La mejor forma de entrar en Amberes es en tren. Además de disfrutar de un placentero viaje en ferrocarril, uno conoce nada más bajar al andén una de las joyas de la ciudad: la estación de Amberes-Central. Es una de esas estructuras del siglo XIX que todavía no se ha podido superar; no hay estaciones de tren tan bellas como estas.

Al salir de la estación ya se nota la humedad y un leve aroma marítimo. Aunque no es una ciudad costera el mar está a muy pocos kilómetros, y el gran puerto comercial hace pensar que estamos a dos pasos de la playa. Amberes es una de las mayores ciudades portuarias de Europa, y su muelle, en la desembocadura del Escalda, ha sido de vital importancia durante siglos.

La estación Amberes CentralFoto.
La estación Amberes CentralFoto.

Ya cuando Flandes pertenecía a la Monarquía Hispánica, la ciudad era esencial para el flujo comercial de los reyes españoles. Tan importante era dominar el Nuevo Mundo y poder traer a Europa la plata y el oro, como mantener seguro el puerto de Amberes y la bolsa de Bruselas.

Cerca de la estación central está la casa de Rubens. La buena fortuna de la ciudad llamaba la atención de todo tipo de personajes, haciendo que por Amberes pasara el dinero, y se quedara buena parte de él. La Rubenshuis, donde el pintor pasó los últimos 29 años de su vida, es visitable y es uno de los puntos de interés más destacados de la ciudad.

La casa de Rubens Foto.
La casa de Rubens Foto.

No lejos de allí, está la catedral gótica que resalta sobre casi todos los edificios de Amberes. Está rodeada de callejuelas repletas de bares donde se puede degustar la Triple d’Anvers, una cerveza de receta local. A solo unos pasos, la estatua Silvio Brabo domina la plaza del mercado (Grote Markt). Según cuenta la leyenda, Silvio fue un centurión romano que cortó la mano al gigante que cobraba un peaje en el río Escalda. De ahí su nombre, porque Ant-werpen (Amberes en neerlandés) significa mano-lanzar.

Plaza del mercado de Amberes, con la estatua de Silvio Brabo Foto.
Plaza del mercado de Amberes, con la estatua de Silvio Brabo Foto.

Existiera o no tal gigante, lo cierto es que en el enorme río Escalda bien podrían refugiarse varios de ellos. Una de las curiosidades de la ciudad se encuentra bajo el río. No muy lejos del casco antiguo hay un túnel peatonal para cruzar a la otra parte de Amberes. Al salir a la superficie tras medio kilómetro andando bajo tierra, uno ve un paseo fluvial con mirador. Desde allí se ve el skylane de la ciudad al otro lado de un Escalda que parece, y es, inmenso.

Más allá de la historia, su importancia estratégica y algunos edificios esenciales del centro, Amberes tiene varios museos de obligada visita. En el Plantin-Moretus se expone todo el proceso de una de las imprentas más ilustres de la ciudad. El museo está en la casa-taller de Christoffel Plantijn, quien fundó la imprenta en el siglo XVI, y de Jan Moretus, yerno del anterior que heredó la propiedad.

El centro de Amberes desde el paseo del Escalda Foto.
El centro de Amberes desde el paseo del Escalda Foto.

De impresiones cartográficas Amberes no solo es experta, también es pionera. Abraham Ortelius, natural de la ciudad, editó los primeros mapas impresos en planchas de bronce. Aunque quizás es más conocido por el Theatrum Orbis Terrarum, considerado el primer atlas moderno. Ortelius lo editó en 1570, en su ciudad natal.

Siguiendo la senda de los museos, otro edificio que merece el paseo, ya que está algo alejado del centro, es el MAS. Es una estructura muy peculiar de 60 metros de altura, que contiene objetos que hablan sobre la cultura y la historia de Amberes. Además del museo, se puede visitar de manera gratuita su mirador, desde donde hay otro ángulo del skyline de la ciudad.

El museo MAS de Amberes
El museo MAS de Amberes. Foto.

Una visita a Amberes no está completa sin contemplar las obras de alguno de los grandes pintores flamencos, como Rubens o Brueghel el Viejo. En la casa museo de Nicolas Rockox, un importante mecenas (lo fue de Rubens) del XVI, se exponen algunas obras del famoso pintor. Pero tampoco puede uno marcharse sin ir al museo Mayer van den Bergh, donde podremos ver obras de Brueghel el Viejo.

Amberes es una ciudad moderna pero antigua. Conserva la línea de las casas flamencas hasta en las construcciones más recientes, y se puede ver un claro patrón desde las casas más lujosas y antiguas de la plaza del mercado hasta los barrios de estudiantes. Es la seña de una ciudad que ha sabido aprovechar sus fortalezas y mantener, gracias a ello, su espíritu. Y es, sin duda, un lugar que merece la pena visitar.

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