salas interiores, para confluir de nuevo bajo la fuente principal, haciendo así un circuito cerrado donde el agua fluye en un ir y venir de gran efectismo visual.

Patio de los Leones
Patio de los Leones. Fuente

De la belleza del rincón y las sensaciones que despierta da fe otro poema de Ibn Zamrak, una de las voces más exquisitas que cubren la Alhambra, inscrito en la bellísma taza, del que os dejamos un fragmento:

…Plata fundida corre entre las perlas/a las que semeja belleza alba y pura / En apariencia, agua y mármol parecen confundirse / sin que sepamos cuál de ambos se desliza / ¿No ves cómo el agua se derrama en la taza / pero sus caños la esconden enseguida?/ Es un amante cuyos párpados rebosan de lágrimas, lágrimas que esconde por miedo a un delator / ¿No es, en realidad, cual blanca nube que vierte en los leones sus acequias / y parece la mano del califa, que, de mañana, prodiga a los leones de la guerra sus favores?…

Patio de los Leones
Patio de los Leones. Fuente

Con el paso del tiempo y ya en manos de otra cultura, la cristiana, en la ciudad palatina se siguieron construyendo rincones para dejar hablar al agua. Uno de los más bellos es el conocido como Pilar de Carlos V, que encontramos junto a la Puerta de la Justicia. Obra maestra del Renacimiento granadino. Su decoración se acerca a la poesía a través de mitológicas representaciones de los ríos de Granada, o de las estaciones del año, según quien los interprete. De eso hablan los mascarones de los que brotan los chorros, junto a las armas de Borgoña y Lorena, y a la simbólica granada que pasó a formar parte del escudo real en 1492. Angelotes como surtidores flanquean el escudo imperial que corona el conjunto. En varios tondos que aparecen en el muro, vemos una de las hazañas de Hércules, y a Dafne perseguida por Apolo o a las hermanas Frixo y Hele y al mismísimo Aljeandro Magno. Otra forma de enaltecer la vida y el poder.

Pilar de Carlos V
Pilar de Carlos V. Fuente

Los baños

Cerramos este paseo por los caminos del agua alhambreña asomándonos a los baños. Había numerosos hamamat repartidos por la medina, las almunias y los palacios, baños públicos en la Alcazaba o junto a la mezquita mayor, para los soldados y para los cortesanos. A éstos hay que añadir los numerosos baños privados en las residencias como parte esencial de las mismas. De la época de Yusuf I, es el baño del palacio de Comares del que se conservan vestigios imortantes.

Sala caliente del baño de Comares
Baño de Comares. Fuente

El hamman árabe toma su estructura de las termas romanas y tiene cinco valores o usos, siendo el básico el higiénico. A este hay que añadir el ritual de purificación que hacen los creyentes después las grandes festividades, como el final del Ramadán. Otro uso es el terapéutico a través de la hidroterapia. Un cuarto es la busqueda del placer corporal. El poeta Ibn Baqi compara la sensación que produce el contraste del frío y el calor en el recorrido del hamman, con la voluptuosidad del acto sexual. Y por último como lugar de reunión donde se charlaba de política o de temas cotidianos. Separado por horarios el uso del baño para hombres y mujeres, fue para ellas uno de los pocos lugares públicos de reunión y libertad.

Desde Ruta Cultural volveremos a la Alhambra, para recorrerla por otros senderos, mientras dejamos aquí un saludo de José Zorrilla a la ciudad de Granada, la dueña que la habita:

Salve, oh Ciudad en donde el alba nace y en donde el Sol poniente se reclina, donde la niebla en perlas se deshace, y las perlas en agua cristalina: donde la Gloria entre laureles yace, y cuya inmensa antorcha te ilumina.