Es habitual pensar que las playas más espectaculares del mundo están a miles de kilómetros de casa. Que disfrutar de un agua cristalina y un entorno natural inigualable solo es posible cogiendo un avión y trasladándonos hasta diferentes puntos del océano Pacífico e Índico. Nada más lejos de la realidad. En España contamos con una gran cantidad de playas y calas de primera categoría. Las más acordes con el imaginario popular de “paradisíaco” se encuentran en la zona del mediterráneo, pero en el Norte también podemos encontrar parajes naturales que quitan el hipo. Galicia, a la que popularmente sus habitantes se refieren como “Galifornia” por su parecido con la costa americana, cuenta en su haber con varios archipiélagos que se conforman como una especie de Caribe gallego. Todos ellos forman el Parque Nacional de las Islas Atlánticas de Galicia desde el año 2002 y son el único parque nacional de la comunidad.

El archipiélago de Cíes es el más conocido y el más famoso. Este archipiélago está formado por las islas de Faro, San Martiño y Monteagudo, además de por los islotes de Penelas dos Viños, Carabelos, Ruzo, Boeiro y Agoreira. Su superficie es de más de 3000 hectáreas, aunque de todas ellas solo 433 son terrestres. El archipiélago pertenece al concello de Vigo y presenta una diferencia abismal entre sus dos caras. Así, la que está orientada al océano, destaca por sus irregulares acantilados que cuentan con más de 150 metros de altura y diferentes furnas mientras que la cara Este, la que se encuentra enfrente a la ría de Vigo, destaca por sus playas y arenales.

Acantilado en Cíes
Acantilado en Cíes

Entre todas ellas destaca la Playa de Rodas, la más grande de Cíes y calificada en 2007 como la mejor playa del mundo por el diario británico The Guardian. Su fina arena blanca y su espectacular agua cristalina, acompañados por la sensación de aislamiento de la isla, no tienen nada que envidiarle a las mejores playas de Bora Bora. Eso sí, en este caso la temperatura del agua es muy fría, rondando los 16/18°C. Además, hay que tener especial cuidado a la hora de bañarse porque pese a que el agua pueda parecer de lo más paradisiaca también cuenta con sus peligros. Al ser una isla, la profundidad del agua no aumenta de manera paulatina sino que lo hace de golpe; así, uno puede dar un paso y que el agua le dé por la cintura y dar otra y que el agua le cubra por completo. Además, al ser una playa a mar abierto las corrientes son fuertes y rápidas, por lo que es importante extremar la precaución para evitar cualquier tipo de susto en este sentido.

Además de su espectacular playa, Cíes también cuenta con una fauna y una vegetación espectaculares. De hecho, cuenta con un lago en el que se encuentra una pradera subacuática de zostera que sirve como lugar de cría para diferentes animales acuáticos. Existen, además, diversas colonias de aves marinas de gran importancia a nivel mundial como lo son las colonias del cuervo marino cristado y la gaviota patiamarilla. Éstas últimas se convierten en más de una ocasión en auténticos enemigos de los turistas al ser expertas ladronas de comida. En cuanto a la vegetación, los eucaliptos y los pinos conforman la cuarta parte de la isla, con presencia de otras especies como la camariña o los toxos.

El archipiélago es accesible a los visitantes durante todo el año, pero solo en los meses de verano, los fines de semana de mayo y durante semana santa existe el traslado comercial a Cíes. Durante el resto de meses se necesita de una embarcación privada para acercarse hasta esta maravilla de paisaje, eso sí, se debe contar con un permiso de navegación y un permiso de fondeo previo. El acceso comercial puede realizarse desde los puertos de Baiona, Vigo o Cangas. Además, la isla cuenta con un campin abierto durante los meses de verano.

Isla de Ons vista desde Caniveliñas
Isla de Ons vista desde Caniveliñas

El archipiélago de Ons es mucho menos turístico que el de Cíes, por lo que su paisaje es más virgen y salvaje. Las primeras menciones a este archipiélago se recogen en el año 899, fecha de la que data un escrito en el que rey Alfonso III dona la isla al por aquel entonces obispo de la ciudad de Santiago de Compostela. En manos del Cabildo permanecerá hasta el siglo XVI, cuando los nobles Montenegro se harán con su propiedad. Es en esta época cuando la isla se vio azotada por uno de los mayores peligros de altamar de los siglos XVI y XVII: la piratería. Hasta la isla llegó Francis Drake, provocando la huida de todos los isleños a tierra firme. La vida de este personaje siempre ha levantado una gran controversia, ya que en España siempre se le ha considerado como un pirata mientras que en Inglaterra ejercía de corsario y se le atribuía el reconocimiento de héroe. La diferencia entre uno y otro no dista demasiado, piratas y corsarios se pasaban la vida en el mar, largas temporadas en las que combinan diferentes actividades de ocio en las cubiertas de los barcos, como los juegos de los dados o el blackjack, presente ya desde hace más de seis siglos, con el abordaje a otros navíos. La diferencia radica en que mientras la actividad de los piratas era ilegal, la de los corsarios estaba al amparo de las leyes, ya que recibían una patente de corso de las autoridades pertinentes que les permitía llevar a cabo el saqueo de los barcos.

Años más tarde la titularidad del archipiélago pasaría a manos de los Valladares y los Riobó, pasando a manos de la administración durante la década de los 30 y 40. Fue en 1982 cuando finalmente la isla fue a parar a la Xunta de Galicia, aunque aún a día de hoy siguen existiendo ciertas complejidades en cuanto su titularidad

Propiedad legítima o no de la Xunta, este archipiélago está formado por las islas de Ons, Onza y el islote de Freitosas. La isla de Ons es la más importante de todas ellas y fue la única que fue habitada, alcanzando una población de más de 500 personas durante los años 50. Sin embargo, la difícil vida en la isla unida a las pocas posibilidades laborales que ofrecía provocó que en menos de 20 años este número se redujese de manera drástica. Con todo, aún a día de hoy Ons es la única isla del archipiélago que está habitada. Los vecinos de la isla suelen ser estacionales pero hay un par de ellos que permanecen en la isla durante todo el año. Los núcleos de población son nueve pueblos: O Curro, O Caño, O Cucorno, O Laverco, O Centolo, Melide, Canexol y A Chan da Pólvora.  Todas ellos se encuentran juntos, salvo O Centolo y Melide, ubicados en la zona más septentrional de la isla, de camino al faro.

La presencia de estos núcleos de población hace que la visita a Ons sea más “hogareña” que en la de Cíes. Así, mientras en Cíes podemos disfrutar de playas espectaculares y una simbiosis perfecta entre naturaleza y paraíso, Ons nos ofrece una estampa más rural, en la que se puede palpar la existencia de una cultura y una tradición dejada por las gentes que allí vivieron. Así, durante nuestra visita nos encontraremos con los hórreos típicos de Galicia, destinados a almacenar el grano para salvaguardarlo de los inviernos húmedos de la zona, así como los restos de diferentes castros como el de Castelo dos Mouros, situado en Canexol y el de A Cova da Loba, en la zona norte de la isla.

O Buraco do Inferno
O Buraco do Inferno

Entre los puntos imprescindibles que visitar en la zona, además de sus playas, se encuentra el Faro, todavía hoy en fruncimiento de la mano de un farero, y el Buraco do Inferno, una sima de más de 50 metros de profundidad sobre la que circulan cientos de leyendas. Se dice que el ruido que se genera al chocar el agua en sus profundidades no es otra cosa que los lamentos de las almas que vagan entre este mundo y el del más allá, buscando expiar sus culpas y pecados y por fin descansar en paz. Lamentos o no, lo cierto es que una visita nocturna al Buraco do Inferno le pondrá los pelos de punta a más de uno.

Al igual que Cíes, el archipiélago puede visitarse durante todo el año, aunque el transporte marítimo de carácter público solo funciona durante los meses de verano, fines de semana de mayo y semana santa. La isla de Ons también cuenta con un camping, mucho más lujoso que el de Cíes pues ha sido abierto hace apenas dos años, y con varias rutas guiadas.

Archipiélago de Sálvora
Archipiélago de Sálvora

Los archipiélagos de Sálvora y Cortegada completan el Parque Nacional de las Islas Atlánticas de Galicia y son, quizás, los menos conocidos y los menos turísticos. El primero está conformado por la isla de Sálvora y los islotes de Vionta, Con de Noro, Herbosa, Rúa, Las Sagres, Forcadiñas, Gaboteira e Insuabela. Por el momento solo existe la posibilidad de visitar la isla de manera guiada o de manera privada, con embarcación propia. De especial mención es la visita a lo que queda de la fábrica de salazón y secado de pescado puesta en marcha en 1770 siendo la primera de estas características de toda la comunidad.

Cortegada, por su parte, está formado por la Isla de Cortegada, Malveira Grande y Chica, Briñas y el islote do Cón. Su proximidad a la costa y su relieve plano la diferencian del resto de islas del Parque. Además, su carácter estuárico y sus fondos recubiertos de arena, al no estar tan sometidos a la erosión marina, hacen de este archipiélago un  lugar escogido por los habitantes de la zona para el cultivo de la almeja. Al igual que Sálvora, la visita a este archipiélago tan solo puede realizarse a través de un barco privado aunque la isla de Cortegada cuenta con varias rutas perfectamente señalizadas, como las rutas circulares de la isla.

Además de estos archipiélagos, existen diferentes islas que esperan ser incluidas en el Parque Nacional de las Islas Atlánticas de Galicia en los próximos años. Tal es el caso de las Islas Sisargas, en la Costa da Morte, y la Isla de Tambo, en la Ría de Pontevedra. Además, este mayo la Xunta de Galicia iniciaba los trámites para que el Parque pase a ser declarado como Patrimonio de la Humanidad de la Unesco en la categoría de bien natural. Sin duda, un reconocimiento bien merecido para este paraje natural de increíble belleza.

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