Las Líneas marítimas de Litoral

Viernes 22 de febrero de 2013. Guardado en: , , , .

Páginas de Líneas marítimasLa revista Litoral nació en Málaga en 1926, de la mano de Emilio Prados y Manuel Altolaguirre, y durante los años que siguieron a su fundación publicaron en sus páginas poetas y artistas como Federico García Lorca, José Bergamín, Jorge Guillén, Gerardo Diego, Rafael Alberti, Luis Cernuda, Ramón Gómez de la Serna, Juan Gris, Pablo Picasso o Salvador Dalí; incluso músicos como Manuel de Falla.

Litoral era más que una revista, era un grupo de artistas que manifestaban sus comunes ideales estéticos en una ciudad hasta entonces sin una tradición poética y artística de repercusión.

En 1944, en México, la revista renació por voluntad, de nuevo, de Prados y Altolaguirre, ahora exiliados, y volvió a ser algo más que una revista: un símbolo de la memoria de una generación rota por la guerra. Fueron años difíciles para la cultura española, pero Litoral sobrevivió hasta que, en 1968, pudo volver a su Málaga natal de la mano de José María Amado, y publicarse ya de forma ininterrumpida.

En todos esos años por Litoral han pasado innumerables poetas y pintores, de forma monográfica o, últimamente, en exquisitos números temáticos, como los que exploraron La poesía y el jazz, Escribir la luz, El vino o Humo en el Cuerpo.

Líneas Marítimas, portadaSu último número acaba de publicarse, se llama Líneas marítimas y habla de los barcos.

Dice Lorenzo Saval en el editorial:

La vocación marinera es la seña de identidad más representativa de Litoral, como lo cantan su nombre y lugar de nacimiento. El pez saltarín, obra de Manuel Ángeles Ortiz, que ilustró la cubierta del primer número se ha convertido en el emblema de la revista. La imprenta Sur donde se editaba «tenía forma de barco, con sus barandas, salvavidas, faroles, vigas de azul y blanco, cartas marinas, cajas de galletas y vino para los naufragios.

Líneas marítimas viene a completar otros dos números temáticos que tuvieron como protagonistas el mar (La poesía del mar, 2001) y el viaje (Pasajeros, 2000), y lo componen buques y marineros, grúas y astilleros, astrolabios y brújulas, transatlánticos y veleros, mascarones de proa, carteles que invitan al viaje y abrazos de despedida.

William Conor, Men of Iron, 1922.
William Conor, Men of Iron, 1922.

El amor que se profesa a los barcos es profundamente distinto del que los hombres sienten por cualquier otra obra salida de sus manos –del amor que, por ejemplo, tienen a sus casas–, porque no está manchado por el orgullo de la posesión.

(Joseph Conrad)

No falta la poesía:

Rosa de los vientos

¡Rosa de los vientos!

(Metamorfosis
del punto negro.)

¡Rosa de los vientos!

(Punto florecido,
punto abierto.)

(Federico García Lorca).

 

Salida del Americo Vespucci, 1963.
Salida del Americo Vespucci, 1963.

Yo soy como el viajero
que llega a un puerto y no lo espera nadie:
soy el viajero tímido que pasa
entre abrazos ajenos y sonrisas
que no son para él…
Como el viajero solo
que se alza el cuello del abrigo
en el gran muelle frío…

(Dulce María Loinaz)

Ni las experiencias viajeras de famosos escritores:

Normandie. Casasandre, 1935.

Siendo el Great Eastern no sólo una máquina de navegar, sino un microcosmos, pues lleva un mundo en sus entrañas, no tiene nada de extraño que en él se encuentren, como en otro teatro más vasto, todos los instintos, todas las pasiones, y también todo el ridículos de los seres humanos.
(Julio Verne. Una ciudad flotante, 1871.)

Un barco es exactamente una pequeña aldea donde abundan las habladurías y donde el vecino se mete en todos tus asuntos.
(Mark Twain).

La vida a bordo de un barco de vapor rompe con cualquier condición física y moral de la vida saludable, excepto el aire fresco. Consiste en beber, holgazanear, jugar, una vida de perro. La única alternativa a la excitación es la irritabilidad.
(George Bernard Shaw).

El viaje por mar ha sido prodigioso. El transatlántico tenía 46.567 toneladas, y la mar no se ha movido en los seis días. Han sido seis días de sanatorio, y me he puesto como a mí me gusta estar, negro negrito de Angola. La vida del barco es alegre y todo el mundo toma gran confianza.
(Federico García Lorca, 1929).

Ni las reflexiones en torno a la navegación:

Hay un antiguo adagio atribuido a Platón que divide en tres escalas de valores a los seres humanos: los vivos, los muertos y los navegantes. Es una apreciación excesiva, pero no seré yo quien desmienta al que la acuñó, como tampoco diré nada en contra de la extremada sentencia de Plutarco: “Navegar es necesario, vivir no lo es”, tan aprovechada luego por los divulgadores del pensamiento romántico. Lo digo porque todo aquel que decide, ya sea en un repente fervoroso o después de una meditada elección, mantener unas relaciones más o menos estables con la mar, tiende también a desentenderse de ciertas pautas convencionales de la vida cotidiana.
(José Manuel Caballero Bonald).

Las páginas de estas Líneas marítimas –que se pueden hojear en internet– vienen bañadas por la exquisitez editorial que es seña de la revista, la que sólo se produce cuando diseño y contenido se cuidan al detalle. Son como los florilegia medievales, una “reunión de flores”, un gozoso jardín de ideas que empuja a leer y a viajar.